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Enviado por Lic. Carlos Nava Condarco
Código ISPN de la Publicación: EpluVZlAZyFWDXPQkg
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| Resumen: El profesional de la Estrategia y el fenomeno Competitivo La busqueda del STRATEGOS o el hombre que debe definirse como el Profesional de la Estrategia en la dinamica de los negocios contemporaneos, responde a una necesidad vital que pocas veces se reconoce con la humildad necesaria: el entendimiento y la posibilidad de actuar con ventaja sobre la Competencia.(V) |
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El profesional de la
Estrategia y el fenómeno Competitivo La búsqueda del STRATEGOS o el hombre
que debe definirse como el Profesional de la Estrategia en la dinámica de los
negocios contemporáneos, responde a una necesidad vital que pocas veces se
reconoce con la humildad necesaria: el entendimiento y la posibilidad de actuar
con ventaja sobre la Competencia.
Hasta el presente, la mayor parte de las organizaciones de negocios no han
cambiado de forma trascendental el enfoque que imprimen a su propio gobierno. A
pesar de la manifestación reiterada de preocupaciones y de buenos intentos, éstas
organizaciones sostienen, en general, un sistema de gobierno que privilegia el
tratamiento de variables y factores que se encuentran al interior de sus
estructuras. Aún están formalmente incapacitadas para dar un giro definitivo
en la gestión de sus intereses. Todavía no comprenden la necesidad vital y
absoluta de administrarse en función de los condicionamientos externos. En
muchas organizaciones estos condicionamientos son objeto de una valoración
marginal, dependiente del carácter y de la necesidad de algún factor interno.
El único hecho que permite el sostenimiento de estos negocios en el Mercado es
un estado, en general mediocre, del propio conjunto.
Esto sin embargo está cambiando rápidamente. Es probable que estos cambios no
respondan a otra cosa que a la misma inercia de los fenómenos externos, pero en
todo caso se están produciendo sin perspectiva alguna de que algo pueda
detenerlos.
Las organizaciones de negocios están obligadas a trabajar en función de los
condicionamientos externos por una razón por demás sencilla pero imponente: el
mayor fenómeno que condiciona su existencia se encuentra al exterior de sus
propias estructuras: la Competencia.
La Competencia es hoy un fenómeno organizacional de proporciones incomparables
a cualquier otro en el que se hallen involucrados los negocios. Ningún otro
factor atenta contra los intereses del Negocio de la forma en que lo hace la
Competencia. Sólo la Competencia es una variable del entorno organizacional que
tiene el propósito específico de generar “daño”, ninguna más tiene ésta
intencionalidad concreta. Ninguna otra variable se sustenta en intenciones
ordenadas para afectar los intereses del Negocio cómo lo hace un competidor.
El competidor tiene éxito en tanto sus propios intereses hayan prevalecido
sobre los del oponente. En ello invertirá todos los recursos que disponga, todo
el esfuerzo y el tiempo necesario. Lo hará, además, de manera sistemática:
una y otra vez, hasta conseguir el objetivo o fracasar en el intento.
El fenómeno competitivo no presenta opciones. Es un camino de una sola vía,
aquella que conduce desde los intereses de un competidor a los intereses de
otro. El fenómeno competitivo nunca presenta pausa. No se detiene jamás. La
dinámica que tiene se nutre del movimiento agresivo y del caos que éste
produce entre los intereses opuestos.
El fenómeno competitivo nunca presenta un rostro gentil. No puede hacerlo. No
está en su naturaleza. Su esencia provoca la existencia de problemas y de
situaciones no deseadas, y ninguna de ellas tiene carácter relativo, ni en sus
formas ni en sus efectos.
Reducir el número, el tamaño y el poder que tenga la Competencia es una
premisa vital del Negocio. A partir de ella se maximizan los resultados y se
alcanzan mejores niveles de bienestar organizacional. Nada tiene mejor efecto en
los intereses del Negocio que reducir al competidor. Por ello mismo, el Negocio
no hará nada con tanta diligencia.
El competidor es un Enemigo, si cabe respetar el significado preciso de éste
termino: “contrario, opuesto a una cosa. Aquel que tiene mala voluntad a otro
y le desea o hace mal”.
Ninguna Organización de negocios puede tener una idea diferente de la
Competencia, y tampoco puede actuar de una manera que no sea consecuente con
esta realidad. En ello no sólo se mimetizan los mayores riesgos, en ello se
juega la existencia organizacional.
