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La transicion empresarial
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Enviado por Daniel Echaiz Moreno
Código ISPN de la Publicación: EplklkAFpVwMybMGtd
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| Resumen: Una de las mas grandes corporaciones mundiales como es The Coca-Cola Company enfrenta un problema que en no pocas ocasiones resulta ser “el talon de Aquiles” de grandes empresas, muy emblematicas y cuyo poderio se ha forjado alrededor de unas cuantas personas; nos referimos a la transicion empresarial, el cambio de mando o, para ser mas rigurosos, la sucesion en la presidencia ejecutiva de la colosal firma.(V) |
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Una de las más grandes
corporaciones mundiales como es The Coca-Cola Company enfrenta un problema que
en no pocas ocasiones resulta ser “el talón de Aquiles” de grandes
empresas, muy emblemáticas y cuyo poderío se ha forjado alrededor de unas
cuantas personas; nos referimos a la transición empresarial, el cambio de mando
o, para ser más rigurosos, la sucesión en la presidencia ejecutiva de la
colosal firma.
The Wall Street Journal
Americas nos informa que, ante el anuncio formulado por Douglas Daft en febrero
del 2004, en el sentido que a finales de este año abandonaría la presidencia
ejecutiva de The Coca-Cola Company, ya empezó una agresiva búsqueda de su
sucesor. Sin embargo, lo curioso de este caso es que, definitivamente, no se
cuenta con la persona idónea dentro de la propia corporación por lo que han
empezado una “pesca” fuera de sus aguas y, así, se barajan nombres como
Kerry Clarck, vicepresidente del directorio de Procter & Gamble Corporation;
Robert Eckert, presidente ejecutivo de la fabricante de juguetes Mattel; y el
favorito James Kilts, presidente ejecutivo de Gillette Corporation[1].
Al
respecto, Jeffrey Sonnenfeld, director asociado de la Escuela de Negocios de la
Universidad de Yale y quien es citado por la fuente ya mencionada, acota:
“Esta es una de las pocas grandes compañías que ha tropezado en una sucesión”.
En
efecto, hace algún tiempo, la transición empresarial dejó de ser un problema
inevitable en el escenario mundial y es que, paulatinamente, empezó a prestársele
la debida importancia. Las empresas ya no tienen que sucumbir ante el
alejamiento de su gestor y ello obedece a que su existencia va más allá de la
vida de quien fue su fundador. La apertura de los mercados, la cotización bursátil
de las sociedades y la gestión profesional e independiente de los negocios son
algunos de los factores que influyen para que las empresas sean mucho más que
el simple reflejo de sus socios controladores y/o influyentes administradores.
Hoy
en día, alrededor de las firmas, y más aún de aquellas que califican como
globales, encontramos a los grupos de interés con legítimas expectativas en su
desarrollo y futuro tanto a corto, mediano y largo plazo; por lo tanto, las
corporaciones están obligadas para con esos grupos de interés. ¿O es que
acaso Telefónica no tiene un compromiso con el más de un millón setecientos
mil socios que posee?[3].
Por supuesto que sí y no sólo ante ellos, sino también respecto a quienes son
sus usuarios, acreedores y trabajadores, por mencionarlos a modo de ejemplo.
Lograr
una eficaz sucesión empresarial sin que se afecte la estructura de la firma es
uno de los objetivos de la teoría del gobierno corporativo que, entre otros
asuntos, procura desligar firmemente la propiedad de la gestión de la empresa.
Dicha sucesión implica asegurar la continuidad de la corporación, la captación
de profesionales externos y el establecimiento de metodologías para el
paulatino proceso sucesorio, todo ello en aras de lograr una transición que no
sea traumática en los niveles interno (respecto a la generación que se
despide) y externo (en cuanto a los inversionistas).
