Sabido es que los proyectos exitosos ganan espacios en el competitivo
mundo de los líderes que deben generar oportunidades para sus seguidores. Con
cada proyecto exitoso se genera una mística del éxito que abre puertas a
muchos directores, gerentes o consultores. La participación en proyectos
exitosos constituye un capital que los involucrados directamente suelen cuidar
como un tesoro. El éxito profesional es una muy buena carta de presentación.
Los medios miran de otra manera a quienes han participado en un proyecto
exitoso. Si una persona queda públicamente asociada en varios proyectos que
resultaron exitosos es considerada hasta como un referente del éxito. Se le
abren puertas que generan oportunidades de todo tipo. El Uruguay golpeado de los
últimos años necesita recuperarse y puede lograrlo de la mano de estos
proyectos.
Lo que pocos gobernantes y gobernados saben realmente es cuál es el
elemento determinante de los resultados no exitosos y de los resultados
exitosos, para poder usarlos como modelos de referencia orientando su
comportamiento futuro. ¿Cómo descartar proyectos que van a fracasar? ¿Cómo
hacer para que los proyectos sean exitosos? ¡Cuántos dirigentes están a la búsqueda
de un referente que conteste con la verdad a estas interrogantes! Por supuesto
que esas inquietantes preguntas pueden ser abordadas profesionalmente, pero
seguramente no con los resultados anhelados. Las respuestas forman parte del
secreto que los gurúes del éxito – si es que realmente saben qué contestar
- han guardado celosamente por muchos años.
Todos sabemos que no hay recetas fáciles para construir el éxito sistemáticamente.
La clave de los dirigentes prudentes es alejarse del fracaso. Para ello hay que
identificar qué proyectos fatalmente no pueden tener éxito porque no pueden
lograr las adhesiones necesarias de quienes tienen el poder sobre los medios
humanos y materiales que deben ser movilizados. Los proyectos operan como
oportunidades y amenazas para políticos, empresarios y consultores. Cada uno
debería contar con la fortaleza de ánimo suficiente para no involucrarse,
cuando la intuición le muestra que bien puede haber un presente favorable, pero
le sugiere que no va a haber un futuro promisorio. El Uruguay de los servicios
necesita aprender a decir que no a proyectos que nacen ya sin esperanza.
Para encarar proyectos exitosos los dirigentes emprendedores - actuando
como catalizadores - tienen que dar con las personas adecuadas, comprometer las
autorizaciones correspondientes, disponer los recursos necesarios y luego tener
suficiente autocontrol para no entrometerse cuando los que saben están haciendo
su trabajo. Las organizaciones con asesores intuitivos y con gerentes prácticos
apadrinan solamente proyectos exitosos. No precisamente porque no se generen en
su interna proyectos que puedan fracasar, sino porque saben distinguir entre
unos y otros y proceden eficazmente en consecuencia. El Uruguay productivo
demanda que los proyectos exitosos tengan su oportunidad, sin la participación
forzada de tantos intermediarios.
Si para un proyecto no están dadas las condiciones de partida para
lograr los resultados requeridos, nada que hagamos con clavos y alambre,
improvisando en el camino – a la uruguaya como solemos calificar estas
acciones - le dará suficiente
solidez al proceso para superar adecuadamente los obstáculos que se van
presentando. Si los propósitos, los resultados, los recursos, las
responsabilidades y las autorizaciones para encarar un proyecto no pueden
alinearse adecuadamente, es muy poco lo que pueda hacerse luego para
enderezarlo, cuando los cuestionamientos superen a la gente que conduce el
proceso y la desconfianza recorte los medios disponibles. Un Uruguay francamente
despistado necesita que estos proyectos desalineados se descarten, para evitar
males mayores.
Quienes piensan en el corto plazo consideran que la anticipación a las
situaciones desfavorables y el aprovechamiento de las oportunidades favorables,
son la clave para obtener excelentes resultados en los proyectos. Sin embargo,
hay algo más allá de los proyectos que fracasan y de los proyectos exitosos,
considerando exclusivamente cuestiones que hacen a los objetivos, los medios y
los resultados coyunturales. Debemos reconocer el valor de intentar lo que
parece imposible, aún sabiendo los riesgos que corremos, que bien pueden ir más
allá de los dictados de la razón. Porque hay veces que la lógica racional no
alcanza y debemos dar un poco más... Es necesario cierto desprendimiento
para - sabiendo que un proyecto no va a dar los resultados personales
esperados – igual prestarnos a desarrollarlo, pensando en plural los objetivos
a alcanzar.
Se genera un nuevo tipo de proyectos que, si lógicamente dudamos en
reconocerlos como exitosos, por lo menos no deberíamos atrevernos a llamarlos
fracasados. Estos proyectos especiales - “proyectos mártires” - no son
fracasos, son pasos en la construcción solidaria de un emprendimiento mayor,
que quienes tomen luego la posta, tal vez podrán llevar a feliz término, o por
lo menos realizar a su tiempo, un aporte pensando en los demás. Se trata de
emprendimientos para reencontrarnos con un propósito trascendente, que vaya más
allá de las urgencias de un ejercicio presupuestal o de las especulaciones
sobre el próximo gobierno
nacional. Un Uruguay muy deprimido necesita – hoy más que nunca - de estos
proyectos mártires para abrir camino a nuestros hijos.
Por
Carlos A. Petrella Ingeniero de Sistemas, MBA. Consultor en procesos de
transformación institucional
Carlos A. Petrella es Ingeniero en Computación
de la Universidad Mayor de laRepública (Uruguay) y tiene una maestría en
negocios y una maestría eneducación en la Universidad Católica de Montevideo.
Carlos Petrella un investigador con más de 20 años
de trayectoria encuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al
educación conamplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de
cambio.
Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y
Universidades, ha realizadopublicaciones en diversas revistas especializadas y
es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte.