México, al igual que los demás países del mundo, se
encuentra inmerso en el proceso de globalización. El Tratado de Libre Comercio
de Norteamérica, es sin duda, el tratado de mayor impacto y trascendencia que México
ha firmado con otro Estado.
El comercio globalizado se ha convertido en un factor nuevo e
importante de las relaciones diplomáticas y humanas que ha obligado a un
enfrentamiento de realidades, de maneras de ser, de culturas diferentes, un
encuentro forzoso para lograr un tratado. De esta manera ha surgido una nueva
diplomacia que trata de abarcar las diferencias de todo tipo: educativas,
culturales, legales, ecológicas, laborales, para llegar a un nuevo lenguaje que
permita el trato comercial.
El proceso político y el debate público sobre el TLC fueron
especialmente dramáticos y tensos tanto en EU como en México.
El TLC abre nuevos caminos históricos. No sólo el tratado
en sí es relevante; el proceso mismo por el cual se convirtió en este modelo
también es importante por el choque de intereses y de culturas.
En este trabajo no se busca emitir opiniones o críticas
respecto a los resultados que ha traído consigo la celebración de este
tratado. El objetivo fundamental es conocer el proceso en que se llevó a cabo
la negociación del mismo, conocer la complejidad en que se realizó, el choque
de visiones siempre presente, la oposición de intereses y el problema de
sobreponerse a prejuicios.
La investigación está dividida en cuatro etapas, basado en
la obra "El redescubrimiento de América. Historia del TLC" de Hermann
von Bertrab.
El "Fast Track"
De acuerdo a este procedimiento, el Congreso de los Estados
Unidos otorga al presidente autorización para negociar acuerdos comerciales con
determinados países, bajo los lineamientos de una regla especial, la cual
implica que, una vez presentado al Congreso dicho acuerdo, éste estará sujeto
a un sólo voto de aprobación o rechazo, sin que sean permitidas enmiendas al
texto.
En México existe una Ley sobre la Celebración de
Tratados, que otorga facultades al Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos
para celebrar acuerdos o tratados con uno o varios sujetos de derecho
internacional. Señala también que dichos acuerdos deberán ser aprobados por
el Senado de conformidad con la fracción I del artículo 76 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos y serán Ley Suprema de toda la Unión
cuando estén de acuerdo con la misma, en los términos del artículo 133 de la
propia Constitución.
Volviendo al tema del que trata este capítulo, este
procedimiento fue establecido porque se vio la necesidad de negociar de buena fe
con otros países, de forma tal que el texto acordado fuera sometido al voto del
Congreso sin pasar por el proceso legislativo normal que sí permite la
posibilidad de enmiendas por parte de los legisladores, tarea que encierra una
alta probabilidad de renegociaciones interminables con países extranjeros
haciendo así imposible el mismo hecho de empezarlas.
La necesidad de obtener esta autorización definió la
primera etapa en la tarea de llevar a cabo un acuerdo de libre comercio entre México
y Los Estados Unidos.
Aunque algunos académicos y políticos estadounidenses
hubieran propuesto acuerdos de libre comercio entre ambos países, fue hasta que
el ex presidente Salinas lo propuso, cambiando su posición inicial de rehusar
la consideración de este asunto, cuando realmente comenzó el proceso. El ex
presidente de México, durante una reunión que se llevaba a cabo en Davos,
Suiza en enero de 1990, le propuso al entonces secretario de Comercio y Fomento
Industrial de México, el doctor Jaime Serra Puche, que considerara la
posibilidad de proponer a los Estados Unidos un tratado de libre comercio. El
secretario a su vez le propuso la idea a Carla Hills, miembro del gabinete
estadounidense, encargada de las negociaciones comerciales internacionales con
el título de representante comercial de los Estados Unidos. La señora Hills
propuso consultar la idea con el ex presidente norteamericano Bush. Este fue el
inicio.
Después de una serie de consultas en cada país, se tomó
con toda formalidad la decisión de empezar las negociaciones. Esta decisión
era de extraordinaria importancia para un México cuya política exterior había
sido defensiva y cuya política económica había sido aislacionista. Después
de un intercambio de cartas entre los presidentes, el de los Estados Unidos
solicitó autorización al Congreso para emprender las negociaciones. Así
comenzaron los procedimientos del fast track. En ese momento el gobierno
mexicano definió un plan y una organización para hacer frente al reto que se
aproximaba. En octubre de 1990, el doctor Herminio Blanco, subsecretario de
comercio exterior, fue nombrado negociador en jefe para el Tratado de Libre
Comercio.
El fast track establece un procedimiento expedito para
la consideración de acuerdos comerciales. Sin embargo, es sumamente complicado.
Para que el Congreso conceda al presidente autoridad para negociar, primero
tiene que recibir una solicitud oficial del gobierno extranjero interesado y el
Congreso analiza si los objetivos previstos corresponden a los objetivos de la
reglamentación comercial estadounidense.
Mediante una carta firmada el 21 de agosto de 1990 el
presidente Carlos Salinas propuso al presidente Bush entrar en negociaciones
para un acuerdo comercial. Por su parte, el presidente Bus notificó en una
carta al Congreso sobre su intención de iniciar tales negociaciones, informando
también que Canadá había expresado deseos de participar en ellas.
A partir de esa fecha, el Congreso, por medio de dos comités,
disponía de un período de 60 días legislativos para considerar la solicitud y
conferir la autorización al presidente.
La forma de hacerlo puede realizarse mediante un voto
afirmativo o por el mero hecho de que transcurra la fecha límite sin ninguna
votación. (Parecida a la afirmativa ficta).
Pero, se presentaba un problema, la autoridad fast
track concedida en general al presidente, dentro de la cual se llevarían
a cabo y se integrarían estas negociaciones, expiraría en junio de 1991.
Obviamente en tan corto espacio de tiempo no habría sido posible negociar un
acuerdo por más que se tuviera autorización para ello. El presidente tendría
que solicitar una extensión de la autoridad fast track tres meses antes
de la expiración de la autorización, es decir, en marzo de 1991.
Existe en contraposición a este procedimiento, otro llamado fast
track en reversa, que puede echarse a andar en cualquier momento en que el
Congreso lo decida si considera que el Poder Ejecutivo no le ha dado información
oportuna y no ha consultado con él. Esto nulifica la decisión inicial del
Legislativo de autorizar las negociaciones. México tendría que prepararse para
actos impredecibles del legislativo que podían significar un retroceso. Estas
prerrogativas del Congreso sólo buscaban proclamar su fortísima capacidad para
definir la vida de su país y ponía de manifiesto una dominante presencia en su
sociedad.
Por otra parte, mientras el grupo que llevaría a cabo las
negociaciones se iba conformando, los opositores se habían adueñado del
escenario y habían puesto a sus milicias a trabajar en el Congreso y a influir
en la opinión pública.
Esta oposición se concentraba en dos áreas: el acuerdo de
libre comercio y México. El fast track no es más que un procedimiento
para hacer posibles las negociaciones, así que los argumentos contra el mismo,
eran un rechazo a un posible acuerdo de libre comercio con México.
México por su parte, se enfrentaba a una tradición de país
proteccionista principalmente en la economía y en la sociedad y con un histórico
temor a relaciones especiales con el extranjero. Sin embargo, en esta ocasión,
era el promotor del libre comercio y de relaciones amistosas con los Estados
Unidos.
Todos estos asuntos se manifestaban públicamente con un
lenguaje que provocaría el máximo efecto en el Congreso que tendría la última
palabra en la materia y en el que convergían las actividades tanto de los que
proponían como de los que se oponían al acuerdo de libre comercio. En ese
momento, la atención estaba puesta en la aprobación del fast track, sin
la cual las negociaciones no se habrían realizado. Lo determinante era
convencer al Congreso de darle una posibilidad de existencia al acuerdo.
Las actividades de México, para lograr el fast track,
habrían sido imposibles sin la ayuda de consultores de la más alta calificación.
Con el tiempo se reunió a todo un ejército de ellos. El conjuntar al equipo
estadounidense de apoyo, hizo que el grupo mexicano hiciera frente al problema
del cabildeo en el sistema político. Los cabilderos o "lobistas" que
representan a gobiernos o instituciones extranjeras han estado sujetos a muchas
críticas. A pesar de eso, México tenía que encarar el problema de la
naturaleza del cabildeo en los Estados Unidos y de su uso para un país
extranjero. Varias personas del sistema político, instruyeron a México sobre
el papel histórico que los "lobistas" habían cumplido en el sistema
estadounidense y que generalmente era aceptado. Este se deriva de la tradición
constitucional que interpreta la primera enmienda a la Constitución de los
Estados Unidos, la cual afirma el derecho de petición al gobierno de todas las
personas. Además, tienen la función de proveer de información crítica a los
legisladores más allá de lo que ellos mismos pudieran obtener directamente o
por medio de la actividad de su equipo, y también son capaces de generar análisis
y comunicar los diversos efectos que determinadas políticas pudieran tener. Por
ello son un elemento enriquecedor en el proceso legislativo de los Estados
Unidos. El papel de los "lobistas" fue decisivo, ya que sin su
participación, México no habría podido participar en el juego sin conocer
perfectamente sus reglas y sutilezas.
Si bien es cierto que los "lobistas" que trabajaban
en cooperación con México explicaban la complicación en la operación del
sistema, el contacto directo con los miembros del Congreso era determinante para
comprenderlo.
Sin embargo, las recomendaciones de algunos congresistas era
que el papel de la comisión mexicana debía ser más indirecto, que los
ciudadanos y las organizaciones de los Estados Unidos eran los que debía
presionar a sus representantes. La tarea del grupo mexicano era apoyar esos
esfuerzos. En esta labor radica la importancia de la opinión pública.* En EUA,
los congresistas, generalmente definen sus posturas, de acuerdo a la voluntad
del distrito electoral al que representan.
El 5 de febrero de 1991 los presidentes Salinas y Bush y el
primer ministro de Canadá, Mulroney, anunciaron su intención de negociar un
acuerdo de libre comercio en América del Norte. Al día siguiente, el 6 de
febrero, en el comité de Finanzas del Senado comenzaron las audiencias sobre
las negociaciones propuestas y el mismo mes el subcomité de Comercio
Internacional del comité de Medios y Arbitrios celebró sus primeras reuniones
públicas.
Sin embargo, había que enfrentarse al hecho lógico de que
el apoyo en el Congreso está determinado por el apoyo del pueblo
estadounidense. Las discusiones sobre los procedimientos del fast track
no son fáciles de entender para la mayoría de las personas y la idea de libre
comercio es muy abstracta hasta para los más avezados. Pero el debate se
llevaba a cabo con conceptos que tenían resonancia en las bases populares. Los
argumentos negativos tenían más efecto que los positivos. Por lo tanto, se
inició una campaña mexicana a lo largo y ancho de todos los Estados Unidos,
cuyo objetivo era tratar de aclarar a la opinión pública la problemática de
tal manera que entendieran los beneficios del acuerdo y no se sintieran
atemorizados por pretensiones infundadas. La campaña fue un éxito. Se
publicaron al menos 45 historias informativas con una tendencia positiva y 30
editoriales o columnas de opinión en apoyo a la aprobación del fast track.
El papel de los medios de comunicación fue relevante durante
esta primera campaña de abril a mayo. Los miembros del Congreso toman muy en
serio los reportajes de los medios a nivel nacional, sobre todo aquellos que
provienen de las localidades que influyen en sus distritos y en sus estados;
para ellos son un indicador clave de la opinión pública.
La gran cantidad de noticias y artículos que había
suscitado la consideración del fast track incrementó la importancia de
México en el sistema político de los Estados Unidos y en la agenda pública,
pero ésta traía consecuencias positivas y negativas. Por una parte, se
resaltaban las radicales reformas de orientación hacia el mercado que estaba
haciendo el presidente Salinas; por otra, se ponían de manifiesto los aspectos
desagradables de México, pues se colocaban bajo una lupa, sobre todo bajo la de
los opositores, los asuntos polémicos del manejo del medio ambiente, las
condiciones de trabajo en México o la operación de su sistema político, entre
otros. Sin embargo, hay que confesar que, tanto en ese periodo como en los
subsiguientes, los aspectos positivos reflejados por los medios de comunicación
tuvieron más importancia que los negativos.
Aparte de la visión de los periódicos y de la de los
reporteros, el hecho es que al público estadounidense en general, le importaba
qué beneficios obtendrían en lo particular con la celebración del tratado. Lo
más importante era relacionar la libertad económica con la prosperidad y el
incremento en la competitividad normal, y al mismo tiempo insistir en que de esa
manera otros asuntos como el ambiente, el cuidado de la salud, etc., serían
resueltos más fácilmente.
Otro factor importante en el proceso de la campaña del fast
track del equipo mexicano, era la participación de la comunidad hispana en
los Estados Unidos, ya que constituían el 10 % de la población total.
Además de la capacidad de definir el resultado de la votación
en algunos distritos, los hispanos podían desempeñar otras funciones. El
presidente Bush tenía que buscar suficiente apoyo de los demócratas para
obtener la autorización del fast track a pesar de la oposición de los
dos pilares de la estructura del partido: los sindicatos y los ecologistas. Los
hispanos habían sido preponderantemente demócratas, y en el vacío político
que se creaba se manifestaron como una fuerza de gran importancia.
Conciente del creciente papel político del grupo hispano, el
gobierno de Bush comenzó a cotejarlos e intentó formar un grupo hispano en el
seno del Partido Republicano. Apoyó la creación de la Alianza Hispana para el
Libre Comercio, la cual se abrió camino con muchos grupos y fue un gran
sustento en todo el proceso. Pero tal vez la organización hispana más
influyente que estuvo a favor de la autorización del fast track fue el
Consejo Nacional de la Raza.
La influencia de los hispanos en el voto del fast track
fue inobjetable.
Por otra parte, hubieron cartas de apoyo de importantes e
influyentes asociaciones profesionales, quienes hicieron campañas para colectar
firmas y enviarlas a miembros del Congreso. El punto estaba en mantener contacto
con todas esas agrupaciones, escuchar su problemas y sus consejos, que al final
fueron una participación importante en el voto favorable al fast track.
Buena parte dela oposición se debía a la distorsionada
imagen que muchos tenían de México y que los opositores reforzaban. La falsa
idea del México pobre, sin educación y sin tradiciones democráticas
atemorizaban a mucha gente, lo que fue utilizado por los opositores aunque fuera
sólo a través de insinuaciones. De esa manera, la tarea del grupo mexicano fue
hablar de un México que sobre la solidez de sus magníficas tradiciones estaba
empeñado en construir un futuro más prometedor para sus ciudadanos.
Otro de los problemas a los que se enfrentaron, fue la
diferencia en los estilos políticos entre los Estados unidos y México. En
Estados Unidos, muchas veces el juego político era abiertamente sucio y se había
ido radicalizando. El estilo mexicano es suave, gentil en sus expresiones y cortés
en sus maneras. El sistema político estadounidense es más brutal, pero más
transparente. La transformación política en México ha dado un rápido giro en
los últimos tiempos y ha entrado en etapas de estridencia desacostumbrada. Sin
embargo, durante el debate del Tratado de Libre Comercio, la cultura política
mexicana conservaba algunas de sus viejas expresiones.
El final de mayo era la fecha límite para que el Congreso
votara y renovara el procedimiento del fast track, con el objetivo de
concluir la Ronda de Uruguay en el GATT y de comenzar las negociaciones del TLC
con México y Canadá.
El voto final sobre el fast track se llevó a cabo el
día 24 de mayo. En la Cámara de Representantes, el señor Dorgan ya había
propuesto una iniciativa de ley que, para confusión de muchos, estaba redactada
como un rechazo a la autorización de la extensión del fast track. Este
tipo de redacción confundió a muchos aun a los propios participantes en el
proceso. Finalmente la iniciativa fue rechazada y se aprobaron los procesos del fast
track tanto para las negociaciones con México y Canadá como para la
continuación de las negociaciones del GATT. La votación fue de 271 votos en
contra y 192 a favor. Se había perdido el voto del 65% del Partido Demócrata,
pero se había ganado el 67% del de los republicanos.
El sentido general era que una gran mayoría de la Cámara de
Representantes quería un acuerdo que fuera el más verde y el más obrerista de
los acuerdos hasta entonces negociados con los Estados Unidos.
Las Negociaciones.
Las negociaciones comenzaron en junio de 1991. Abarcaban prácticamente
todos los ámbitos de las economías y al principio se distribuyeron en 19
grupos. Algunos, como el que consideraba el tema del acceso al mercado,
implicaban una gran cantidad de sectores, pues se incluían todos los bienes
importables y exportables. En cierto sentido, ello constituía la parte central
del acuerdo, puesto que contenía no sólo la consideración sobre la reducción
de aranceles y los periodos de transición durante los cuales dichos aranceles
llegaran a eliminarse totalmente, sino también la definición de las reglas de
origen.
Otros grupos tenían como tarea abordar problemas sectoriales
como la agricultura, los servicios financieros, el transporte, la inversión, la
solución de controversias, etc. Había el propósito de discutir en el acuerdo
una serie de temas normalmente inadvertidos hasta entonces en acuerdos
comerciales, como la agricultura y la transferencia de la propiedad intelectual.
Las negociaciones se desarrollaron en tres rangos: el
ministerial, con juntas presididas por ministros de los gabinetes; el de jefes
de la negociación, quienes, con las diferencias de organización en cada país,
coordinaban las actividades del equipo negociador; y el de los grupos,
encabezados cada uno por funcionarios directamente responsables de sus áreas
respectivas. Los grupos se reunían periódicamente según sus progresos y después
de varias sesiones se formalizaban juntas entre los jefes negociadores. Luego de
unas dos juntas de jefes negociadores, se llevaban a acabo sesiones de ministros
para revisar y evaluar lo alcanzado a la fecha y decidir acerca de los asuntos
que hubiesen quedado sin resolución. Asimismo se establecían normas a seguir y
los asuntos de la siguiente etapa. La primera reunión ministerial fue en
Toronto, Canadá, el 12 de junio de 1991; en ella se definieron y constituyeron
los grupos y se dispuso la forma general de proceder.
En los 14 meses que duraron las negociaciones hubo 218 141
reuniones de grupos; se hicieron 2 710 465 llamadas telefónicas entre las
delegaciones. Los jefes de negociaciones se reunieron 11 veces en sesiones
formales y los ministros siete veces.
El progreso en los diferentes grupos fue muy disparejo y
dependía tanto de la sensibilidad política de cada problema como de su
complejidad técnica y de la interacción de las personalidades de los
negociadores.
Las Etapas.
Las negociaciones se desarrollaron en etapas.
La primera etapa puede ser la de "llegar a
conocerse". Había que comprender los aspectos fundamentales de las
posiciones que tomarían las otras partes y al mismo tiempo guardar y encubrir
las propias lo más posible. El problema inicial era entender los conceptos, las
condiciones, la cultura subyacente en las posiciones de los demás. No
comprender los puntos de vista, las tradiciones y aun los matices del lenguaje
podía llevar, como en efecto llevó, a malinterpretaciones. Esta fue la tarea
de la primera etapa, que en ocasiones se vio obstaculizada por el uso de
expresiones tanto en inglés como en español, las cuales son difíciles de
traducir con el sabor y sentido original.
