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Aplicacion del modelo de competencias: Experiencia en algunas empresas chilenas
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Enviado por Ignacio Fernández Reyes y Otro Autor
Código ISPN de la Publicación: EpyZVVkyZAEntFpdbM
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| Resumen: Del alineamiento organizacional al enfoque conductual. La doble contingencia organizacional, relacion entre persona y sistema. La obtencion de resultados como condicionante organizacional. El enfoque conductual como respuesta natural a estas necesidades. El Modelo de Competencias. Impacto en el ciclo de gestion de recursos humanos. Seleccion de la muestra. Conclusiones de la aplicacion del modelo de competencias en empresas chilenas. |
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Índice
Índice
1. Introducción
2. Del alineamiento organizacional al enfoque conductual
3. La doble contingencia organizacional, relación entre persona y
sistema.
4. La obtención de resultados como condicionante organizacional.
5. El enfoque conductual como respuesta natural a estas necesidades
6. El Modelo de Competencias
7. Impacto en el ciclo de gestión de recursos humanos.
8. Selección de la muestra
9. Conclusiones de la aplicación del modelo de competencias en empresas
chilenas
10. Consideraciones finales.
11. Referencias
1. Introducción
El
modelo de competencias ha tenido un auge
importante en las empresas chilenas
durante los últimos años. A diferencia de muchos enfoques generalistas
tradicionales, este enfoque es eminentemente práctico y conductual, lo que lo
hace altamente operativo y centrado directamente en los resultados del negocio a
nivel de las personas, necesidad fundamental para cualquier empresa actual.
El presente artículo recoge lo que ha sido nuestra experiencia de estos años
en el ámbito de la asesoría a empresas en el diseño y la aplicación práctica
del modelo de competencias.
A continuación presentamos una revisión del modelo de competencias, partiendo
desde sus fundamentos conceptuales más generales, su descripción como
herramienta e impacto en la gestión de recursos humanos, pasando por la
metodología práctica de su implementación y finalizando con algunas
apreciaciones sobre su aplicación en empresas chilenas.
2. Del alineamiento organizacional al enfoque conductual
La
organización como sistema decisional.
Toda empresa u organización, en tanto es una estructuración de elementos
organizados con alguna finalidad concreta, puede ser entendida como un sistema.
Por tal razón, podemos aplicar el modelo de la teoría general de sistemas como
un mecanismo descriptivo útil para poder analizarla.
Lo que caracteriza el funcionamiento de una organización es la toma de
decisiones coordinadas en pro de cierta finalidad particular, por lo que podemos
decir que toda organización es un tipo especial de sistema, un sistema
decisional. Dado que las decisiones son un tipo especial de comunicaciones, su
existencia está condicionada a la presencia de personas que puedan generar
dichas comunicaciones. De este modo, las personas
conforman el soporte básico y el elemento más tangible de cualquier organización,
por lo que no es casual que nos resulte más fácil comprender una organización
como un sistema de personas más que como lo que realmente es: un sistema de
decisiones (Rodríguez, 2001).
Es importante hacer esta distinción puesto que el hecho de que una persona
forme parte de la realidad física de una organización - interactuando con
otras personas, usando herramientas y materiales
u operando maquinaria y equipos dentro de ella - no garantiza que esté tomando
decisiones adecuadas dentro de la lógica de sentido del sistema organizacional.
En otras palabras, podrá ocupar un espacio pero sin estar cumpliendo en
realidad una función ni formando parte del sistema organizacional.
3. La doble contingencia organizacional, relación entre persona y
sistema.
Dado
que toda organización se estructura en torno a un cierto propósito, las
decisiones que la conforman deben poseer un sentido claro y específico de
acuerdo a tal finalidad. Dicho sentido definirá criterios de validación que
determinarán qué tipo de decisiones son aceptables y cuáles no, dentro del
contexto organizacional.
Cada
organización definirá su propio criterio de validación, traduciéndose en una
declaración de visión, misión, valores, normas y procedimientos particulares
para cada una de ellas.
El hecho de que una organización decida estructurarse en torno a ciertos
criterios de validación específicos es una situación que podemos denominar
"contingente", dado que perfectamente los criterios escogidos podrían
haber sido otros cualquiera. No obstante, el efecto final será siempre el
mismo: las personas deberán ajustar sus decisiones y comportamientos de acuerdo
a los criterios establecidos si desean formar parte de la organización.
Por
otro lado, las personas poseen características que les son propias y que
determinan su capacidad para actuar los
comportamientos adecuados a los criterios de sentido de la organización. Esta
también es una situación "contingente", ya que sus comportamientos
también podrían ser otros. Lo relevante es que la organización deberá
considerar esta "contingencia" a la hora de definir exigencias
realistas, atraer y mantener a las personas y generar condiciones de ejecución,
formación y desarrollo de los comportamientos adecuados para el cumplimiento de
sus fines (Rodríguez, 1992).
Debe
haber sincronía entre los desempeños contingentes requeridos por la empresa y
los desempeños conductuales reales de las personas. Si no hay alineamiento
entre el sentido de la organización y las conductas laborales de las personas,
se dificulta el logro de las metas y la viabilidad de largo plazo (Flannery,
Hofrichter & Platten, 1997).
La resolución de este problema de doble contingencia debe ser un proceso
permanente si se requiere darle viabilidad a la organización a lo largo del
tiempo.
La capacidad adaptativa de la organización en un entorno de complejidad
creciente
De acuerdo a la lógica de la teoría de sistemas, toda organización participa
y se relaciona con el entorno donde se encuentra inserta. Las características
de esta relación con el entorno condicionan fuertemente la existencia del
sistema mismo, por lo que debe existir una cierta correspondencia entre las
características de entorno y el sistema para poder lograr su adaptación.
Nuestro oído está estructuralmente determinado para poder captar sólo el
sonido dentro de ciertas longitudes de onda, aunque el espectro de sonidos
reales en el ambiente exceda con creces dicho margen. De igual forma, una
organización sólo podrá captar del ambiente aquellos determinados aspectos
que su definición estructural le permita. Muchos de estos pueden ser
irrelevantes para el funcionamiento del sistema. Pero otros pueden ser - y de
hecho lo son - fundamentales para su viabilidad, lo que obliga a la organización
a tener que esforzarse por poder captarlos.
Aunque
la existencia de criterios de validación estables es una condición básica
para lograr una adecuada integración al interior de cualquier organización, al
mismo tiempo debe existir la suficiente flexibilidad en el sistema para poder
diversificarse y adaptarse a los cambios del entorno (Rodríguez & Arnold,
1992).
Esta exigencia hoy en día es cada vez mayor, por el surgimiento de fenómenos
en el entorno difíciles de asimilar por una estructura tradicional. La
globalización económica, la apertura de mercados, la incorporación masiva de
tecnología, el surgimiento de nuevas formas de intercambio económico y la
mayor permeabilidad de los límites culturales nacionales, hacen que la
complejidad del medio vaya en un aumento progresivo.
El resultado es que las organizaciones cuya estructura no permite la
flexibilidad y que gestionan con criterios rígidos están condenadas a
desaparecer en el corto, o en el mejor de los casos, en el mediano plazo. Cada día
más, las alternativas son adaptarse o desaparecer (Ridderstrale &
Nordstrom, 2000).
4. La obtención de resultados como condicionante organizacional.
En
este ambiente cada vez más dinámico, cambiante y de alta competitividad, el
foco de cualquier organización debe estar en la eficacia y eficiencia en la
obtención de sus resultados. Apostar a que los patrones tradicionales de
funcionamiento vayan a generar un resultado visible a dos, tres o cinco años
plazo, es a todas luces insuficiente.
