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La comprension profunda de las relaciones entre empresarios, trabajadores y gobierno


Enviado por Carlos Petrella
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Resumen: A esta altura nadie duda que el Uruguay tiene cada vez mas piedras en el camino, no solo para lograr un crecimiento economico sustentable, sino simplemente para permanecer economicamente en los niveles donde esta. Mas bien lo que esta pasando es que retrocedemos.(V)


 

A esta altura nadie duda que el Uruguay tiene cada vez más piedras en el camino, no sólo para lograr un crecimiento económico sustentable, sino simplemente para permanecer económicamente en los niveles donde está. Más bien lo que está pasando es que retrocedemos.

 

Muchas veces al analizar los problemas, los vemos simplemente como grandes piedras que están en nuestro camino. Tratamos de aprender de qué están hechas esas piedras y cómo deshacernos de ellas, si nos molestan. Pensamos que si entendemos más sobre la naturaleza de las piedras, las podremos manejar mejor.

 

Así nos preocupamos cíclicamente por piedras en el camino como la tasa de desempleo creciente, los aumentos en los impuestos, la refinanciación de deudores agropecuarios, la privatización de las empresas del estado o la conveniencia de rescatar bancos en problemas.

 

No cabe duda de que saber más sobre nuestras piedras en el camino ayuda a entender mejor los problemas y a buscarles solución. Sin embargo, hay otra parte de la historia que desestimamos, al proceder de esta manera y que tiene que ver con las relaciones entre las piedras, nosotros y el propio camino.

 

No deberíamos preocuparnos también por la relación entre la presión impositiva sobre los sectores productivos y la pérdida de puestos de trabajo, por la relación entre el tamaño del Estado y nuestras posibilidades de crecimiento económico, por la relación entre el sistema financiero y los sectores productivos.

 

Podemos ver entonces nuestros problemas como piedras aisladas en el camino o como piedras relacionadas entre sí. Por un lado, procuramos analizar el mundo de los objetos y por otro el mundo de sus relaciones. Y a su vez, de ser posible considerar todo ello en el contexto en que ocurre.

 

El pensamiento sistémico nos habilita para ver el mundo de la mejor manera, incluyendo los objetos que más nos interesan, pero considerando preferentemente las relaciones que existen entre ellos. El agua, la tierra o lo que sea que está entre las piedras en el camino.

 

Ninguna organización, ningún grupo, ninguna persona es una isla. Todos formamos parte de una realidad mucho mayor con la cual interactuamos y nos relacionamos. Es más, la interacción entre las partes es la que genera la idea de sistemas, con la que deberíamos intentar comprender mejor la realidad.

 

Esta forma de pensar ampliada es una manera de identificar la naturaleza de la relación entre los objetos que nos preocupan. Entre las piedras en el camino y nosotros mismos. Es un medio para comprender mejor los acontecimientos pasados y a partir de esa base, generar oportunidades para influir sobre el futuro.

 

Si queremos abordar gran parte de los problemas nacionales que son piedras en el camino de nuestro país, hay que apreciarlos en términos de su propia naturaleza pero, más que nada, procurando comprender de la mejor manera, sus relaciones relevantes en el contexto más amplio posible.

 

De esta manera, seguramente nos daremos cuenta que muchos de esos problemas, como ser las dificultades que tenemos para obtener divisas exportando de manera competitiva, el peso de las organizaciones públicas en el presupuesto nacional o la inestabilidad laboral en el sector privado, tienen estrechas relaciones.

 

Si dejamos de ver la realidad nacional como compartimentos estancos, resistiremos mejor la tentación de apuntar con el dedo acusador en una sola dirección, superando la tendencia natural a culpar a los agentes que consideramos más distantes, cualquiera que sean, los males que nos aquejan.

 

No son los empresarios, no es el gobierno, no son los trabajadores, cada uno por su lado, los que son salvadores o destructores del país. Es la estructura del sistema productivo nacional y su particular interacción con el Estado, lo que determina en gran medida los resultados, no el esfuerzo individual de cada agente.

 

Aunque los empresarios se esforzaran al extremo para ser más eficientes en la fabricación de bienes, aunque las organizaciones del Estado cumplieran de la mejor manera con su función reguladora o los gremios lograran satisfacer legítimamente las demandas de los afiliados, esa sería solo parte de la tarea.