Habiendo superado las primeras barreras de comunicación y
comprensión, cada una de las delegaciones inició la presentación de sus
demandas y de las restricciones fundamentales a que estaban sujetas, éstas
obviamente en respuesta a las solicitudes de las contrapartes. En muchos casos
las demandas eran sumamente exigentes, mientras que las restricciones eran
defensivas en extremo. Así comenzó una segunda etapa en la que quizá se
generaron las situaciones más difíciles de las negociaciones en cuanto a
relaciones humanas y confrontación de intereses. Sin embargo, éstas
normalmente eran llevadas con seriedad profesional y con un toque de suave
diplomacia.
Después de esa difícil y extremosa etapa, cada una de las
delegaciones tuvo una idea clara del perfil de la problemática a la que se
estaba enfrentando, y era oportuno que cada una revisara sus posiciones y
tratara de vincularlas entre sí y de generar propuestas congruentes que tomaran
en cuenta las interrelaciones entre los varios sectores que se negociaban. De
esa forma se podrían identificar las posibles bases de acuerdos y las
divergencias más notables que requerían compromisos o discusiones posteriores.
A fin de conseguirlo, en octubre de 1991 se propuso que cada una de las
delegaciones elaborara un borrador con el conjunto de sus posiciones. Las
presentaciones iniciales se intercambiaron en noviembre. Pero hasta enero de
1992, se expusieron las propuestas. De esa forma, los problemas se podían
enfocar con mayor facilidad a fin de evitar controversias inútiles o
marginales. Esto constituyó la tercera etapa.
Habiendo establecido una base común que condujera las
decisiones hacia un solo cauce y habiéndose aclarado asuntos intrincados en un
texto común, aunque llenos de observaciones, se abrió la cuarta etapa que
consistió básicamente en desmembrar ese texto; fue la más larga en duración
y más complicada en discusión.
Por supuesto, los asuntos más difíciles de resolver
permanecieron más tiempo en tratarse y resolverse; la intervención de los
ministros fue necesaria con mayor frecuencia a fin de ir quitando piedras del
camino. En cierto sentido, era engañoso que se hablara de un texto común, pues
no existía como tal, pero ciertamente ayudó a que se realzaran los puntos
conflictivos que requerían más atención y que habrían podido hacer fracasar
las negociaciones. Se obtenía así claridad sobre la problemática y se
obligaba a no soslayar difíciles decisiones políticas.
La personalidad de cada una de las delegaciones durante este
periodo se definió con base en los diversos estiles de expresión propios, los
antecedentes culturales, las posiciones estratégicas tomadas y los conflictos
de intereses. México comenzó con la posición más débil; Canadá con la más
fuerte. La delegación mexicana era la que tenía una menor experiencia en
negociaciones comerciales dada la tradición aislacionista de la economía
nacional. Además, representaba al país de la economía más débil, menos
desarrollada y de muchos desequilibrios internos. Por otra parte, era la que tenía
más que ganar desde el punto de vista político, porque México había iniciado
una profunda reforma para su modernización y este tratado le daría un poderos
impulso, pero también era el país que más tenía que perder con un fracaso.
La posición mexicana, en sus aspectos principales, era clara
para la delegación. Con anterioridad se habían hecho investigaciones apoyadas
por diferentes agrupaciones económicas y sociales y se había generado un
detallado análisis sobre las fortalezas y debilidades de la economía mexicana,
todo lo cual señalaba con exactitud lo que México debía obtener de un
acuerdo. Dentro de este marco de referencia, México tenía el objetivo de
maximizar el apoyo político en los Estados Unidos y minimizar el costo político
en México. Se tendrían que hacer suficientes concesiones para crear una red de
apoyo en el Congreso y en el sector privado estadounidenses tales que no
pusieran en entredicho los objetivos del país.
Los Estilos.
Las negociaciones procedieron en el contexto de diferentes
estilos de realizar el juego político y diplomático, de diferentes formas de
expresión y de relación personal. La organización y operación del proceso
estaban muy centralizadas en el caso de México, donde las personas directamente
responsables de cada uno de los grupos eran parte de la oficina del Tratado de
Libre Comercio, mientras que en el caso de Estados Unidos, era
departamentalizadas, donde las personas responsables de los grupos no eran
funcionarios bajo el mando del jefe negociador, sino que dependían de otros
departamentos; además el jefe negociador tenía un papel de coordinador
general.
Al principio, las delegaciones se expresaban en su propio
idioma con traducción simultánea, pero este procedimiento impidió, con
frecuencia definir los propios conceptos. Dado que la delegación mexicana tenía
un perfecto dominio del idioma inglés, poco a poco se usó esa lengua para
evitar malas interpretaciones.
Este fue el estilo que prevaleció y que finalmente tuvo éxito:
encontrar soluciones prácticas a problemas que de otra forma habrían sido
intratables o habrían ocasionado dilaciones interminables.
Durante las negociaciones se pudo ver una diferencia de
enfoque en el tratamiento fundamental de los problemas. Los Estados Unidos
insistían en la necesidad de establecer principios generales de los cuales se
pudieran derivar aplicaciones a problemas específicos. La delegación mexicana
se plantó firmemente en sus posiciones con una suavidad de estilo. México
prefirió resolver los problemas caso por caso y esto llevó a enfrentamientos
ocasionales con las contrapartes. Obviamente, todos aceptaban los principios
fundamentales que están en la raíz de un tratado de libre comercio.
Las distintas personalidades también jugaron un papel
capital. En algunos casos, los jefes de grupo fueron capaces de entender los
objetivos y limitaciones del otro y lograron progresos en asuntos de gran
complejidad. En otros casos, la problemática se prolongó por mucho tiempo y
las dificultades naturales en llegar a soluciones satisfactorias se vieron
reforzadas por la simpatía entre algunas personas.
El Equilibrio.
El problema de llegar a un equilibrio en el acuerdo fue de
primerísima importancia para la delegación mexicana. De alguna forma se cernía
en todas las discusiones. Se trataba de u n equilibrio general, lo cual era muy
difícil de lograr puesto que se trataba de países con una gran disparidad económica.
El problema del balance surgía por todas partes y entorpecía
las negociaciones; por ello, se llegó a la decisión de analizar el problema
del equilibrio hasta el final. De una forma u otra el problema estaría latente
en las negociaciones, lo cual era inevitable tratándose de economías tan
distintas. En realidad, el equilibrio que se buscaba, era un equilibrio político.
Había muchas inconsistencias en las posiciones de los países,
pues cada uno aspiraba a un comercio menos restringido y a una liberación de
los flujos de inversión, pero de la manera más proteccionista posible según
sus propios intereses. En este proceso, los países hicieron uso de la facultad
de los Estados de elaborar reservas, que protegieran sus objetivos e intereses.
