Jorge
Viñas, el vendedor, acaba de ser informado de que los máximos responsables de
Metales Unidos, una empresa cuyos pedidos pueden permitir que su empresa supere
la crisis que atraviesa, acaban de llegar a recepción.
Avisa
a su vez al Director comercial porque la calidad e importancia de los visitantes
requiere la presencia de un alto directivo para recibirles.
Cuando
el Director Comercial va a unirse a Jorge, su secretaria le avisa que el
Director General requiere su presencia en el taller. Con insistencia.
Molesto,
el Director Comercial renuncia a atender debidamente a estos importantes
clientes para satisfacer a la llamada, injustificada, de su Director General.
Al
final terminan perdiendo la venta y el cliente.
Tiempo
es poder
Varios
de vosotros habrán visto esta escena en la película "Quién asesinó la
venta". Esta impresionante película de formación, realizada en los 60,
evidencia los errores cometidos por toda un empresa para perder una venta, sin
que nadie de hecho se sienta más culpable que otro.
He
elegido centrarme en la citada escena porque pocas cosas han cambiado desde la década
de los sesenta en este aspecto: el tiempo es poder.
Cuál
de los responsables de una empresa o de un departamento, cuando le surge una
preocupación, no convoca inmediatamente a los colaboradores que podrían aclarársela,
o si le surge una "gran idea" no improvisa de inmediato una reunión
para discutirla.
Y
los colaboradores actúan del mismo modo con sus propios colaboradores, sin que
nadie se preocupe realmente de si va a desorganizar el trabajo colectivo de la
organización.
Existe
un reconocimiento implícito, y por tanto jamás replanteado, de que el trabajo
de un superior jerárquico es siempre más importante que el de sus
colaboradores y, por consiguiente, que su tiempo es más precioso.
Disponer
libremente del tiempo de sus colaboradores es afirmar claramente su propia
importancia y poder.
Aunque
no sea consciente, aunque cada vez se encuentren buenas justificaciones de este
canibalismo del tiempo de otros, no deja de ser el síntoma de una organización
completamente volcada hacia arriba y enfocada a la centralización jerárquica.
Y ya sabemos que no son necesariamente las más eficaces.
En
el libro "General Motors: el amargo despertar" Mary Ann Keller
explicaba, en referencia a las plazas de aparcamiento reservadas para los
directivos, que no hay forma de decir a algunos empleados que son más
importantes para la empresa sin decir a los demás que lo son menos. Me pregunto
si existe una forma de decirles que nuestro tiempo es más importantes sin
decirles claramente que el suyo no lo es tanto.
Poder
y contrapoder
Los
jefes no son los únicos que pueden disponer del tiempo de otros. En nombre de
una política de permanente disponibilidad y de puerta abierta, algunos mandos
se ven desbordados por las interrupciones de sus colaboradores en cualquier
momento.
¿Un
empleado tiene una duda sobre cómo resolver un problema? acude inmediatamente a
su jefe para que se lo resuelva. Y como este lo hace, el ciclo se reproduce y
algunos mandos se quejan de que "no me han dejado hacer nada hoy".
Otorgar
o no su tiempo a la organización cuando lo pide es también una expresión de
poder.
-
María ¿podría Usted quedarse una hora para ayudarnos a terminar este
proyecto hoy?
-
Lo siento Señor, hoy he quedado para xyz, Usted sabe que la empresa me
debe dos días de vacaciones del año pasado. Hoy me resulta imposible, lo
siento.
Del
mismo modo que estar en situación de exigirlo es también una manifestación de
poder.
-
Lo siento yo, María, pero tendrá que cancelar su compromiso.
(autoritarismo).
-
Lo siento María, Usted sabe lo importante que tiene este proyecto. Sé
que su sacrificio no pasaría desapercibido arriba, no me gustaría tener que
decir que Usted se negó. (chantaje).
Poder
horizontal
La
relación entre tiempo y poder también se hace patente a nivel horizontal de la
organización. La capacidad que tiene uno de conseguir algo de un colega u otro
departamento con prioridad o preferencia (entendemos de forma repetida, no
excepcional), es una manifestación de su poder: el poder de que otro renuncie,
de forma habitual, a sus prioridades para satisfacer la del demandante.
Puede
que sea un mayor indicador del verdadero poder de una persona que el nivel jerárquico
oficial. De hecho, hay personas en la organización que se dedican de forma más
o menos sistemática a desorganizar el planning de otros, en nombre de un interés
mayor, de un requisito que "ya sabe, viene de arriba", o cualquier
otra buena razón.
Pero
al fin y al cabo, consciente o inconscientemente, con o sin volunta explícita,
disponer del tiempo de los demás es un acto de PODER.
Cómo
evitar desorganizar a los demás
Aunque
parezca una evidencia, la primera respuesta es organizándose a sí mismo.
Resulta muy cómodo utilizar a los demás para suplir nuestras propias carencias
de planificación.
Cuando
tenemos esta "idea genial" o esta "duda urgente", debemos
aprender a renunciar a usar la vía de la comodidad. Apuntemos y reflexionemos;
intentemos hallar una respuesta por nosotros mismos; aplacemos la urgencia,
porque salvo tal vez los bomberos que no pueden planificar los incendios,
siempre hay una manera de planificar las respuestas a las urgencias. De hecho,
casi nunca las interrupciones de la organización son urgencias. Son
comodidades; cuando no muestras de nuestro poder sobre los demás.
Cuando
un Director improvisa una reunión de ocho mandos intermedios, está
desorganizando el trabajo de ocho personas, pero al mismo tiempo, está dando el
modelo de que estas ocho personas pueden, ¿deben?, desorganizar el trabajo de
treinta o cuarenta empleados repercutiendo reuniones improvisadas en su propio
departamento para aportar la respuesta urgente.
Cómo
evitar a los caníbales de tiempo
Si
somos aquel jefe de la puerta abierta, debiéramos recordar que resolviendo
nosotros mismos los problemas de los demás, los hacemos más dependientes (¡vaya!
otra vez esta sensación de poder ¿no?). Si queremos luchar contra la
centralización y la delegación hacia arriba, debemos procurar que nuestros
colaboradores sean capaces de resolver sus problemas; y hacerlos por ellos no es
precisamente la mejor manera de conseguirlo.
Imaginad
un momento que sois el coach (entrenador) de un tenista. Este tiene un fallo en
el saque, demasiado cortado, demasiado lento. ¿Qué haría? ¿Cogerle la
raqueta y sacar en su lugar? "Oye Entrenador, voy atrás en el marcador, ¿podría
salir a sacar por mi?" Sin embargo viene a ser lo que muchos jefes hacen en
las empresas.
¿Dónde
está el poder?
Es
interesante preguntarnos dónde está realmente el poder en las empresas. El
poder estatutario, no nos cabe duda. La autoridad natural, entendida como la
capacidad de tener seguidores, ya es más discutible. Pero ¿y el poder de hacer
funcionar la organización? y el poder de satisfacer a los clientes, de ganar
eficacia, de lograr los objetivos, de mantener un grupo cohesionado, ¿dónde se
halla? ¿quién tiene este poder?
Os
dejo con la pregunta. Puede que esta respuesta sea común también a otras
muchas preguntas.
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