Cuando se evalúan con honestidad y criterio suficiente los móviles que generan
la reducción o la desaparición de los Negocios, todo ellos conducen, de una u
otra manera a la Competencia.
Si las organizaciones tienen defectos de gestión, los resultados negativos se
exacerban desde la Competencia. Si las organizaciones adolecen de previsión, ésta
es reemplazada en el Mercado por un competidor. Incluso cuando la Organización
efectúa bien las cosas pero lo hace en grado menor que el competidor, los
resultados pueden ser los mismos.
Los juicios inapelables del Mercado están enfáticamente condicionados por los
actos de la Competencia.
La Competencia es un fenómeno que pone a prueba toda la capacidad de
resistencia, soporte, temple y capacidad que una Organización tenga.
Sin embargo, y muy a pesar que esto sea así de evidente, son pocos los negocios
que han aprendido a actuar en consecuencia.
El fenómeno competitivo cobra cada vez mas “víctimas” y así mismo cobra
mayor vigor. Se fortalece y se vuelve cada vez mas inmune. Los métodos de
tratarlo con éxito se reducen, su propia comprensión se complica a cada
momento.
Los efectos del fenómeno competitivo son notables entre las organizaciones de
negocios en occidente. Las estadísticas en casi la totalidad de las economías
del mundo occidental coinciden en señalar que el riguroso veredicto de los
mercados desplaza, año tras año, muchas mas organizaciones de negocios que
aquellas que se mantienen en la dinámica. Es significativamente mayor el número
de negocios que salen e ingresan a los mercados que aquellos que permanecen en
él durante periodos de tiempo mas largos. Sin embargo éste mismo periodo de
tiempo que la Organización de negocios promedio permanece con cierta
“salud” en el mercado, se está reduciendo.
Son cada vez mas frecuentes las fusiones, las compras de negocios enteros por
parte de otros, las “alianzas estratégicas”, las declaraciones de
bancarrota, las “reducciones” , etc.
El conjunto de las organizaciones que tienen mayor éxito, al menos durante un
periodo de tiempo mas largo, se está reduciendo en proporción al tamaño que
progresivamente adquieren las economías y los mercados del mundo occidental. Y
el propio éxito de éste conjunto pequeño de organizaciones de negocios puede
ser en esencia muy transitorio, porque en la mayoría de los casos no se
fundamenta en la capacidad propia tanto como en la relativa incapacidad del
resto. Hoy día son pocos los casos representativos de éxito sostenido en el
mercado, al menos son mucho menores que aquellos que pudieron exponer
organizaciones trascendentes de inicios del siglo XX, aquellas que no sólo
condicionaron la dinámica de los negocios en su tiempo, mas bien aquellas que
condicionaron su propio tiempo a través del negocio que gestionaron. Muchas de
ésas organizaciones de negocios se convirtieron en símbolos de progreso económico
y social que explicaban el carácter de una era y no tan sólo de una
circunstancia. Hoy las organizaciones de negocios suman millones y millones de
casos que transitan el anonimato, que nacen y mueren con la misma rapidez y que
tan sólo explican el carácter de ésta nueva era por su efecto agregado, por
su naturaleza de conjunto.
A efectos de la dinámica de los negocios nada resulta mas apropiado que la
existencia del Mercado Libre. Sin la existencia de éste los negocios pierden su
medio ambiente de sustento natural, del mismo modo que lo haría un pez fuera
del agua. Solamente la dinámica del Mercado puede calificar un Negocio. Fuera
de éste contexto el concepto de Negocio se convierte en una propiedad del Poder
establecido “por decreto”, y con ello carece ya de cualquier tipo de dinámica.
Sin embargo la propia fortaleza de los mercados es un producto de la fortaleza
de los negocios que con su actividad cotidiana lo explican, y en éste sentido
el sistema entero de Mercado Libre precisa contar con negocios que sean algo mas
que transitorios o resultado de éxitos fugaces.
Si bien el Mercado finalmente califica el desenvolvimiento de los negocios, el
fenómeno que establece las pruebas, las exigencias, los obstáculos a vencerse,
las dificultades y todos los trascendidos, es la Competencia.
El Mercado Libre permite y fomenta la existencia de Competencia entre todos los
actores que en él se hallan involucrados. La Competencia es un factor de
sustento y de seguridad para el propio estado de bienestar del Libre Mercado.
Entre mayor sea ella, mayores son los fundamentos sobre los que se apoya la
estructura conceptual del Mercado Libre.
Y como fenómeno, el Mercado Libre ha cumplido bien con su tarea en el mundo
occidental, porque ha llevado el grado de Competencia entre los agentes
implicados hasta un grado nunca antes visto. Uno que además se torna
desconocido a una velocidad impresionante, se transforma cada segundo.
El sistema de Libre Mercado entiende los efectos que la Competencia entre los
actores le genera a su propio estado; lo puede medir y evaluar con precisión y
con tranquilidad. Por ello el sistema evoluciona como pensamiento ordenador de
las dinámicas económicas y sociales de forma permanente, no se detiene, va mas
allá de las consideraciones filosóficas que circunstancialmente lo ponen a
prueba (lo que además resulta absolutamente necesario y beneficioso).
El problema para los negocios no radica en el estado final que alcance la
explicación misma del sistema de Libre Mercado, el problema radica en la
comprensión y en la capacidad de interactuar con el fenómeno de la
Competencia, que tan íntimamente viene vinculada con aquél.
Los negocios comprenden el Mercado Libre mucho mejor que el fenómeno de la
Competencia que le da forma y sentido. Y comprenden mucho mejor la propia
Competencia, que la forma de actuar con ventaja ante ella.
Como Sistema, el Libre Mercado aventaja en mucho al desarrollo de mecánicas
competitivas en los negocios, porque entre otras cosas, el Sistema se nutre
favorablemente de cada pequeño paso que los negocios dan para entender y
aplicar mejores mecánicas competitivas, y en el proceso plantea nuevas y mas
complicadas exigencias, en un circuito que puede no tener fin para los negocios.
Los negocios precisan entender profundamente el fenómeno que la Competencia
implica y actuar ante ella con ventaja, pero deben conseguir ambas cosas en el
ritmo que exige el sistema de Libre Mercado, para conseguir, al menos, un
equilibrio básico entre sus propios actos y los efectos que ellos mismos tendrán
como respuesta del Sistema. Si ello no se consigue, los negocios se encontrarán
siempre en desventaja frente al grado de evolución del Sistema que los califica
y con ello sujetos a una perpetua y costosa mecánica Reactiva.
Los negocios deben tratar de “dominar” la Competencia y el Sistema de Libre
Mercado, antes que en efecto ellos terminen por dominarlos. Y esto sólo se
consigue en el afán de ser Activos y no Reactivos ante ellos.
La mayoría de los negocios no han conseguido situarse en éste estado y los
pocos que prevalecen (o que al menos no sucumben con mucha rapidez), lo
consiguen como efecto del mejor gobierno posible de la Inercia: ésa capacidad
de “manejar con habilidad las cosas” a medida que se van presentando; ésa
capacidad de “reaccionar” bien, o al menos mejor que otros ante los
planteamientos del Sistema.
El motivo por el que las cosas se encuentran de ésta forma es uno que está
revestido de una conmovedora sutileza:
El Libre Mercado es un Sistema, la Competencia es un Fenómeno amparado por el
primero. En cambio los Negocios no son ni lo uno ni lo otro, al menos en términos
comparativos con los primeros.
El Libre Mercado y la Competencia no responden al dominio de ningún hombre o
grupo de hombres en particular, en esto se explican como fenómenos. En cambio
los negocios son organizaciones de hombres.
El Libre Mercado y la Competencia son atemporales, los negocios no. El Libre
Mercado y la Competencia no se desenvuelven entre límites físicos de
“espacio”, los negocios sí.
Los negocios son, en resumen, una cuestión de personas, el Libre Mercado y la
Competencia no.
Cuando una situación así se presenta las personas no pueden, por un lado,
condicionar el Sistema, deben adaptarse a él; y por otra parte no pueden
responder al Sistema pretendiendo a su vez “construir” un Sistema. Es
absolutamente indispensable que “personalicen” las respuestas.
Este es un juego de individuos ante Sistemas.
El hecho que muchos negocios no alcancen éxito sostenido en el tiempo se debe a
uno de estos dos hechos:
a) No se adaptan lo suficientemente bien al
Sistema.
b) Pretenden “construir” sistemas de respuesta ante el propio Sistema.
El primer caso es, en teoría,
mas sencillo de resolver, porque en los hechos se trata de una cuestión de
Conocimiento.
El segundo caso es mucho mas complejo y mucho mas nocivo en sus efectos finales.
Poco queda por decir sobre la necesidad que las organizaciones de negocios
conozcan profundamente el sistema para poder adaptarse a él.
Sin embargo el afán de “construir sistemas para responder al Sistema”
merece mas atención porque involucra a muchos actores, entre ellos
esencialmente a los hombres de negocios y a los pensadores del mundo de los
negocios.
Durante muchos años ambos se han enfrascado en la tarea de “construir”
sistemas de respuesta bajo la forma de Conceptos, Premisas e Hipótesis que
permitan a las organizaciones actuar con ventaja sobre la Competencia y de ésta
manera alcanzar un veredicto favorable del sistema de Libre Mercado.
Estos conceptos, premisas e hipótesis se han convertido en un Sistema con
derecho propio. En un Sistema de Pensamiento que condiciona la Acción, uno que
en muchas oportunidades alcanza, además, carácter imperativo.
Este Sistema de Pensamiento pretende alcanzar dominio sobre el otro, hasta el
punto que viola, incluso, la demanda de tener que adaptarse a él.
El problema es que los Sistemas de Pensamiento, en tanto que deben entenderse
como conclusiones positivas de personas que precisamente “piensan” como
enfrentar los fenómenos, nunca alcanzan el ritmo y la dinámica que tienen la
Competencia y el Libre Mercado. Mientras un Sistema de Pensamiento se
estructura, los Fenómenos ya han evolucionado mas allá de los márgenes
contemplados por aquél y los negocios terminan por adoptar sistemas de
pensamiento y de acción que rara vez pueden “contemporizar” y ajustarse a
las demandas que exigen los Fenómenos.
Estos Sistemas de Pensamiento están dotados, por supuesto, de mucha técnica,
mas allá que emerjan como producto de conceptos. Si no fuesen planteamientos técnicos
poco tendrían de práctico para enfrentar efectivamente la fenomenología
competitiva y de Libre Mercado.
Es realmente increíble observar como la ciencia de Administración de Negocios
se encuentra plagada de técnicas para resolver problemas vinculados a los Fenómenos.
El planteamiento de éstas técnicas excede todo cálculo, no tiene límite
alguno, es un torbellino de propuestas que adopta, incluso, la forma de los
bienes que se ponen “de moda”: las matrices insumo-producto, las curvas de
experiencia, los círculos de calidad, los sistemas de administración de
calidad total, la reingeniería, el “downsizing”, la Planificación Estratégica,
prácticamente todo el instrumental de Mercadeo, etc, etc, etc.
Y no es que las técnicas sean en esencia malas como componente central de estos
Sistemas de Pensamiento. El problema es que llegan solas, dramáticamente
independientes, ajenas al Individuo que las debe entender y poner en práctica.
Con seguridad existen muchas mas técnicas que personas capaces de entenderlas y
darles un uso efectivo.
Esto es lo mismo que imaginar un conjunto de hermosas herramientas de carpintería
que se encuentran al acceso de todos, sin que entre ellos existan precisamente
muchos carpinteros, o los profesionales que le darán el mejor uso.
El énfasis en el planteamiento de “construir sistemas” que respondan al
sistema está consiguiendo precisamente eso: crear muchas herramientas de
carpintería y pocos carpinteros.
Esta no es la forma razonable de entender y encarar un Sistema, mucho menos uno
como la Competencia o el Libre Mercado.
Estos sistemas deben comprenderse y enfrentarse a partir de Individuos: personas
que interactúen con ellos de manera profesional, con absoluto conocimiento,
solvencia y carácter, porque entre otras cosas la naturaleza de estos fenómenos
exige mucho mas que saber, exige temple y valor.
La idea es formar profesionales en el entendimiento y en la interacción con el
fenómeno competitivo y de Libre Mercado, no únicamente construir Sistemas de
Pensamiento que sustenten técnicas en la mayor orfandad.
Dado que las organizaciones están formadas por individuos, éstos son los que
en última instancia deberán adaptarse a los sistemas y actuar con ventaja en
ellos. Y si de formar sistemas se tratara, entonces deben formarse Sistemas de
Profesionales que puedan entender y actuar positivamente sobre los Fenómenos. Sólo
entonces se justifica el desarrollo enfático del Pensamiento y de las técnicas.