Algunos
ejecutivos se enclavan en los cargos de dirección estratégica, a tal extremo
que los propios inversionistas consideran que la empresa es lo que es por esos
ejecutivos, con lo cual la corporación pierde sentido de supervivencia y está
condenada al muy probable fracaso con el alejamiento de su líder gerencial. De
ahí que Sandy Weill, calificado como “el rey del capital” por sus
millonarias y acertadas transacciones comerciales, provoque gran simpatía entre
los inversionistas; por ello, el ex director de Hayden Stone, Don Stroben,
resalta “su capacidad para hacer que la gente lo siga, le preste dinero y lo
respalde”[4].
Merecería nombrarse a varios ejecutivos de larga trayectoria en sus respectivas
empresas, pero sólo citamos a tres: Jack Welch, de General Electric; Frederick
Smith, de Federal Express; y Bill Gates, de Microsoft, con la atingencia que los
dos primeros ya consiguieron con éxito la transición empresarial.
Ciertamente,
el cambio de mando puede ser difícil para algunas firmas de naturaleza
tradicional y, con mayor razón, si se trata de empresas familiares. Aquí
tenemos el caso del emergente Grupo Huntsman cuyas firmas Huntsman Chemical,
Huntsman Packaging, Huntsman Speciality Chemicals y Huntsman Corporation
ofrecen, en conjunto, empleo a más de 15 mil trabajadores en 30 ciudades[5],
pero cuyo patriarca Jon M. Huntsman se resiste a cotizar su corporación en la
Bolsa de Valores[6] para evitar el ingreso de nuevos socios, por lo que hay
quienes vaticinan que, de seguir así, el Grupo Huntsman perderá su espíritu
emprendedor al mismo tiempo en que se vaya su legendario fundador.
Algunas
de las excusas más comunes (y erradas) para evitar la sucesión empresarial se
sintetizan en las siguientes frases: “nadie puede llevar el negocio tan bien
como yo”, “tengo varios posibles sucesores y no quiero equivocarme al
escoger entre ellos” y “quien venga cambiará la forma cómo funciona el
negocio”[7].
Lo cierto es que la transición empresarial es, actualmente, un tema inevitable
para aquellas empresas que son conscientes que “viven” en un mundo
globalizado; para conseguirla sugerimos puntualmente lo siguiente:
-
Definir el plan estratégico de la firma, para saber cuál es su misión
y su visión, cuál es la estructura corporativa y cuáles son las proyecciones
de la empresa.
-
Procurar el trabajo (y aprendizaje) en equipo, a efectos que diversos
ejecutivos vayan sido entrenados paulatinamente y en la propia realidad de la
corporación sobre la conducción y el funcionamiento de la misma.
-
Establecer una clara política de ascensos y, con ella, una carrera
gerencial dentro de la firma, en la cual se atienda a los méritos de los
postulantes y se garantice la transmisión de los cargos cada cierto tiempo.
-
Ofrecer a los inversionistas y, en general, al mercado la imagen de una
empresa sólida, eficiente y con proyección que en vez de ser identificada con
un reducido grupo de ejecutivos individualizados, se le vincula a una plana
gerencial de altísimo nivel profesional, con decisiones acertadas que la
consolidan en el mercado y con inversiones creativas que reditúan en beneficio
de los socios.
Finalmente,
como una demostración de lo que significa una transición empresarial ordenada
es de mencionar el caso del Grupo Romero, capitaneado desde siempre por el
empresario peruano Dionisio Romero Seminario y quien se encuentra a la cabeza de
su más emblemática firma, el Banco de Crédito, desde hace 25 años, puesto
que en el 2002 dividió su amplísimo conglomerado en dos ramas: por un lado, el
Grupo Credicorp que agrupa a todas sus empresas del sector financiero y que se
mantiene bajo su mando y, por otro lado, el Grupo Romero que reúne al resto de
sus firmas de diversos sectores como textil, alimentos y logística, el cual ha
sido transferido a su hijo Dionisio Romero Paoletti[8].
DANIEL
ECHAIZ MORENO
Profesor
de Derecho Mercantil
Pontificia
Universidad Católica del Perú
daniel@grupoechaiz.com
Enviado por Daniel Echaiz Moreno
Contactar mailto:danielechaiz@yahoo.com
Código ISPN de la Publicación: EplklkAFpVwMybMGtd
Publicado Saturday 24 de April de 2004
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