Ciclos de evolución en las empresas que hace algunas décadas podía tomar períodos
de 5 o hasta 10 años, en la actualidad los podemos ver en apenas 6 meses. El
espectacular ascenso y caída de las "punto com" es un fenómeno que
en otra época habría parecido inconcebible.
Los cambios permanentes en el entorno incluso hacen poco recomendables las
planificaciones quinquenales, tan tradicionales hasta hace pocos años. Hoy en día
se llega a considerar que incluso un pronóstico de tres años a futuro,
independientemente del tipo de negocio, es algo difícil de precisar con algún
grado de certeza.
En dicho contexto es donde deben desenvolverse las organizaciones actuales. Por
lo tanto el énfasis debe estar en acotar lo más que se pueda los plazos para
la planificación, en la obtención de resultados efectivos y medibles en el
corto plazo y, en general, en un sentido de inmediatez y urgencia que debiera
atravesar transversalmente a toda la organización, equilibrando en forma dinámica
la necesidad de resultados de corto plazo con la viabilidad en el largo plazo
(Ridderstrale & Nordstrom, 2000).
Necesidad
de un alineamiento estratégico entre el desempeño de las personas y las metas
de la organización.
Este gran dinamismo aumenta la importancia de resolver adecuadamente el problema
de la doble contingencia organizacional. Si ya es complejo conseguir un buen
ajuste de los comportamientos de los trabajadores con los criterios de sentido
establecidos por la organización, cuánto más complejo resulta ser este
proceso de adaptación permanente bajo las condiciones de un mercado que obliga
a examinar, ajustar y flexibilizar dinámicamente dicho criterio de sentido.
La mirada tradicional, que trata de resolver este problema por la vía de la
clarificación de tareas, funciones y responsabilidades, hoy día se ha vuelto
claramente insuficiente. Ya no basta con definir un conjunto de condiciones estáticas,
susceptibles de ser administradas, que sirvan de nexo entre las metas estratégicas
de la organización y el trabajo diario de los trabajadores. La fijación
tayloriana de tareas y su asignación a cargos determinados está siendo
progresivamente disfuncional.
Lo
que se requiere en la actualidad es algún mecanismo que ligue directamente los
comportamientos con las metas, de manera que exista un ajuste permanente de las
decisiones de los trabajadores de acuerdo a las necesidades reales que la
organización está teniendo. De tal manera, cada acción emprendida por un
trabajador estará contribuyendo de manera directa el éxito del negocio. Por
tal razón, el alineamiento de los comportamientos de los trabajadores con las
metas de la organización, deja de ser un problema sólo en el plano
administrativo y se transforma en una necesidad de
carácter estratégico (Becker, Huselid & Ulrich, 2001).
5. El enfoque conductual como respuesta natural a estas necesidades
Dado
que las organizaciones se mueven en un contexto que las obliga a ajustar sus
metas y objetivos en forma permanente, complejizando el alineamiento estratégico
entre desempeños y metas, se hace necesario derivar desde un modelo estático
con énfasis en aspectos descriptivos generales de los cargos, hacia un modelo
dinámico con énfasis en las conductas específicas que dan cuenta del
cumplimiento de las responsabilidades del cargo y que son las que se requieren
para el éxito del negocio (Spencer & Spencer, 1993).
El
foco del aporte del empleado ya no es desde "tareas y funciones" sino
desde responsabilidades, lo que implica atribuir un sentido organizacional al
trabajo individual, hacer consciente la contribución personal al negocio, y
consolidar una mirada de flexibilidad funcional en función de
responsabilidades.
En un contexto de alta competitividad, hay que luchar por crecer y desarrollarse
para apenas mantenerse en el mismo lugar. Esto obliga a las organizaciones a
aumentar la exigencia a sus trabajadores. Ya no basta con el cumplimiento de las
tareas, funciones y responsabilidades propias del cargo. Es necesario aportar
mucho más para poder generar valor y permitir a la organización sobrevivir en
un entorno altamente competitivo (Kaplan & Norton, 2000).
Por tal motivo, es insuficiente poner el énfasis en la obtención de niveles
promedio en los desempeños de los trabajadores. Hay que poner el foco en los
comportamientos concretos que realmente generan valor, aquellos que señalan el
camino hacia la excelencia.
Por otra parte, de poco sirve contar con personal de excelencia pero que no
logre traducir su preparación en comportamientos concretos que beneficien a la
organización. Esto es válido, aunque en el pasado haya conseguido demostrar
dichos desempeños. La urgencia existe hoy, por lo que lo que verdaderamente
importa es el aporte que, demostrablemente a través de sus conductas, el
trabajador realiza en el presente. En este sentido, la "antigüedad"
no asegura ni es predictor de un desempeño alineado y competente.
Incluso
los sistemas de control que permiten demostrar la existencia de los
comportamientos adecuados, deberían estar basados en las observaciones de
conductas concretas más que en criterios generales de apreciación global. De
lo contrario se correría el riesgo de caer en serios problemas de validez y
confiabilidad. De hecho, las tradicionales evaluaciones de desempeño están
masivamente desprestigiadas por su subjetividad. En otras palabras, los
evaluadores hacen juicios globales basados en factores generales y comunes, más
que diseñar instrumentos que detallen las conductas exitosas específicas
requeridas por la empresa. El rol del evaluador ya no es juzgar el desempeño
sino identificar la presencia o ausencia de conductas.
Esto nos lleva a enfatizar la importancia del enfoque conductual como estrategia
pertinente para enfrentar los desafíos de las organizaciones en la actualidad.
Dicho enfoque permite focalizar los esfuerzos en la identificación de cuáles
son los mejores comportamientos para el éxito del negocio, más que en medir y
controlar el funcionamiento diario de tareas de naturaleza común (Becker et
al., 2001)
6. El Modelo de Competencias
Origen:
énfasis en las conductas-clave para el desempeño excepcional
Es propio de un enfoque tradicional tratar de definir a priori ciertos factores
que deberían traducirse en comportamientos esperados. Pero por medio de este
enfoque sólo podemos determinar en forma general un conjunto de conocimientos y
habilidades que, teóricamente, deberían estar relacionados con un buen desempeño
futuro.
A diferencia de lo anterior, un enfoque conductual no se centra en relaciones
genéricamente válidas entre factores y comportamientos. Por el contrario, el
foco es de carácter más específico y concreto, ya que las condiciones en las
que debe ser realizada cierta función pueden llegar a diferir bastante entre
una organización y otra. Por lo tanto, de poco sirve conocer por ejemplo las
relaciones que teóricamente existen entre la capacidad intelectual y la solución
de problemas, cuando para poder resolver situaciones problemáticas en una
organización en particular hay que lidiar también con consideraciones políticas,
administrativas y financieras específicas de ella, las que pueden condicionar
fuertemente su efectividad.
Por otra parte, aunque resulta lógico por ejemplo mostrar cierto recelo de
incorporar como jefe de producción en una empresa agroindustrial a un exitoso
jefe de producción de empresas metalmecánicas, aduciendo que "no conoce
el negocio"; es curioso constatar que no se utiliza un criterio similar
cuando una empresa "familiar" decide la incorporación de un ejecutivo
exitoso con larga trayectoria en empresas transnacionales y altamente
"profesionalizadas". No es casual que dicho ejecutivo al poco tiempo
se dé cuenta que no puede gestionar como estaba acostumbrado, perdiendo gran
parte de su efectividad. Todo ello por no haberse considerado los factores de
"especificidad" característicos de la organización.
Utilizando un enfoque conductual, se pueden identificar aquellos comportamientos
observados que demuestren ser "los mejores comportamientos esperados"
en una realidad organizacional específica, y determinar cuáles son los
factores causales que explican la existencia de dichos comportamientos. De tal
forma, la generalidad y la aproximación conceptual dan paso a la especificidad
y la concentración en las buenas prácticas desde la realidad, lo que se
permite asegurar que, dadas esas condiciones particulares, si existen tales
factores se tendrían que producir tales comportamientos (Lévy-Leboyer, 1997).