Ahora bien, si quienes actualmente defienden el desarrollo independiente del
Sistema de Pensamiento y de las técnicas, entienden que los Profesionales en el
fenómeno competitivo y en el sistema de Libre Mercado ya existen en las
organizaciones de negocios, corresponde corregir éste precepto enfáticamente.
Desde hace más de veinte años atrás está reconocido el hecho que la
Administración como ciencia de gobierno de las organizaciones de negocios tiene
esencialmente una lógica de entendimiento y de trabajo hacia el interior de la
Organización. Un enfoque “hacia adentro”.
La Administración ha desarrollado notablemente su acción sobre todas las
variables que explican la dinámica interna de las organizaciones, y así ha
formado a los profesionales llamados a dirigirlas.
Son recientes los esfuerzos para cambiar o complementar el enfoque (no tienen
mas de veinte años en su concepción estructurada). Y en muchos casos estos
esfuerzos “parten” de las construcciones conceptuales de la Administración
y desde allí tratan de optimizarse, dejando con ello muchas fundaciones débiles.
No pasan mas de cuatro o cinco generaciones de profesionales en Administración
que de una u otra forma han iniciado la “exploración” entre los
conocimientos de las variables que externamente condicionan el desenvolvimiento
de la Organización. Este lapso de tiempo es muy corto y el escaso trabajo empeñado
en él no justifica la afirmación que hoy se cuenten con Profesionales
profundamente entendidos en la materia.
Algo similar puede afirmarse con respecto al conocimiento específico de lo que
es la Competencia como elemento generador del Conflicto para la Organización.
Su tratamiento ha sido, en el mejor de los casos, apenas superficial.
Por último, la propia asignación de funciones y de responsabilidades en las
estructuras organizacionales, aún le quita mérito e importancia al tratamiento
particular de variables medioambientales como la Competencia. Son pocas las
organizaciones de negocios que asignan éste tratamiento privilegiando su
sensible valor. Generalmente lo hacen entre otro conjunto de funciones y de
responsabilidades o asignan la tarea a equipos que llevan adelante procesos de
planificación.
A manera de instrumentalizar el estudio y entendimiento de la Competencia y
otras variables del entorno, desde fines de los años 70 (no antes), tanto
hombres de negocios como estudiosos de la temática, recurren a conceptos como
el de Estrategia. Entienden que a partir de él enfocan la atención de la
Organización hacia su entorno.
Sin embargo el propio concepto de Estrategia es incluido entre los Sistemas de
Pensamiento que se nutren de las raíces poco sólidas de la Administración
tradicional para enfocarse “hacia fuera”. Y lo hacen hasta tal punto que hoy
NO EXISTE un consenso en el mundo de los negocios sobre la interpretación
precisa que se debe tener de Estrategia. Las formas de entenderla son
innumerables y tan sólo comparten ése imperioso afán de tratar de comprender
y actuar con ventaja sobre los Fenómenos externos que condicionan el
desenvolvimiento de la Organización.
Si existe algún fundamento para remitirse a los “expertos” en Estrategia,
éste conduce, generalmente, a individuos con conocimiento de complejos sistemas
y procesos de planificación. Allí ha concluido fundamentalmente el aporte de
la Estrategia, dado el origen y el móvil que tiene su utilización actual.
No existen pues ni los conocimientos necesarios ni los Profesionales apropiados
para el entendimiento y la acción en fenómenos como la Competencia y otros
similares que emergen del desarrollo del sistema de Libre Mercado en las economías
occidentales.
No los hay, al menos, con el necesario enfoque y bajo la premisa que éste
constituye el camino adecuado para encarar los Fenómenos.
El presente libro pretende transitar caminos que de alguna manera conduzcan a la
identificación y a la formación de ése Profesional.
Esta caminata intelectual gravita alrededor de la precisión de ciertos
conceptos básicos, muchos de los cuales acompañan a la Administración desde
hace mucho tiempo, pero hasta el presente la acompañan en calidad de “minusválidos”,
porque ella misma les ha dado ésa condición.