 

Cuando nos referimos entonces a reformas estructurales, no debemos entender simplemente que debemos mejorar la productividad en las fábricas, bajar el gasto público o realizar los mejores convenios colectivos. Hay que cambiar sustancialmente las relaciones entre empresarios, estado y trabajadores.

 

El primer paso es poder apreciar las relaciones perversas entre los componentes. Aquellas que son malas en su esencia. Las que comprometen la viabilidad del sistema como un todo. Las que nos complican la vida, no importa cual sea nuestro respectivo papel, en la realidad que nos preocupa

 

Cuestiones perversas, son por ejemplo: que a los empresarios evasores les vaya mejor que a los que cumplen, que el funcionario público no deba rendir cuentas de sus actos o que el gremialista no represente los intereses de los empleados de su empresa.

 

El segundo paso es ver las relaciones en términos de la mejora global del sistema, desterrando la concepción de que para que una parte consolide una conquista debe haber otra que acepte un renunciamiento. Esta es claramente una visión de tipo gana-pierde, que no opera en beneficio del sistema como un todo.

 

No puede tolerarse que el mayor esfuerzo contributivo del sector productivo esté pensado casi exclusivamente para cubrir sueldos de la Administración Central o que haya algunas actividades que tengan una protección empresaria o laboral a ultranza, a costillas de otras que están en el mayor desamparo.

 

El tercer paso es captar que los sistemas tienen propiedades adicionales que trascienden a las partes que lo componen. Por lo tanto, no siempre se pueden realizar mejoras sobre el sistema total, actuando solamente sobre uno o varias de sus partes constitutivas.

 

Las reformas deben apuntar en su conjunto y con adecuada sinergia; a incrementar la productividad empresarial en su conjunto, a la eficacia de capacidad reguladora del sector público y al desarrollo de mejores bases de negociación entre patronos y obreros, mediante instrumentos pensados para el sistema como algo indivisible.

 

Hoy, ante una profunda crisis, nos estamos dando cuenta que no se le puede reclamar determinación a un solo componente del sistema, sino a todos al mismo tiempo, porque no corre peligro una parte individual del todo sino, en muchos casos, la propia viabilidad del conjunto.

 

Al pretender manejar sistemas complejos no podemos ni debemos hacer sólo una cosa, hay que hacer muchas, de manera sincrónica y en todos los casos, tener claros cuales son los efectos secundarios que se producirán, y sobre todo, los más indeseados, porque serán también nuevas piedras en el camino.

 

No hay que preocuparse por el entramado de solidaridades que hemos construido como sello distintivo de nuestra sociedad, para atender a los más necesitados. Eso ya lo tenemos. Será sí necesario, encontrar vías para romper el bloqueo en nuestro parsimonioso estilo de pasar de los diagnósticos, a los cambios necesarios.

 

No será con paños tibios que lo lograremos. Los fundadores de nuestra nacionalidad tenían coraje y determinación para enfrentar con audacia la adversidad, quiero pensar que algo de ello hemos heredado. Hoy más que nunca, en medio de una profunda crisis, realmente lo necesitamos.

 

Pensar en las relaciones, con todo lo importante que pueda ser para analizar la realidad, requiere de personas comprometidas que la transformen. Es que si vemos a los sistemas sólo como capital, bienes y procesos no hemos aprendido nada. La gente es la que hace la diferencia. No otros y desde lejos, sino nosotros y aquí.

 

Si un día crecimos como país de derechos que debemos mantener, hoy es hora de recordar nuestras obligaciones. Hay que actuar son sinergia no sólo para detener el proceso de deterioro de nuestra economía, sino procurando pegar un salto cualitativo en nuestras organizaciones, para mejorar la calidad de vida de todos.

 

Los uruguayos estamos en una situación privilegiada. Las crisis son oportunidades para mejorar. Podemos ser realmente protagonistas se una refundación de nuestra manera de entender los problemas estructurales que tenemos y sobre todo, en la forma de buscarles soluciones integradoras, manteniendo el compromiso solidario.

 

Por Carlos A. Petrella Ingeniero de Sistemas, MBA. Consultor en procesos de transformación institucional

Carlos A. Petrella es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de laRepública (Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría eneducación en la Universidad Católica de Montevideo.

Carlos Petrella un investigador con más de 20 años de trayectoria encuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al educación conamplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de cambio.

Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y Universidades, ha realizadopublicaciones en diversas revistas especializadas y es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte.


Enviado por Carlos Petrella
Contactar mailto:cpetrell@ucu.edu.uy


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Publicado Thursday 13 de May de 2004