En otras palabras, es la conducta laboral demostrada (experiencia) en cierto
tipo de situaciones y mercados, el mejor predictor del desempeño, y por lo
tanto, el mejor predictor de contribución al negocio a nivel de las personas
(Araneda & Calderón, 2001).
Definición
de competencia.
Conceptualmente, una competencia es un conjunto de destrezas, habilidades,
conocimientos, características conductuales y otros atributos, los que,
correctamente combinados frente a una situación de trabajo, predicen un desempeño
superior. Es aquello que distingue los rendimientos excepcionales de los
normales y que se observa directamente a través de las conductas de cada
ocupante en la ejecución cotidiana del cargo (Dalziel, Cubeiro & Fernández,
1996).
La competencia se estructura en base a tres componentes fundamentales: el saber
actuar, el querer actuar y el poder actuar (Le Boterf, 1996).
El saber actuar es el conjunto de factores que definen la capacidad inherente
que tiene la persona para poder efectuar las acciones definidas por la
organización. Tiene que ver con su preparación técnica, sus estudios
formales, el conocimiento y el buen manejo de sus recursos cognitivos puestos al
servicio de sus responsabilidades. Este componente es el que más
tradicionalmente se ha utilizado a la hora de definir la idoneidad de una
persona para un puesto específico y permite contextualizar el énfasis que
hacen muchas empresas en la capacitación de su personal.
El querer actuar es otro componente fundamental de la competencia. Alude no sólo
al factor de motivación de logro intrínseco a la persona, sino también a la
condición más subjetiva y situacional que hace que el individuo decida
efectivamente emprender una acción en concreto. Influyen fuertemente la
percepción de sentido que tenga la acción para la persona, la imagen que se ha
formado de sí misma respecto de su grado de efectividad, el reconocimiento por
la acción y la confianza que posea para lograr llevarla a efecto.
El tercer componente de la competencia, quizás el mas olvidado en la mirada
tradicional, es el poder actuar. En muchas ocasiones la persona sabe cómo
actuar y tiene lo deseos de hacerlo, pero las condiciones no existen para que
realmente pueda efectuarla. Las condiciones del contexto así como los medios y
recursos de los que disponga el individuo, condicionan fuertemente la
efectividad en el ejercicio de sus funciones.
Dado que la identificación de competencias debe ser específica para la
organización en particular, es necesario identificar un conjunto de
comportamientos reales y observados que correspondan a comportamientos
"deseados" y probadamente exitosos y contributorios
para la organización. Esto obliga a identificar personas que ya han
demostrado por medio de sus acciones que poseen las "competencias"
requeridas y tratar de identificar qué características poseen esas personas
que las hacen ser diferentes del resto (Spencer & Spencer, 1993).
Las
técnicas de determinación de competencias son 5:
- Entrevista
de incidentes críticos.
- Inventario
de conductas exitosas.
- Assessment
de competencias.
- Panel
de expertos.
- Focus
group.
De
éstas, sólo son recomendables las 3 primeras, por cuanto su foco es
identificar las conductas reales, y desde esa base, conceptualizar competencias.
La experiencia muestra que las técnicas de panel de expertos y focus group
normalmente invierten esta dirección, definiendo conceptualmente lo deseable,
lo que frecuentemente no se asocia directamente a las conductas exitosas reales
del trabajo. Se debe garantizar la determinación de competencias desde la
conducta laboral exitosa dentro de la empresa, en un momento del tiempo.
De las técnicas que van desde lo conductual a lo conceptual, la más exhaustiva
es la Entrevista de Incidentes Críticos para la identificación y levantamiento
de las competencias. Dicha técnica está orientada a conocer en detalle las
conductas efectivamente trabajadas por las personas en situaciones críticas de
trabajo, tanto las positivas como las negativas. La base conceptual de ello es
que es la conducta la que refleja el nivel de destreza y competencia de una
persona, y no el concepto u opinión que la persona tenga sobre ésta.
El objetivo de las entrevistas es identificar las habilidades y conductas claves
y determinantes en la distinción entre desempeños normales y excepcionales. Es
preguntarse qué conductas o comportamientos son distintivos para el éxito en
el desempeño entre un ocupante de los cargos y otro. La orientación es pensar
en las conductas reales y actuales, y no en las ideales o posibles (Spencer
& Spencer, 1993).
La
entrevista se estructura en dos partes:
- Preguntas
estructuradas sobre eventos críticos de trabajo exitosos e inexitosos del
entrevistado, enfatizando cómo se trabajó, quién estuvo involucrado y los
resultados medibles y operacionalizables de la conducta. El objetivo es
conocer el detalle de las conductas desempeñadas, y no lo que el
entrevistado conceptualiza del incidente crítico.
- Presentar
a cada entrevistado un set de las conductas claves de cada competencia, y
solicitarle la elección y jerarquización de las mismas para el éxito de
su trabajo. Aquí se apela a la conceptualización de cada entrevistado.
Aunque
por definición una competencia será específica para un cargo, en una
organización en particular y en un momento en particular, se da que una misma
competencia puede estar transversalmente presente en distintos cargos y niveles
organizacionales, por lo que la mayor especificidad asociada al cargo está en
cuál conducta da cuenta de la competencia. En otras palabras, una competencia
se operacionaliza al traducirse en un esquema de niveles de conductas concretas,
desde las conductas inexitosas a las exitosas. Así tenemos que, por ejemplo, la
competencia de "orientación al cliente" puede aparecer como deseable
en todos los niveles de una organización. Sin embargo en el caso de un
administrativo podría responder al siguiente esquema conductual:
"Mantener Comunicaciones Claras con el Cliente considerando las
Expectativas Mutuas. Monitorear la satisfacción del cliente. Distribuir
información útil para los clientes. Proporciona un servicio amistoso y
alegre."
mientras que para un Gerente Comercial podría adquirir este otro:
"Usar una Perspectiva de Largo Plazo. Trabajar con una perspectiva de largo
plazo al estudiar los problemas del cliente. Poder absorber los costos
inmediatos a cambio de relaciones de largo plazo. Perseguir beneficios a largo
plazo para el cliente. Poder iniciar acciones que crean éxitos visibles para un
cliente y luego atribuir al cliente dichos éxitos."
Esto permite que, finalmente, se elabore un Inventario de Competencias para la
organización, donde no sólo figuran todas las competencias consideradas
relevantes, sino que también se encuentran definidos distintos grados o niveles
de conducta para cada una de ellas. Estos niveles
están expresados en términos de conductas concretas , reales y observables, y
permiten definir con precisión la presencia o ausencia de determinada
competencia.
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En
función de la siguiente escala de competencia y en el ejemplo recién
visto, para el cargo Administrativo se plantearía un nivel de competencia
A 2, mientras para el Gerente Comercial un nivel A 7. A continuación
mostramos un ejemplo de parte de un inventario de competencias:
Competencia
de orientacion y servicio al cliente
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Nivel
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Descripción
Conductual
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A.
–3
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Expresa
Expectativas Negativas respecto de los Clientes. Hace comentarios globales
negativos acerca de los clientes, culpa a los clientes de los resultados
negativos. Incluye comentarios racistas y sexistas respecto de los
clientes.
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A.
–2
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Expresa
Falta de Claridad. No es claro con respecto a las necesidades del cliente
y a los pormenores de su propia participación ("No estaba
completamente seguro para qué era esta reunión", "Nunca supe
exactamente que quería el cliente"), sin hacer algo para clarificar
la situación.
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A.
–1
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Se
Centra en sus Propias Habilidades. Desea mostrarle hechos al cliente, o se
centra en las habilidades propias o de la compañía más que en las
necesidades del cliente.
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A.