En tanto que la Administración alcanza grados de verdadera sofisticación en el
planteamiento de técnicas de Mercadeo, olvida la trascendental gravitación de
las Ventas. En tanto que trata de enriquecerse a sí misma con el desarrollo de
técnicas de gestión, olvida el estudio profundo de la Organización, elemento
estructural de su razón de ser. En tanto que se esfuerza por calificar en su búsqueda
teleológica, olvida el sentido básico de Negocio, único aspecto que genera su
existencia. En tanto que trata de hacer gala de su naturaleza de ciencia sincrética
acudiendo a la Estrategia para explicar “ciertos” aspectos de su interés,
olvida que al tratar con ella interactúa con el que probablemente es el sistema
mas antiguo y enriquecido de gobierno organizacional, del cual, incluso, ella
misma desciende. En tanto la Administración se juzga a sí misma como el
concepto de gestión idóneo para tratar con el perpetuo y omnipresente
Conflicto que rodea el quehacer organizacional, termina mas bien, siendo
frecuente víctima de El. Y por último, entre que asume su extenso
entendimiento del Individuo que forma parte de la Organización, aún no
descubre ni forma a aquél que le brindará el entendimiento y el ejercicio
cabal en la interacción con el fenómeno competitivo.
En este libro muchos de ésos aspectos gravitan de una manera diferente:
El Negocio es el justificativo final de la existencia de la Organización.
Negocio proviene del vocablo latín “negotium” que significa: “actividad
que genera utilidad, interés o provecho para quien la practica”.
Bajo ésta premisa todas las organizaciones están sustentadas por un Negocio,
porque ninguna de ellas se forma ajena al sentido de utilidad interés o
provecho en el ejercicio de sus actividades. Y no sólo las organizaciones
empresariales, tampoco la familia y el Estado, en los extremos de las
instituciones llamadas por su naturaleza a ser “administradas”.
En las organizaciones empresariales no todas las actividades generan utilidad,
interés o provecho con la misma jerarquía, tan sólo lo hacen las funciones de
Producción y de Ventas. Alrededor de éstas, todas las demás funciones deben
entenderse como de apoyo y deben justificar su existencia (y su tamaño) únicamente
como efecto de la existencia y la necesidad de aquellas.
Las funciones de Producción y Ventas explican el Negocio de una Organización,
sólo ellas. El resto de las tareas en una Organización son una consecuencias
de éstas primeras.
Y dado que debe asumirse que las organizaciones no producen nada que no
entiendan que puede venderse, entonces la función de Ventas tiene preeminencia
sobre la de Producción, convirtiéndose en la función organizacional que por
excelencia perfecciona el Negocio.
Las Ventas, por ello mismo, se encuentran ubicadas en un sitial que no puede
alcanzar ninguna otra tarea en la Organización, incluida, por supuesto, la
Mercadotecnia, la misma que se incluye sólo como un conjunto de técnicas
destinadas a soportar la tarea vital de Ventas.
El afán de perfeccionar el Negocio por medio de las Ventas coloca a las
organizaciones en un estado de Conflicto, ocasionado por el hecho que existen
otras organizaciones que buscan lo mismo, y tienen por ello intereses opuestos,
antagónicos. Esto es la Competencia. El elemento motriz del perpetuo Conflicto
que enfrentan las organizaciones en su afán de perfeccionar su Negocio.
La Estrategia, por otra parte, es un concepto milenario que la mente humana ha
desarrollado para enfrentar el Conflicto entre intereses opuestos. De allí que
constituya elemento fundamental en el afán de las organizaciones para
perfeccionar el Negocio. La Estrategia es precisamente el concepto de gobierno
del Negocio. Y dado que éste último se explica por medio de las Ventas, la
Estrategia es primero, después y siempre Estrategia de Ventas.
El termino de Estrategia no puede estar reservado para nada más en las
organizaciones. Conceptualmente no existe nada que pueda llamarse Estrategia de
Mercadeo, Estrategia de Finanzas, Estrategia de Recursos Humanos, Estrategia
Organizacional, etc. El termino está reservado en estado virginal, limpio y
puro para las Ventas.
Alrededor de la Estrategia de Ventas la Organización desarrolla todos sus propósitos,
sus inquietudes, sus programas de acción y el resto de sus intereses. Solamente
así se perfecciona el Negocio y se alcanza un eficaz rendimiento competitivo.