0
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Entrega
un Mínimo del Servicio Requerido. Da una respuesta inmediata e
irreflexiva a las preguntas del cliente sin explorar las necesidades o
problemas subyacentes o captar el contexto de las interrogantes del
cliente.
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A.
1
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Hace
un Seguimiento. Obtiene más detalles acerca de las preguntas, peticiones,
quejas del cliente. Mantiene al cliente al día respecto del progreso de
los proyectos (pero no explora los asuntos o problemas subyacentes del
cliente).
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A.
2
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Mantiene
Comunicaciones Claras con el Cliente considerando las Expectativas Mutuas.
Monitorea la satisfacción del cliente. Distribuye información útil para
los clientes. Proporciona un servicio amistoso y alegre.
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A.
3
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Asume
una Responsabilidad Personal. Corrige los problemas relacionados con el
servicio al cliente con prontitud y de forma no defensiva.
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A.
4
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Está
Completamente a Disposición del Cliente. Es especialmente servicial
cuando el cliente está pasando por un período crítico. Da al cliente el
número de teléfono de su casa u otro medio para un fácil acceso, o
puede pasar tiempo extra en el lugar en que se encuentra el cliente.
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A.
5
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Actúa
para que las Cosas Mejoren. Hace intentos concretos por agregar valor al
cliente, hace que las cosas sean mejores para el cliente de alguna manera.
Expresa expectativas positivas acerca del cliente.
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A.
6
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Aborda
las Necesidades Subyacentes. Busca información acerca de las necesidades
reales y subyacentes del cliente, más allá de aquellas expresadas
inicialmente, y las conjuga con los productos o servicios disponibles (o a
la medida).
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A.
7
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Usa
una Perspectiva de Largo Plazo. Trabaja con una perspectiva de largo plazo
al estudiar los problemas del cliente. Puede absorber los costos
inmediatos a cambio de relaciones de largo plazo. Persigue beneficios a
largo plazo para el cliente. Puede iniciar acciones que crean éxitos
visibles para un cliente y luego atribuir al cliente dichos éxitos.
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A.
8
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Actúa
como un Consejero Confiable. Desarrolla una opinión independiente acerca
de las posibilidades de implementación, los problemas/oportunidades, y
las necesidades del cliente. Actúa con base a esta opinión (ej.,
recomienda enfoques apropiados que son nuevos y diferentes de aquellos
requeridos por el cliente). Llega a estar íntimamente involucrado con el
proceso de toma de decisión del clientePuede empujar al cliente a
confrontar asuntos difíciles.
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A.
9
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Actúa
como Abogado del Cliente. Toma partido por el cliente versus su propia
organización con beneficios a largo plazo para su organización (ej.,
aconseja al cliente no extender demasiado las compras (manteniendo así la
viabilidad del cliente para el futuro); o presiona a su propia
administración para resolver los problemas relacionados con el cliente.
Toma partido por el cliente en caso de quejas bien fundadas respecto del
trato de su propia compañía al cliente.
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El
Inventario General de Competencias contiene al menos las siguientes
competencias:
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Competencias
de Logro y Acción:
Orientación al logro.
Orden y calidad.
Solicitud de información.
Iniciativa.
Competencias de Impacto e Influencia en el Grupo:
Impacto e influencia.
Conocimiento organizacional.
Desarrollo de las relaciones.
Competencias Cognitivas:
Pensamiento analítico.
Pensamiento conceptual.
Competencias Técnicas:
Profundidad del conocimiento
Extensión del conocimiento
Adquisición de los conocimientos
Distribución de los conocimientos
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Competencias
de Ayuda y Servicio:
Orientación de servicio al cliente.
Comprensión interpersonal.
Competencias de Dirección:
Trabajo en equipo y colaboración.
Dar instrucciones.
Liderazgo en el equipo.
Desarrollo de otros.
Competencias de Efectividad Personal:
Autocontrol.
Autoconfianza.
Manejo del fracaso.
Flexibilidad.
Compromiso organizacional.
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Clasificación
general de competencias.
Es posible distinguir una primera clasificación de las competencias de acuerdo
a su capacidad predictiva del desempeño superior:
- Competencias
umbral: aquellas que predicen el comportamiento promedio en determinada
función.
- Competencias
diferenciadoras: aquellas que predicen el comportamiento superior.
También
es posible la identificación de las competencias según su grado de
aplicabilidad y especificidad organizacional, por lo que se establece 4 niveles:
- Competencias
corporativas de la organización, comunes a todos los cargos y las líneas
de negocios.
- Competencias
comunes de un área, gerencia o línea de negocios.
- Competencias
de familias de cargos con responsabilidades similares.
- Competencias
específicas del cargo.
Las
competencias también se clasifican según su facilidad o dificultad de
desarrollo, aspecto fundamental a la hora de tomar decisiones de inversión en
recursos humanos, pues se evalúa el costo-beneficio de emprender una acción de
desarrollo versus otras alternativas. La clasificación es:
- Competencias
fácilmente entrenables, por ejemplo, pensamiento analítico.
- Competencias
medianamente entrenables, por ejemplo, iniciativa.
- Competencias
difícilmente entrenables, por ejemplo, autoconfianza o flexibilidad
7. Impacto en el ciclo de gestión de recursos humanos.
El
modelo de competencias es una herramienta de enorme utilidad para la gestión
de recursos humanos en las empresas. Este enfoque facilita la interrelación
de los diferentes procesos del área (selección, inducción, evaluación,
capacitación, desarrollo, compensaciones, desvinculación), posibilitando
realizar su gestión de manera integrada gracias a compartir una fuente de
información ligada a las responsabilidades de los cargos y a un lenguaje común
a la base.
Esto
no sólo es una ayuda desde un punto de vista operacional, al mantener un diálogo
más fluido y conceptualmente coherente entre las diferentes funciones, sino que
además aporta un modelo claro para obtener una visión de conjunto de la
complejidad inherente a la gestión de recursos humanos, permitiendo un mejor
manejo de ella desde un punto de vista estratégico para la organización.
La existencia de un perfil de competencias para cada uno de los cargos de la
organización, ofrece una herramienta de gran utilidad para el proceso de
reclutamiento y selección de personal. Quien selecciona puede contar no sólo
con la tradicional descripción de funciones, tareas y responsabilidades del
cargo sino también con una descripción concreta de las competencias que son
requeridas para el buen funcionamiento del individuo en el cargo. De esta forma,
el proceso de selección por competencias, al centrarse en aquellas habilidades
y características conductuales demostrables que están a la base de las
competencias críticas de un cargo, predice con alta efectividad el desempeño
laboral futuro, aportando elementos importantes a considerar durante la
entrevista y afinando la determinación de qué tipo de metodología de evaluación
realizar. Actualmente las pruebas intelectuales, pruebas de habilidades específicas,
cuestionarios de personalidad, test proyectivos y entrevista psicolaboral, están
siendo complementados con assessment de competencias mediante paneles de
expertos y la aplicación de inventarios de conductas exitosas, lo que aumenta
la eficiencia de la selección de personal (Fernández & Reyes, 2001).
El
objetivo de la selección por competencias es encontrar el candidato que se
ajuste completamente con el perfil de competencias requerido en el cargo,
mediante la técnica de comparación de perfiles. La selección por competencias
permite determinar cuáles son las brechas que existen entre las competencias
del candidato seleccionado y las requeridas por el cargo, aportando información
relevante para poder realizar un proceso de inducción más específico y
disminuir el tiempo de preparación que necesita para desempeñarse con
eficiencia en sus responsabilidades (Wood & Payne, 1998).
Al
disponer de un perfil de competencias basado en conductas exitosas observables,
el proceso de plantear metas de desempeño se vuelve más preciso y ajustado a
cada caso en particular, lo que facilita la planificación de las acciones de
mejoramiento y el proceso de evaluación. Tanto la validez como la confiabilidad
de la evaluación se ven beneficiadas al contar con parámetros de medición fácilmente
contrastables -- la presencia o ausencia de conductas específicas --,
disminuyendo de paso las posibles críticas y resistencias al proceso de
evaluación en sí mismo. Como dijimos, la objetividad del proceso se ancla en
el diseño de un instrumento de evaluación del desempeño en que a cada
competencia evaluada se le asocian categorías de conductas, desde las
inexitosas a las exitosas, por lo que el rol del evaluador es definir qué nivel
de conducta es el más frecuente en un trabajador, y no juzgar cualitativamente
su desempeño.
Así
como la inducción se ve facilitada por un proceso de selección basado en
competencias, del mismo modo la capacitación se ve favorecida por un proceso de
evaluación basado en competencias. La natural determinación de brechas
existentes entre los comportamientos deseados y los observados, aporta la
información necesaria para direccionar con eficiencia las acciones de
capacitación. Son muchas las empresas que han invertido importantes recursos en
la capacitación de sus trabajadores y en varias de ellas existe la conclusión
de haber nivelado conocimientos y habilidades, pero que se tocó un techo de
desarrollo. La oferta de capacitación disponible suele ser bastante estándar
en contenidos y metodología, por lo que el enfoque de competencias agrega un
cambio cualitativo sustancial: determina qué conductas se debe desarrollar
dentro de una organización particular para agregar valor al negocio,
contribuyendo desde el propio cargo. Ello implica un desafío para los expertos
en capacitación, por cuanto el diseño de talleres de desarrollo de
competencias es completamente ajustado a las necesidades de desarrollo
conductual solicitadas por el cliente.
La
capacitación por competencias aporta información clave como criterio de
asignación de recursos. Al saber que existen competencias fácil, mediana y difícilmente
entrenables, la organización tiene un criterio claro de dónde invertir para
asegurar el mayor retorno. La investigación en capacitación demuestra que
normalmente el desarrollo de competencias difícilmente entrenable (entre otras,
autoconfianza, manejo del fracaso, autocontrol, flexibilidad) es escaso, no
recomendándose. Ello permite saber dónde invertir y entrega información útil
para tomar decisiones respecto de las personas con brechas difíciles de
mejorar, ya sean reubicaciones, otras acciones de desarrollo o desvinculación.
Una
de las potencialidades más importantes de la gestión por competencias se
traduce en la posibilidad de utilizarla como herramienta para la promoción y
desarrollo interno. Los sistemas tradicionales, que describen los cargos sólo
en términos de sus funciones, tareas y responsabilidades, no permiten realizar
una comparación directa entre cargos distintos ya que por su propia naturaleza
funcional pueden diferir enormemente unos de otros. En cambio, con la metodología
de elaboración de perfiles de competencia, las mismas competencias
pueden estar presentes en muchísimos cargos de naturaleza diferente, aunque con
niveles requeridos distintos. Esto facilita poder comparar el perfil de
competencias observado en una persona con el perfil de competencias requerido en
un cargo distinto al suyo, logrando encontrar ajustes que de otra manera sería
difícil de determinar.
De
tal forma, si se desea proyectar a cierta persona para poder ocupar un cargo
determinado en el futuro, es posible comparar su perfil de competencias con el
que requeriría en aquella nueva posición y planificar su capacitación y
formación de acuerdo a las brechas existentes. E inversamente, si existe un
cargo vacante se puede determinar qué personas de la organización ya poseen un
perfil de competencias adecuado a dicho cargo, para considerarlas como
potenciales candidatas para él. En este concepto se basan la gestión del
talento, el coaching y el desarrollo ejecutivo mediante planes de navegación
profesional.
La
gestión por competencias puede contribuir a afinar criterios para la aplicación
de la política de compensaciones de la organización. Por ejemplo, es sabido
que uno de los problemas que afecta a la remuneración por cumplimiento de
objetivos es que se pone el énfasis en lo "qué" se debe hacer sin
aportar claridad sobre el "cómo" se puede lograr. Precisamente la
gestión por competencias es un complemento excelente a una política de
administración por objetivos, ya que aporta el elemento de proceso indicando cuáles
son los comportamientos que permitirán la obtención de las metas planteadas.
Así, una política de compensaciones podría integrar ambos elementos
"evaluación de metas" y "evaluación de competencias" para
recompensar las conductas exitosas que permitan el éxito de la organización no
sólo en el corto sino también en el largo plazo.
Las
actuales tendencias mundiales de compensaciones muestran que la remuneración
fija se incrementa en función del logro de los estándares de competencias
definidas para el cargo (mediante un proceso de certificación anual de
competencias), mientras la remuneración variable se paga mediante sistemas de
incentivos ligados al logro de objetivos y metas medibles.
En
Chile es casi inexistente el pago por competencias, no obstante es pronosticable
que las empresas que decidan implementar una gestión de personas basada en
competencias tengan como camino natural, retribuir e incentivar mediante el
logro de los estándares de competencia (Fernández & Baeza, 2001).
La
desvinculación por competencias permite determinar con alto grado de
objetividad, quienes presentan la mayor brecha entre sus competencias y las
requeridas por el cargo. A su vez, se focaliza el análisis en el grado de
entrenabilidad de las competencias deficitarias, pues si éstas son difícilmente
entrenables y por razones de costo-beneficio, la organización no está
dispuesta a realizar dicho esfuerzo, parece razonable efectuar una desvinculación
profesional.
Finalmente,
la gestión integrada que permite el modelo de competencias, posibilita que los
objetivos del negocio estén convenientemente considerados en el día a día.
Dicha gestión permite que haya un seguimiento del alineamiento entre las metas
organizacionales y los desempeños de los trabajadores, lo que si se complementa
con un seguimiento estratégico con metodologías como el balanced scorecard,
aumenta sustancialmente la probabilidad de lograr las metas de la empresa en sus
4 perspectivas básicas: financiera, de clientes, de procesos internos, y de
personas y tecnología (Kaplan & Norton, 2000).
Metodología
de Aplicación del Modelo de Competencias
El proceso operativo desarrollado en las intervenciones que hemos desarrollado,
destinadas a implementar la gestión por competencias comprende las siguientes
etapas:
Comunicación
interna del trabajo.
El proceso de determinar los perfiles de competencias deseados y evaluar las
brechas existentes con los perfiles de competencias reales observados, es un
proceso que involucra una amplia participación del personal de la organización.
Por tal razón, es importante entregar información para que la gente comprenda
su sentido y utilidad para lograr que se comprometa a participar de él. Se
deberían considerar:
- Reuniones
con los participantes, con el fin de dar transparencia y claridad de los
objetivos y alcances del trabajo.
- La
relación entre las políticas de recursos humanos de la organización y los
resultados posibles de la gestión por competencias..
- Reuniones
con la organización sindical.
8. Selección de la muestra
Dado
que las competencias son aquellas que explican el desempeño superior, es básico
dividir la muestra de personas entrevistadas en 2 grupos: las personas de buen
desempeño y las personas de desempeño bajo lo esperado.
Esta clasificación del desempeño la efectúan los ejecutivos de la organización,
quienes se apoyan en los sistemas existentes de dirección del desempeño o, en
caso que no existan, en una decisión consensuada respecto de los mismos.
De este modo, cuando se efectúe el análisis de competencias se comparará en
cuáles competencias existen diferencias significativas entre ambos grupos y en
cuáles no.
El número de personas a entrevistar varía sustancialmente según el total de
ocupantes por cargo. El criterio usado es que en cargos con menos de 20
ocupantes se debe entrevistar a todas las personas y en cargos con 21 ocupantes
o más, se debe considerar un porcentaje no inferior al 70% de las personas.
Ello ya que, dado que será necesario comparar las competencias demostradas por
los 2 grupos de personas, se debe contar con una muestra representativa.
Entrevistas
de incidentes críticos
Esta etapa implica profundizar previamente en el conocimiento de los cargos,
para poder realizar las entrevistas con la mayor cantidad de información
relevante que sea posible y poder intencionarlas adecuadamente. Se debe
considerar:
- Conocimiento
de los cargos: análisis de descripciones y visita a lugares de trabajo.
- Elaborar
pautas estructuradas
para
llevar a efecto las entrevistas conductuales.
Los
entrevistadores requieren un entrenamiento específico para conducir la
entrevista hacia identificar cómo trabaja la persona en la práctica. De ahí
que se invite a analizar los incidentes críticos de la trayectoria laboral de
la persona en el cargo, pues está demostrado que en dichos incidentes, sean éstos
exitosos o no exitosos, se constatan los máximos niveles de competencia e
incompetencia (Spencer & Spencer, 1993). Del análisis de las respuestas
conductuales reales de las personas se determina lo que en realidad se puede
alcanzar en un cargo y organización particular.
Entrevistadores inexpertos pueden caer en el error de asumir como conductas de
trabajo, los conceptos que una persona tenga de su desempeño. Existen respuesta
de alta deseabilidad, como mencionar que se aplica liderazgo situacional y se
cree en el trabajo en equipo. Una aproximación de este tipo no refleja
competencia pues sólo es una declaración conceptual. El foco está en elicitar
y analizar conductas reales.
Con los entrevistados más resistentes será necesario insistir en varias
ocasiones en "me puede describir cómo actuó en esta situación",
"quién participó", "qué ocurrió", "qué hizo
usted". Se debe soslayar la tentación de considerar ideas, intenciones y
conceptos como conductas.
Elaboración
de perfiles de competencia.
Esta es la etapa central de la intervención y, por lo tanto, es la que presenta
una mayor complejidad. Se describen a continuación las diferentes etapas que
implica:
1. Transcripción de entrevistas y clasificación de competencias. Cada
entrevista es grabada en cassette de audio y transcrita íntegramente. Esa
información es analizada por el panel de consultores, quienes proceden al análisis
y categorización de los datos obtenidos en las entrevistas de incidentes críticos,
identificando las conductas descritas por los participantes y asociándolas a
las competencias con que dicha conducta tenga directa relación. Se categorizan
las respuestas conductuales según el grupo muestral, ya sea de desempeño bueno
o bajo lo esperado.
2. Clasificación mediante el Inventario de Competencias. Este diccionario
(resumen de todas las escalas de competencia y el detalle de sus niveles de
conducta) es el marco de referencia para
categorizar las conductas observadas y asociarlas a competencias. Si el proceso
de analizar las conductas y clasificarlas lo hace sólo una persona se corre
riesgo de subjetividad, razón por la que la metodología considera el análisis
de todas las conductas extractadas de todas las entrevistas por parte del panel
de consultores, quienes por consenso categorizan las competencias. Ello
garantiza objetividad en el proceso de detección de los perfiles de competencia
de cada cargo y está descrita como la metodología estadísticamente más
efectiva para elaborar perfiles de competencias (Spencer & Spencer, 1993).
Su desventaja es el tiempo que requiere el análisis de cada una de las
conductas.
3. Administración del Inventario de Conductas Exitosas. También se aplica un
cuestionario de determinación de conductas exitosas, diseñado con la misma
información del Inventario de Competencias, y que permite de un modo más rápido
y económico, determinar el perfil de competencias de una persona. Para efectos
del diseño del perfil de competencias del cargo, esta información es estadísticamente
correlacionada con los resultados del panel de expertos.
- Determinación
de perfiles observados. Se comparan las conductas demostradas por ambos
grupos de desempeño. Aquellas competencias en que existen diferencias
signifcativas a favor del grupo de buen desempeño, constituyen finalmente
las competencias que en la práctica dan cuenta de ese mejor desempeño. Es
lo que antes denominamos competencias diferenciadoras.
El
resultado de este análisis será el perfil observado de cada cargo, que
incluye:
- Competencias
de cada cargo.
- Para
cada competencia se indica:
- Las
categorías de conducta observadas, desde las inexitosas a las exitosas.
- Descripción
de las conductas concretas del trabajo que describen la competencia
- Informe
preliminar a la organización. Se elabora un informe preliminar con el
perfil observado de competencias de cada cargo, el que es enviado para el análisis
de la jefatura del cargo analizado.
- Validación
de los perfiles observados. El objetivo de este análisis es que la jefatura
valide el perfil observado como el perfil deseado para el mismo, e
introduzca aquellas modificaciones que estime necesarias. Este punto es
vital para el involucramiento de la jefatura, y que la experiencia indica
que si bien los perfiles observados son muy coincidentes con los deseados,
en ocasiones existen competencias relevantes que el ocupante no tiene, y que
suelen asociarse a competencias corporativas estratégicas, por ejemplo,
orientación de servicio al cliente u orientación al logro de resultados
7.
Determinación de los perfiles deseados de competencias por parte del cliente,
en función del perfil observado. La validación del perfil deseado tiene 2
requerimientos: definir si todas las competencias observadas son las deseadas, y
determinar la categoría conductual que se exigirá. Ello es fundamental pues
define el estándar de exigencia conductual contra el cual se evaluará a cada
ocupante, y se definirá si existe o no brecha de competencias. Esta definición
es responsabilidad de las áreas de recursos humanos y de las jefaturas de línea
de la organización estudiada.
Elaboración
del instrumento de evaluación de competencias.
Basado en los perfiles deseados de competencias, se elabora el instrumento de
Evaluación de Competencias adaptado a las conductas exitosas de la organización,
que permitirá la evaluación individual de los ocupantes de los cargos para
determinar la brecha de competencias. Se elaborará un instrumento común y
general para permitir la evaluación de competencias de los cargos, siendo
diferente el perfil deseado de cada cargo.
Capacitación
a jefaturas en entrevista de brecha de competencias.
Todas las jefaturas que evaluarán la brecha de competencias deber ser
entrenadas en la familiarización con el instrumento de evaluación (que sigue
exactamente el mismo formato de los perfiles deseados) y con las preguntas que
estimulan las respuestas conductuales (y no conceptuales).
Detección
de brechas de competencias.
Con el instrumento de evaluación, la jefatura y un consultor entrevistan a cada
uno de los ocupantes de los cargos críticos, para determinar su actual nivel de
competencia. Esta entrevista conjunta es muy importante pues los resultados se
determinan por consenso de ambos profesionales y se transfiere la metodología a
quienes seguirán aplicándola en el futuro. También se evitan sesgos por
juicios previos de desempeño o errores por inexperiencia en la técnica de
entrevista.
Informes
finales perfiles de competencias
Como productos finales de este proceso se consideran:
1. Informes individuales de brecha de competencias. Un informe individual con
las necesidades de capacitación de cada persona, indicando las competencias fácilmente
entrenables, las costosamente entrenables y las difícilmente entrenables. A
continuación se muestra un ejemplo de estos informes:
Informe
de brecha de competencias
Nombre :
Cargo :
Fecha de entrevista :
Entrevistadores :
Conductas
a desarrollar para lograr el perfil deseado
|
Competencia
|
Entrenabilidad
|
Categ.
|
Conducta
a desarrollar
|
|
Autoconfianza
|
Difícilmente
entrenable
|
3
|
Declara
confianza en la capacidad propia. Se ve a sí mismo como un experto,
como un agente causal.
|
|
4
|
Justifica
sus declaraciones de confianza en sí mismo, sus acciones apoyan sus
expresiones verbales de autoconfianza.
|
|
Iniciativa
|
Medianamente
entrenable
|
3
|
Actúa
en forma rápida y decisiva ante una crisis.
|
|
4
|
Actúa
con hasta dos meses de anticipación, creando oportunidades para
minimizar los problemas potenciales, mediante un esfuerzo extra.
|
|
Pensamiento
analítico
|
Fácilmente
Entrenable
|
3
|
Ve
relaciones múltiples. Analiza las relaciones entre varias partes de una
situación. Descompone una tarea compleja en partes manejables.
|
|
Impacto
e Influencia
|
Medianamente
entrenable
|
5
|
Planifica
una acción bien pensada o inusual para lograr un impacto específico.
|
|
Desarrollo
de otros
|
Medianamente
entrenable
|
6
|
Realiza
instrucciones o capacitaciones de largo plazo. Organiza tareas,
capacitaciones formales y otras experiencias con el propósito de
fomentar el aprendizaje y desarrollo de otros.
|
|
Conocimiento
organizacional
|
Medianamente
entrenable
|
4
|
Comprende
las políticas organizacionales. Describe y usa el poder vigente y las
relaciones políticas dentro de la organización (alianzas y
rivalidades)
|
2.