La Estrategia tampoco puede entenderse como un Plan (ésta es otra “construcción”
completamente mal concebida). La Estrategia interactúa con el Conflicto y éste
solo entiende la Acción. Una cosa es un Plan y otra cosa la Estrategia. Ni a
uno ni a otro le conviene o le interesa tamaña confusión.
Puede aceptarse que la Estrategia es una “forma de Pensar”, o una forma de
hacer las cosas que se gesta entre los entramados de la mente de las personas,
pero en todo caso es una forma de Pensar sobre el Conflicto y las opciones
existentes para dirimirlo a favor de los intereses propios. Y en ése sentido
trabaja siempre a favor de los intereses del Negocio.
Tampoco la Estrategia presenta libertades mayores cuando se explica como una
“forma de Pensar”, porque hasta en ello se fundamenta en la existencia de
principios propios, en éste caso los Principios Estratégicos.
Los Principios Estratégicos resumen sabiduría milenaria de innumerables
ocasiones y formas en las que el hombre ha interactuado con el Conflicto.
Probablemente su aplicación es más válida hoy que el momento en que fueron
concebidos.
Se hace Estrategia cuando se aplican Principios Estratégicos, los mismos que
además son innumerables, pero siempre orientados a la resolución del
Conflicto.
La Estrategia, por otra parte, es un termino que etimológicamente proviene del
vocablo griego “strategos”, que significa General.
En origen la Estrategia no tiene un significado diferente, mucho menos alguno
que conduzca a la enorme confusión que se tiene hoy día.
El significado ni siquiera alude a un verbo, alude a un individuo: el General,
el Comandante de las fuerzas militares llamadas a resolver un Conflicto.
Es cierto que debe asumirse que el propio termino emerge del verbo
“stratego” que alude al acto de planificar la destrucción de los enemigos
en razón del uso eficaz de los recursos, pero concluye en una remisión directa
al individuo, tratando de indicar enfáticamente que el acto le corresponde intrínsecamente
a ESE individuo.
Así las cosas, entonces Estrategia significa aquello que en esencia hace el
General, el STRATEGOS.
La Estrategia termina por lo tanto siendo una concepción absolutamente
personalizada, vinculada a la tarea de un individuo.
Amparado en ésta deducción, este proyecto plantea que Estrategia es la
función del STRATEGOS. Con ello el énfasis de la definición se traslada
del Objeto al Sujeto, al Individuo.
Si Estrategia es todo aquello que hace el STRATEGOS para dirimir el Conflicto a
favor de los intereses propios, entonces el enfoque, el estudio, debe
concentrarse en el Hombre.
Si se define QUE debe hacer el STRATEGOS y COMO debe hacerlo en su interacción
con el Conflicto, se concluye por definir lo que Estrategia ES.
Así, el STRATEGOS se convierte en el Profesional de la Estrategia, en el
entendido principal de la resolución del Conflicto, en el agente fundamental de
conocimiento e interacción con el factor motriz del Conflicto: la Competencia.
El STRATEGOS constituye la respuesta que la Organización tiene para interactuar
ventajosamente con el Sistema de Libre Mercado y su sostén: el Fenómeno
competitivo.
Por último, y para poder desarrollar su tarea de manera apropiada el STRATEGOS
precisa conocer con profundidad la Organización. Porque de ella emergen los
esfuerzos colectivos, por medio de sus recursos se ejecuta la Estrategia y para
el mejor beneficio de ella se persiguen los resultados.
En el Ejército, ésa Organización de la que tantas cosas hereda la ciencia
administrativa, el STRATEGOS tarda no menos de veinte años para llegar a ésa
condición. Todo éste tiempo lo invierte en conocer la Organización hasta en
sus mínimos detalles.
El conjunto de lo que es la Organización, el STRATEGOS, la Estrategia y el
Conflicto, se llama en éste proyecto LO ESTRATÉGICO.
Precisamente cada una de sus cuatro partes componentes le da forma a un capítulo
correspondiente.
No es sencillo determinar el alcance que el proyecto en sí pueda tener. Existen
muchísimas limitaciones. Pero en tanto constituya una herramienta en la toma de
conciencia y formación del STRATEGOS y su necesaria preparación para las
tareas que exige el fenómeno competitivo, habrá cumplido su objetivo.
Enviado por Lic. Carlos Nava Condarco
Contactar http://www.elstrategos.com
Código ISPN de la Publicación: EpluVZlAZyFWDXPQkg
Publicado Friday 14 de May de 2004
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