Informe final del trabajo. Es el informe global con los resultados generales, en
que se graficará la distribución de las brechas de competencias del conjunto
de personas evaluadas, junto con los análisis que se estime necesarios: por
nivel jerárquico, por línea de negocios o por el criterio que sea relevante.
Ejemplos de estos informes gráficos:
- Plan
de capacitación. Basados en el análisis de los resultados estadísticos,
se propone el plan de desarrollo y capacitación que se recomendará para el
potenciamiento de las competencias de los empleados de la organización, en
función de las competencias con mayor brecha entre lo deseado y lo
observado, y de la facilidad de entrenabilidad de las mismas.
Es
importante destacar que las conductas a desarrollar en las competencias con
brecha entre lo deseado y lo observado, constituyen los contenidos de los
talleres de capacitación, por lo que la aproximación habitual de contenidos
estándares tras cursos ya diseñados queda obsoleta y plantea interesantes
desafíos al diseño instruccional y metodológico de los talleres de desarrollo
de competencias.
Nuestra experiencia indica que las empresas siempre han iniciado sus planes de
capacitación con las competencias fácilmente entrenables y que permiten una
mayor transferencia desde el taller de entrenamiento a la situación real de
trabajo, estableciendo el criterio de costo-beneficio como eje de la asignación
de recursos de capacitación.
Comunicación
de resultados.
Se recomiendan 3 instancias de comunicación:
- Entregar
un sobre por participante con su informe individual de brecha de
competencias y sus recomendaciones de capacitación. Dicha entrega debería
hacerla el jefe directo de la persona, pues cierra el ciclo del trabajo y
permite una instancia de comunicación supervisor-supervisado en la óptica
de la dirección del desempeño.
- Presentación
de los resultados del trabajo al equipo ejecutivo de la organización.
- Reuniones
de presentación de resultados generales a los participantes. Nuevamente se
recomienda apertura y transparencia en los resultados, pues serán el eje de
futuras actividades de desarrollo de competencias.
9. Conclusiones de la aplicación del modelo de competencias en empresas
chilenas
En
base a las aplicaciones realizadas en varias empresas nacionales, hemos podido
constatar algunas situaciones interesantes, tales como:
1. El modelo de competencias resulta atractivo para organizaciones con un buen
grado de profesionalización en la gestión de recursos humanos: Es interesante
constatar que la incorporación del modelo de competencias es aún minoritario,
lo que a nuestro juicio tiene que ver con su relativa novedad y, sobre todo, que
exige un manejo profesional de la gestión de recursos humanos. En Chile, el 80%
de las personas trabajan en Pymes, empresas centradas en la subsistencia y con
pocos recursos para gestionar estrategias de recursos humanos, por lo que el
foco está puesto en el cumplimiento de la legislación laboral. Las empresas
interesadas en el enfoque de competencias son aquellas con un buen nivel de
profesionalización en la gestión de personas, donde los dueños o el equipo
ejecutivo han llegado a la conclusión que las personas son una ventaja
comparativa en sus negocios y en la viabilidad del negocio en el largo plazo.
2. El interés por las competencias ha surgido mayoritariamente de la necesidad
de lograr mejores resultados con la capacitación: Buscando superar el techo de
desarrollo de habilidades de sus trabajadores, las empresas se han aproximado al
modelo de competencias desde la necesidad de diseñar una capacitación que
desarrolle las conductas exitosas concretas que se requiere para un cargo y que
permita su evaluación. Así, la metodología de comparación de perfiles de
competencias, permite efectuar una evaluación pre y post-capacitación, y,
sobre todo, una evaluación de competencias realizada por la jefatura para
determinar la transferencia de las conductas desarrolladas a la situación real
de trabajo.
3. Existe poca comprensión de qué son las competencias y su alcance
organizacional: Se ha constatado que hay poca claridad en los ejecutivos de las
empresas acerca del concepto de competencia, especialmente desde su vertiente
operacional. En general suelen denominar "competencias" a lo que
tradicionalmente se llamó "aptitudes y habilidades", no existiendo
una operacionalización en términos de conductas concretas y mucho menos
definiendo niveles para cada una de ellas. Este equívoco puede llegar a
generar, a la larga, un desprestigio del concepto, dificultando su incorporación
como herramienta de gestión importante en nuestras organizaciones. También se
observa en algunos profesionales de recursos humanos una cierta arrogancia en términos
de estimar que "esto ya lo sé", cuando en la conversación conceptual
queda claro que no se comprende a cabalidad el concepto de competencia y, sobre
todo, su enorme impacto como sistema de gestión integrada de los procesos de
recursos humanos.
4. Hay disonancia entre lo declarado y lo observado: No existe siempre una
concordancia entre lo que la organización declara que son sus competencias
corporativas centrales y lo que se observa en la realidad, especialmente cuando
la estructura organizacional favorece cierto tipo de comportamientos mientras su
declaración de visión y misión apunta en otro sentido. Por ejemplo, es común
encontrarse con una declaración de principios organizacionales con énfasis en
el trabajo en equipo, mientras la estructura organizacional – asignación de
funciones, evaluación e incluso compensación – favorece abiertamente el
trabajo individual.
5. Existe una asociación clara entre grupos de competencias y funciones de
trabajo: Aunque puede parecer obvio, se constata que efectivamente hay ciertas
competencias que son buenas predictoras de los desempeños para ciertos grupos
de funciones o áreas de trabajo. Así tenemos que las competencias técnicas
adquieren carácter diferenciador en áreas operativas de fuerte componente técnico,
que las competencias de efectividad interpersonal y comunicación son
diferenciadoras en las áreas de corte más comercial y que las competencias de
impacto e influencia también son diferenciadoras en niveles ejecutivos y
gerenciales.
6. Se observa baja exigencia en la definición de los perfiles deseados: Cuando
llega la instancia de definir los perfiles deseados, la mayoría de los
ejecutivos tienden a fijar como parámetros de comportamiento niveles de
competencia menos exigentes que los evaluados en el personal definido dentro de
la muestra. Pudiera suponerse que dicha actitud obedece a un criterio
conservador utilizado para evitar frustraciones por no poder alcanzar un estándar
más elevado que el rendimiento promedio. Sin embargo, es una política riesgosa
puesto que tiende a nivelar más hacia el promedio que hacia el desempeño
superior.
7. Existe una tendencia a definir las competencias desde lo conceptual y no
desde lo conductual: Se observa en los equipos ejecutivos de las organizaciones
una tendencia a definir "valores" como competencias. Esto dificulta su
operacionalización en conductas precisas y de naturaleza concreta. También se
constatan ciertos acuerdos generales sobre algunas competencias (por ejemplo el
liderazgo), pero sin mostrar mucha claridad sobre cómo operacionalizarlas (qué
tipo de liderazgo es el que se requiere y en qué situaciones). En otras
palabras, se continúa estableciendo las competencias organizacionales desde lo
conceptual, sin visualizar que el proceso es el contrario: observar cuáles son
las conductas exitosas reales en los lugares de trabajo, para desde ellas
conceptualizar las habilidades básicas que configuran competencias.
8. Existe una evaluación cualitativa positiva del resultado de la aplicación
del modelo de competencias: Dado que las implementaciones en Chile del modelo de
competencias son aún pocas, no existen evaluaciones cuantitativas del impacto
de éstas en la contribución al negocio, lo que se alinea con la dificultad
habitual de las áreas de recursos humanos de medir su aporte. La evaluación
cualitativa hechas por los ejecutivos de línea es que el modelo de competencias
alinea el desempeño de los trabajadores con los objetivos de la empresa, da
transparencia a las decisiones de recursos humanos, motiva a las personas por
cuanto indica claramente qué conductas deben desarrollar y les permite una visión
clara de qué hacer con las personas que supervisan.
10. Consideraciones finales.
En
las actuales condiciones, el modelo de competencias presenta algunos obstáculos
para una rápida implementación en las organizaciones chilenas. Dentro de ellos
se pueden señalar los siguientes
- Implica
una manera nueva y radical de gestionar los recursos humanos, existiendo
naturalmente barreras y resistencias importantes, individuales y
organizacionales, a este "cambio cultural".
- Implementarlo
supone una profesionalización de la organización, si no estricta por lo
menos lo suficiente como para que exista una visión estratégica en la que
se valore la fundamentación técnica en la toma de decisiones del área de
recursos humanos, condición que hoy sólo es cumplida por multinacionales o
empresas de gran envergadura dentro de nuestro medio.
- El
modelo implica a las personas exponerse ante la organización en su
conjunto, lo que lo transforma en un enfoque "amenazante" que
puede dejar al descubierto ciertas "incompetencias personales" que
han podido ser disimuladas hasta la fecha por un sistema de gestión
tradicional mantenedor del status quo, y escudadas detrás de las jerarquías
nominales que otorgan los cargos (cargos que también podrían quedar
expuestos al juicio externo).
- La
mayor objetividad del sistema, aunque resulta ser una de sus grandes
fortalezas, también puede interpretarse como inflexibilidad, especialmente
a la hora de querer realizar la gestión de recursos humanos
no
sólo en base a criterios técnicos sino también "políticos" propios
de la organización.
- Es
un modelo cuya implementación operativa puede resultar relativamente
simple, pero que posee una fundamentación teórica de difícil comprensión
y que requiere un buen manejo conceptual, no sólo de quienes deban
administrar el sistema sino también del resto de la organización en su
conjunto.
- La
implementación y mantención del modelo a través del tiempo, implica la
inversión en actividades de consultoría periódicas, la capacitación del
personal a involucrar en la operación del sistema, la generación de nuevas
tareas administrativas y comprometer tiempo del personal requerido para los
análisis y evaluaciones, entre otros, lo cual implica destinar tiempo y
recursos importantes de la organización.
De
esta manera el modelo de competencias, aunque se reconozca que puede llegar a
ser un gran aporte para la gestión, puede llegar a visualizarse por algunas
personas como un enfoque complejo, inflexible, amenazante y consumidor de
recursos.
Sin embargo, la importancia del aporte que puede significar su aplicación en
las organizaciones, justifica con creces el concentrar esfuerzos en pro de
minimizar sus dificultades y facilitar su incorporación como herramienta clave
en la gestión de personas de las empresas de nuestro país.
Nuestra experiencia indica que presentar abiertamente el modelo y sus alcances a
los trabajadores y sus organizaciones sindicales, si bien activa resistencias
iniciales, es clave en el proceso de implantación cultural, pues a corto plazo
y una vez que las personas constatan que no hay objetivos ocultos de despidos o
menoscabos, lo conciben como una oportunidad de tener un sistema de administración
de recursos humanos claro, ecuánime y centrado en sus desempeños y
capacidades. En otras palabras, los trabajadores perciben grandes ventajas con
un modelo de competencias bien administrado, siendo aliados y promotores del
mismo.
Desde la perspectiva gerencial, el modelo entrega elementos objetivables para
las decisiones de recursos humanos y, por lo señalado en el párrafo anterior,
mejora el clima laboral. Se saca las decisiones de recursos humanos de la
discrecionalidad, la subjetividad o el exclusivo uso de la jerarquía, para
llevarlo a un nivel técnico anclado en los recursos de los trabajadores y su
contribución a las metas de la organización.
El cambio cultural que implica gestionar dentro de este nuevo contexto, hace
recomendable que dicha intervención se inicie con alguna experiencia piloto en
un área determinada de la organización. De tal forma, mediante la incorporación
sucesiva de las otras áreas se pueden minimizar las resistencias y contribuir,
mediante la validación de los resultados de su aplicación, para que el cambio
cultural finalmente ocurra.
Algunas de las dificultades ya indicadas son producto de ciertas condiciones
intrínsecas del modelo, como es el caso de que las personas y los cargos queden
"expuestos" y sujetos a una evaluación en base a criterios más
objetivos. Sin embargo, estos "problemas" tienen el ángulo de
objetivar y hacer claras y comprensibles las decisiones de recursos humanos.
La implementación de la gestión por competencias se ve facilitada si se
administra instrumentalmente mediante un software que haga fácil la
implementación del proceso y genere las condiciones para integrar los
diferentes procesos de recursos humanos. Las competencias constituyen la base de
datos común que nutre a todos los procesos de recursos humanos, por lo que se
recomienda administrarla como tal.
La conceptualización del modelo de gestión por competencias, así como los
resultados que ha demostrado en el mundo e incipientemente en Chile, lo
constituyen en un enfoque organizacional y empresarial que ocupará un papel
central en la gestión de personas, pues permite el alineamiento de los talentos
y capacidades de los trabajadores con los objetivos organizacionales, aumentando
la contribución al negocio y la satisfacción personal y profesional de las
personas.
11. Referencias
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gestión de recursos humanos. Tesis para optar al título de Psicología,
Escuela de Psicología, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.
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http://www.mercado.com.ar/mercado/mo/lazzati/l24-0997/htm/L24-0997.asp
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- Lévy-Leboyer, C. (1997). Gestión de las competencias. Barcelona: Ediciones Gestión
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- Spencer, L. & Spencer, S. (1993). Competence at work: models for
superior performance. New York: John Wiley & Sons, Inc.
- Wood, R. & Payne, T. (1998). Competency based recruitment and
selection. New York: John Wiley & Sons.
Resumen
El modelo de competencias tiene a nivel mundial una importancia sustantiva en la
gestión de recursos humanos de muchas organizaciones. En Chile, las
competencias se asumen como estrategia de gestión desde 1995 y su implementación
ha sido lenta y progresiva pues se están evaluando sus resultados reales en las
empresas. El presente artículo describe la conceptualización del modelo de
competencias como enfoque sistémico e integrador de la gestión de recursos
humanos, su metodología de implementación práctica y los efectos que ha
mostrado en los diferentes sistemas de gestión de recursos humanos de algunas
empresas chilenas.
Trabajo
enviado por:
Ignacio Fernández Reyes.
ignaciofernandez@prosel.c
Director Ejecutivo.
PROSEL Consultores.
Isidora Goyenechea 2939, oficina 304, Las Condes, Santiago.
Teléfono: 4270606.
Fax: 4653239.
Ricardo Baeza Weinmann.
ricardobaeza@prosel.cl
Enviado por Ignacio Fernández Reyes y Otro Autor
Contactar mailto:ignaciofernandez@prosel.c
Código ISPN de la Publicación: EpyZVVkyZAEntFpdbM
Publicado Thursday 30 de October de 2003
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