Probablemente el asunto más crítico desde el punto de vista
de los Estados Unidos y el que constituyó el mayor logro de México fue el de
solución de controversias. En este campo, los intereses canadienses y mexicanos
coincidían. Resultó muy difícil de tratar porque la sensibilidad
estadounidense al respecto es como un nervio a flor de piel. Aunque en los EU ha
persistido una tradición a favor del libre comercio, existe simultáneamente un
principio nacionalista y proteccionista. En atención a su principio de
"seguridad nacional", existe viva la amenaza de acudir a acciones
unilaterales del gobierno de EU cuando lo juzgue conveniente. Los EU se reservan
un amplio margen de maniobra para interpretar los acuerdos comerciales a que se
han obligado sin aceptar fácilmente decisiones de tribunales supranacionales y
sin siquiera sentirse sujetos a ellos.
En el último momento se salvó aquel tratado por la concesión
estadounidense de establecer un mecanismo temporal para resolver disputas
mediante el nombramiento de paneles cuyos laudos son obligatorios.
Quizá el ejemplo más notable de cómo se convirtió el TLC
en un modelo de gran envergadura es precisamente la forma en que se llegó a una
solución de controversias equilibrada y elegante. La base fundamental es el
principio de cooperación. Lo primero es la minimización de problemas que
puedan transformarse en disputas. Esto se hace a través de un sistema de
supervisión de la operación del TLC. No obstante, si surge una controversia,
hay una serie de consultas entre las partes que, en caso de no ser exitosas,
conducen a una etapa de mediación y conciliación. Si aún así no se ha
resuelto, entra en operación el mecanismo de los paneles para la solución de
controversias. Finalmente se podrán imponer sanciones comerciales
compensatorias del daño sufrido.
Las negociaciones llegaron a un espléndido fin en la
madrugada del 12 de agosto de 1992.
Acuerdos Paralelos.-
Los problemas de índole laboral y ecológicos siempre se
encontraron presentes, aún después de haber definido los puntos principales
del TLC, precedieron las negociaciones al respecto para las cuáles la oposición
se hizo presente en todo momento. Los sindicatos, organizaciones no
gubernamentales se encontraban posesionados de estos problemas, aún antes que
se comenzara a ceñir el camino respecto a estos puntos. La mayoría de los
grupos opositores se encontraban ligados al Partido Demócrata, dentro de los
cuales se encontraban comunidades católicas, grupos activistas sociales, etnias
de origen polaco, irlandés y mexicanos, además de grupos conservadores del
sur.
La oposición por parte de estos sectores radicaba en que el
acuerdo había sido promovido por un presidente republicano, además se
encontraba el hecho de la negociación con un país vecino tan pobre como lo es
México que acarrea el factor de la diferencias culturales, de valores entre
ambos países.
En un principio México se resistía a tratar con este tipo
de problemáticas ya que se suponía haber cubierto la requisitos con el Plan de
Acción H 146 propuesto con el presidente Bush en el que se comprometía
moralmente a cumplir los acuerdos expresados a continuación. Dicho
"Plan" contenía provisiones ecológicas que obligaban a las partes a
seguir políticas de desarrollo sustentable, a permitir a cada país imponer
dentro de sus fronteras normas ecológicas, de salud y seguridad de alta
exigencia, a prohibir la utilización de exenciones en la aplicación de normas
ecológicas con el fin de atraer inversión extranjera, a dar precedencia a
algunos acuerdos internacionales sobre el medio ambiente aun sobre lo
establecido en el TLC, a obligar al demandado en caso de disputas, que sus estándares
no son una barrera al comercio. Además en el primer mes del año 1992, Bush se
comprometió a crear una reestructuración respecto al programa de entrenamiento
de trabajadores desplazados.
Hermann von Vertrab señala que eran varias las fuentes de
preocupación por las que finalmente se incluyeron consideraciones laborales y
ecológicas en el TLC:
- Un profundo interés por asuntos relacionados con derechos humanos y
laborales e inquietud por problemas ecológicos de parte de grupos con una
preocupación latente, pero que en ocasiones pecaban de primitivos.
- Actitudes proteccionistas que consideraban que desigualdades en estos
terrenos dan a algunos países ventajas comparativas indebidas, y
- Renacimiento de viejas propensiones a jugar el papel de "hermano
mayor" que algunos grupos en países desarrollados han conservado
porque confunden su nivel de poder económico y político con el derecho
moral sobre otros países para dictar sus propias nociones
Respecto a estos señalamientos era difícil distinguir entre
pretensiones reales o mera simulación.
Durante esta etapa el TLC se encontraba peligrosamente en el
debate político, existían demócratas moderados que aprobaban
condicionadamente estos acuerdos, tal es el caso del Bill Clinton gobernador de
Arkansas en esa época, por otro lado se encontraban figuras como Jerry Brown
que siendo un rebelde político era una cobija para los rebeldes demócratas que
se encontraban totalmente en contra de estos acuerdos. La preocupación central
radicaba en el hecho de la utilización de esta problemática en la propuestas
para solución utilizada meramente como campaña política por la aproximación
de elecciones. Además otra problemática para la proliferación de estos
acuerdos sería la delantera que los demócratas mostraban durante esas
elecciones, aún y cuando Clinton hubiera manifestado su apoyo
"moderado" hacia estos acuerdos. Ante esta situación se encontraba el
antecedente de la oposición de los demócratas a realizar un tratado comercial
con los mexicanos antes de la votación por el fast track en marzo de
1991, por lo que esto significaba un gran problema ya que la política exterior
mexicana por tradición trataba únicamente con los gobiernos o con partidos en
el poder Ejecutivo, estableciendo así una desventaja para realizar un
acercamiento ante los partidos que se encontraban en la ventaja para ganar la
campaña presidencial que se estaba realizando, en este caso los demócratas.
Además de que el hecho de crear nexos cercanos con estos, significaría riesgo
hacia las relaciones con el partido republicano por haber apoyado o haberse
vinculado más con los demócratas que con estos. Aún con esto se comenzaron a
crear relaciones discretas con miembros de este partido, creando un lazo de
cortesía política con los demócratas.
En el año de 1992 el candidato a la presidencia Bill Clinton
señaló su aprobación para la realización de un tratado de libro comercio con
México, oponiéndose expresamente a las negociaciones realizadas por el
entonces presidente George Bush; señalando que se debía corregir y apuntar
hacia acuerdos sobre asuntos ecológicos y laborales, además de fortalecer la
salvaguarda prevista como protección para la economía estadounidense. Con esta
opinión los representantes de México en el tratado, en este caso Hermann von
Vertrab sugirió la idea de la reapertura para la discusión del TLC, a la cuál
la respuesta no fue satisfactoria, todo esto teniendo como sustento el punto de
que si se quería discutir el aspecto de las salvaguardias se tenía que ir al
TLC, ya que había sido tema de negociación; la respuesta fue un no rotundo.
En diciembre de 1992, en una ceremonia en San Antonio, Texas
fue firmado el TLC por los dos presidentes, Salinas y Bush aún y contra la
oposición de los demócratas a que este último firmara dicho documento. Aún
así habiéndose firmado dicho tratado era necesario que los presidentes, ahora
el nuevo presidente electo Clinton se reuniera para dejar muy en claro la
importancia con la que iba a tratar el nuevo gobierno a este tratado, por lo que
lograron juntarse para su discusión. Sin embargo pese a este reunión, el
tiempo seguía detenido para el tratamiento del TLC, el cuál se encontraba
intacto ante esta nueva etapa presidencial.
Los planteamientos sobre asuntos o acuerdos laborales y ecológicos
hubieran sido propuestos por los nuevos personajes en el poder, era de suponerse
que no serían tratados, es por ello que en abril de 1993 en Ottawa, el nuevo
gobierno presentó su nueva propuesta, y parecía haber desaparecido todos los
equilibrios internos que había parecido surgir, incluyendo la idea de que el
Tratado de Libre Comercio no se encontraba dentro de las prioridades de este
gobierno.
Se sabe que era de suma importancia en ese momento dentro de
la República Mexicana, la concretización del TLC, ya que entraba en una
"nueva" etapa, la campaña presidencial, es por ello que para evitar
cierto grado de incertidumbre para los mexicanos, y mas aun para los opositores,
era necesario continuar con las negociaciones. En caso contrario, lo mejor era
renunciar a esta.
Durante este periodo se suscito un terrorismo político, según
lo califica Hermann Von; Dick Gephart, líder de la mayoría, aseguraba que un
hombre empresario de Yucatán, el señor Peniche, estaba operando un programa
para la compra de empresas estadounidenses intensivas en mano de obra para
trasladarlas a México, tratando con esta información, desequilibrar la posición
de Serra Puche introduciendo la idea de la tarea que estos tenían de sacar la
mayor ventaja política posible. Sin embargo pese a este incidente el presidente
Clinton, que había tratado y apoyado dicho tratado, el 26 de febrero del 1993
señalo la necesidad de abrir las fronteras al comercio y apoyar el crecimiento
del empleo y una mejoría en los salarios.
Arlinton, Virginia fue la sede para la negociación de los
acuerdos paralelos, a mediados de abril fueron continuadas en la ciudad de México,
donde Canadá presentó una idea razonable y lógico sobre aspectos laboral y
ecológica desde un punto de vista comercial, México no propuso nada, sin
embargo personajes de la Sedesol y la Secretaría del Trabajo se daban la tarea
de lograr una negociación delicada pero fuerte.
Esta negociación se aboco en problemas que eran latentes,
tratándose de analizar en un bosquejo que "abarcara la definición del ámbito
que podía abarcar, desde la amplia problemática laboral y ecológica general
hasta sólo un restringido subconjunto específico. El segundo aspecto podía
ser la legitimidad con la que diversas personas o instituciones podrían exponer
problemas, asuntos o quejas para su resolución ante las autoridades que se
definieran. El tercer campo sería las normas y obligaciones que se asumirían
en cumplimiento de su alcance previsto. El cuarto podía ser la naturaleza
precisa de las instituciones y procedimientos que se seguirían y el tipo de
sanciones que se impondrían por el no cumplimiento de las normas acordadas. La
quinta consideración tendría que definir las fuentes de recursos financieros
que se requerirían en particular para desarrollar programas conjuntos en la
frontera. Y el sexto sería la conexión de todo con asuntos de comercio
internacional, que es lo que daría sentido a los cinco anteriores aspectos.
Estas negociaciones no se podían independizar del TLC, su tratado origen. En síntesis
la metodología era simple: señalar claramente el problema a atacar, analizar
soluciones realizables, proveer los fondos necesarios para ello". El propósito
mexicano era lograr las mejores medidas para la mejora de la ecología y del ámbito
laboral. Por este punto era obvio que varios grupos ambientalistas, eclesiásticos,
por mencionar algunos, desearan intervenir dentro de estas negociaciones con la
finalidad de preservar sus intereses.
Dentro del tratado conlleva varias partes, por un lado se
encontraba la parte retórica estadounidense en la que había referencias
respecto a que los acuerdos paralelos debían tener medios coercitivos respecto
al cumplimiento o falta de este de los mismos acuerdos, por lo que requerían
aplicación de sanciones severas contra los países que fallaran en implementar
las normas laborales y ecológicas que se llegaran a acordar, implicando este un
arma de doble filo para el país anglosajón por exigir medidas tan duras para
"quedar bien" con ciertos sectores, pero aprovechando esto para
desprestigiar el proceso.
La parte política se centraba en la ratificación del
tratado, y esta dependería de la venta de la idea del TLC a los nuevos
integrantes del gobierno, y era un paso importante ya que estando del presidente
de acuerdo, que aún y no estando no se consideraba una tarea exhaustiva para
lograrlo, se tenía que convencer a radicales, sin darles todo lo que pedían
pero atendiendo un poco sus peticiones, por lo que se tendría que encauzar a
una posición moderada intermedia. Sin embargo el enfoque que el TLC tenía que
transmitir para una victoria plena se encontraba dentro del Congreso, ya que
para ser un verdadero triunfo tenía que ser de enfoque bipartidista, aunque se
acusara al Comité mexicano de estar jugando para los republicanos contra los
demócratas.
Del 19 al 21 de mayo en negociaciones celebradas en Ottawa,
la delegación estadounidense propuso que los acuerdos tuvieran un amplio
alcance que abarcara la opinión pública, además de abarcar muchos asuntos,
que a final de cuentas iba a requerir de un "filtro" y selección que
si no se realizaba de esta manera, las sanciones propuestas ibas a rebasar mas
allá de los temas propuestos para estos acuerdos, lo que no se deseaba porque
demasiados grupos se entrometerían, agrupaciones de toda índole y terminaría
hostigando, además de abrir las puertas a interminables litigios, algunas veces
se pudieran considerar absurdos, tal es el ejemplo de este país y su sistema
normativo que a veces puede caer en lo absurdo. México y Canadá no aceptaron.
Suscitándose así una desaprobación por parte de senadores por la manera en
que las negociaciones se iban encaminando, con la amenaza de la no ratificación
si se seguía recorriendo esa misma línea de acción.
Pese a esta falta de aceptación por el rumbo en que se habían
tornado las negociaciones y por consiguiente la desaprobación del senado, se
enfatiza la idea de que el TLC sería una victoria política con visión
bipartidista pero moderada. Por estos días siete organizaciones ecológicas de
prestigio de declararon a favor del TLC estableciendo razonamientos parecidos a
los que México se enfocaba; estos se referían a la aceptación de la idea de
que cada país debería cumplir sus propias leyes ecológicas sin admitir que se
le impusieran otras extrañas. México deseaba desarrollar un espíritu de
cooperación en el TLC y sus acuerdos paralelos apoyaran la solución para
mejorar las reglamentaciones respecto al aspecto ecológico.
Canadá se llevaba a otro ritmo de la política
estadounidense, a principios de junio Mulroney cabeza del partido conservador,
había conseguido que el Parlamento ratificara el TLC y tres semanas después lo
hizo el Senado, antes de que hubiera esperanzas de que la negociación de los
acuerdos paralelos pudiera ser concluida, mandando el mensaje de que lo
fundamental era el TLC y no los acuerdos paralelos que tenían intenciones
meramente políticas. Dentro del sistema canadiense la aprobación del TLC por
parte del Legislativo no se haría efectiva hasta obtener el asentimiento real
de la reina de Inglaterra y de Canadá a través del gobernador, lo cual se
realizaría en el momento en que lo solicitare.
En octubre de 1992 se desarrolló una amenaza para la
continuación del proceso de negociación de estos acuerdos, tres organizaciones
ecológicas no gubernamentales (Public Citizen, Friends of earth y el Club
Sierra) acusaron al gobierno de los Estados Unidos de no haber cumplido con los
requisitos establecidos en el Acta de Política Ecológica Nacional, las cuales
exigen que quien gobierne prepare una legislación sobre el efecto que tenga
cualquier legislación en el medio ambiente antes de someterla a aprobación. De
esta forma se proponía la ilegalidad del TLC porque se había firmado sin haber
precedido por el informe señalado, aún y cuando el ex presidente Bush hubiera
señalado que el Plan de Acción ambiental no llenaba ni era su pretensión el
llenar los requisitos señalados en el Acta Ecológica, además que esta
negociación se traducía en la facultad que tenía todo presidente de negociar
asuntos internacionales; el 30 de junio de 1993 se le condena al gobierno a
rendir este informe, que significaría un freno para el TLC. Por lo que se
siguieron una impugnación ante la Corte de Apelación solicitando una pronta
respuesta respecto a este tema, la cuál fue pronunciada el 23 de septiembre y
para fortuna fue anulatoria de la resolución de la Corte de Distrito.
Finalizado este panorama un tanto temeroso, las negociaciones
continuaron, en el mes de agosto se llegó a un acuerdo final. Las problemática
de la negociaciones se centró en la imposición de sanciones a países de los
que se hubiera demostrado un patrón consistente de no cumplimiento de sus
propias leyes. Para los estadounidenses la imposición de sanciones comerciales
era el medio para obligar a los países a cumplir son sus propias leyes. Por
otro lado estaba la solución de México que se enfocaba a la imposición de
multas a gobiernos culpables y con estas financiar programas para remediar los
problemas que hubiera llevado el no cumplimiento de sus propias leyes.
Existía un acuerdo referente a los complicados
procedimientos laborales y ecológicos, y solamente después de que las multas
se hubieran impuesto y los programas que se hubieran establecido para remediar
las fallas no hubieran tenido éxito. Al terminar esta etapa se abriría dos
caminos: demandar al gobierno incumplido en sus propias Cortes y privarlo de
algunos beneficios comerciales previstos en el TLC. Canadá puso a consideración
este asunto, teniendo que consultar al Parlamento y deteniendo las
negociaciones. Por otro lado México por el sistema legal no podía aceptar esta
alternativa de que su gobierno fuera demandado en sus propias Cortes; debiéndose
señalar dos caminos distintos para los países debido a su sistema interno de
leyes que eran poseedores.
Durante las negociaciones de estos acuerdos se centraba en
encontrar soluciones efectivas, ni proteccionismo ni unilateralidad por parte de
los Estados. Para el aspecto laboral se estableció una comisión que puede
considerar asuntos relacionados con condiciones de salud e higiene en los
centros de trabajo en cuanto descubra patrones de conducta sistemática de no
aplicación de las leyes propias de cada país dentro de su territorio. Los
Estados se comprometieron a crear estándares mejores y comparables; promovió
un espíritu de cooperación. Se establecieron principios generales como la
libertad de asociarse en agrupaciones laborales, negociar colectivamente e ir a
huelga. Todos estos acuerdos únicamente con el ímpetu de cooperación entre
los países sin ningún tipo de intervensionismo, y dicha acción tendría lugar
en las oficinas administrativas ubicadas en cada país con el apoyo de la
Organización Mundial del Trabajo en Ginebra.
En el caso del acuerdo ecológico existió una solución de
cooperación para la mejor protección del medio ambiente en su relación con el
libre comercio; dicha cooperación incluye asistencia técnica, entrenamiento,
desarrollo de la información necesaria e investigación sobre las normas más
adecuadas y efectivas que aplicar. Respecto a la intervención en los
procedimientos administrativos y judiciales, solo se permite la participación
de entidades reconocidas. Se estableció una comisión ecológica que debe
elaborara un informa anual y los grupos sociales pueden participar en un comité
consultivo creado para asesorar a la comisión sobre asuntos relacionados con la
ecología especificados en el acuerdo. Solo las partes signatarias podrán
demandar el inicio de procedimientos de solución de controversias de una forma
semejante a lo establecido en el procedimiento laboral.
Todas las relaciones laborales dentro de cada país, el
manejo de sus derechos laborales y funciones de sindicatos son propios de cada
país por la tesitura política y social que tiene cada uno de estos. En lo que
respecta al ámbito ambiental puede considerarse más flexible, y aún con la
intervención moderada de agrupaciones privadas.
Ratificación
La problemática se suscitaba respecto al tratamiento que se
le daría a esos acuerdos paralelos, además de la ratificación del TLC y de la
manera en que se debía convencer a la facción estadounidense puesto que Canadá
ya había aceptado dicho tratado, solo faltaba una aprobación real.
Los acuerdos paralelos y su integración era un serio
problema, optándose como una implementación a la legislación o una legislación
implementaria (Implementing Legislation). Ahora la problemática se centraba
sobre el tratado en sí, ya que en México dichas negociaciones tenían el carácter
de tratado, y en los Estados Unidos no sería denominado con este nombre, sino
como "ACUERDO" y no se ratificaría ni tendría en cuanto tal una
existencia legal directa. Además de que lo que el Congreso debía aprobar era
la legislación para poner en práctica la norma que se convertiría en ley.
Ninguna provisión del acuerdo propiamente dicho que estuviera en contradicción
con alguna ley existente tendría validez, por ello la importancia de compararlo
y analizarlo con la ley existente. El presidente debería someter al Congreso el
texto final del acuerdo, una propuestos de la legislación para regular su
aplicación, un documento sobre las acciones administrativas que se proponía
para llevar a acabo la legislación, una explicación de la forma en que esto
pudiera afectar la legislación existente y un informa sobre las repercusiones y
los beneficios que se derivarían para los intereses comerciales de los Estados
Unidos.
La problemática, ya se mencionó, se centro también en el
tratamiento de los acuerdos paralelos que fueron realizados cuando ya se había
firmado el TLC en 1992, aún y cuando el presidente Clinton aceptara que estos
eran parte integrante del tratado la duda sucumbía a los interesados en la
cualidad que estos debieren recibir.
Si los acuerdos paralelos se expusieran como un decreto del
Ejecutivo, no se verían privilegiados por el tratamiento especial señalado por
el fast track y por tanto estarían sujetos a enmiendas presentadas en el
Congreso. Kantor, representante comercial de los EUA, rectificó y señalo que
no podían estar sujetos a enmiendas.
La problemática surgía respecto a la presentación del
tratado ante el Congreso de los Estados Unidos, ya que se trataba de vender el
TLC, para ello e ir canalizando y conociendo diversas ideas, las empresas
contratadas de "lobistas" había estado informándose sobre las
opiniones que se suscitaban dentro del Congreso, y en base a los datos que
aportaban se generaban estadísticas para ver el tratamiento que se le daría al
tratado, y más aun importante era conocer todo a fondo dado que era un Congreso
nuevo con el que se enfrentarían. Por ello con la ayuda de aliados se les fue
presentando el "producto nuevo".
Rost Perot fue un opositor activista del TLC, que se
encargaba de ir difamando y poniendo en contra tanto a legisladores como a la
opinión pública, generalmente se inclinaba al sector conservador. Todo se
tornaba con un enfoque plebiscitario, en donde los legisladores se iba
dirigiendo por la opinión de los ciudadanos. El TLC era apoyado en aspectos de
puestos de trabajo ganado y precios de consumo disminuidos, y otro aspecto era
la euforia de ser mas competitivos ante Asia y Europa. Detrás de todo este telón
se llegó a la conclusión de que la imagen que influía entre las personas era
la participación directa del presidente, su líder electo.
Adentrarse en la sociedad, era una forma efectiva de ganar
simpatizantes para que a través de estos los comentarios fuera directamente a
los estadounidenses, por ello preparaban mensajes adecuados, incluyendo México
su historia y su actualidad, para vender toda la ida completa, es decir
información sobre el TLC en general, sus beneficios y sobre México.
Posteriormente la coalición US-NAFTA promovió el apoyo para
el TLC; la ayuda de los "Lobistas" fue primordial para conocer el
entorno humorístico dentro del Congreso. Aún y con el apoyo otorgado a favor
del TLC Ross Perot continuaba realizando su campaña en contra de dicho tratado,
hasta que el vicepresidente Al Gore decide retarlo e invitarlo a un debate que
fue realizado y este logró dejarlo en evidencia y un tanto en ridículo ante la
opinión pública dada la vaguedad de sus respuestas y opiniones; esta victoria
influyó en la opinión pública creando un ambiente de aceptación para el
tratado, pero el problema seguiría siendo aún el Congreso estadounidense para
convencerlos de los beneficios que podría traer consigo el TLC, además de que
eran conocidas diversas opiniones de congresistas que manifestaban su apoyo pero
al momento del voto era una decisión difícil.
La coalición US-NAFTA constituía la principal organización
de negocios que promovía y coordinaba esfuerzos de apoyo al TLC; dentro de sus
funciones se había señalado la de convencer al público de la importancia de
este tratado. Además se encontraban empresas estadounidenses que tenía relación
con México manifestando su aprobación al TLC
Dentro de los intentos por derrocar este tratado se encuentra
la Resolución 109 llamada Resolución Riegle por el nombre del senador que la
promovía: ya que este pretendía eliminar al proceso del fast track y
someter al TLC a una revisión y debate en el Congreso como cualquier legislación.
En agosto de 1993 cuando los acuerdos paralelos estaba apunto
de terminar, la Casa Blanca mostró una expresión reservada respecto a estos,
debido a diversas presiones sociales que se le suscitaron, sin embargo con la
intervención del secretario del Tesorero, Bentsen enfatizó su interés en el
TLC y con México.
Los mexicanos seguían en la negociación sin cesar sobre los
beneficios del Tratado, esto había influido ya dentro de la Casa Blanca, tal
era el caso del lobista Howard Paster, que de manifestar un total desacuerdo con
el TLC, mostraba una indecisión. La intervención del gobierno estadounidense
se mantenía inmóvil, siendo hasta el nombramiento de Bill Daley cuando comenzó
nuevamente una intervención mas activa entre el gobierno y el presidente; Daley
impulsó un poco este proceso de negociación a tal grado de señalar que no
defendería en futuras campaña a demócratas que hubiesen atacado a
republicanos por su voto a favor del TLC. El inicio con fuerza de la campaña a
favor del TLC fue la presentación de tres ex presidentes y el presidente
Clinton en televisión.
Mientras en el Congreso daba inició al proceso muck
mark-up; antes de que se presente una iniciativa legal al plano del
Congreso, en los comités hay discusiones y posibilidad de que los legisladores
propongan enmiendas o modificaciones (proceso mark up). Como en el caso
de un acuerdo de libre comercio, que se veía privilegiado por el tratamiento
especial del fast track, no eran posibles las enmiendas, la inventiva del
legislativo estadounidense había generado otro concepto, el muck mark-up,
expresión no traducible literalmente pero era como el mark-up de
pretensión. El caso es que, aunque como tal era intocable se permitían
enmiendas y adiciones a la ley que regulaba la aplicación del TLC, que era
realmente la que se tenía que votar, abriéndose el 18 de octubre la legislación
para la propuesta de enmiendas presentándose más de 20 relevantes; por
enumerar alguna de estas una se refería a la política comercial en el caso de
automóviles, definiendo la cantidad de vehículos que México debía importar,
lo que significaba una violación al TLC; el hostigamiento a los productores
mexicanos de equipo de televisión.
El evento que tuvo trascendencia al grado de influir en
posiciones de congresistas, fue el debate ya relatado entre Peror y Al Gore, en
el cuál el primero quedó ridiculizado frente a los telespectadores, de ahí
que hubieran posiciones mas favorables y abiertas.
Al final de las negociaciones de acuerdos paralelos, eran 70
demócratas y 110 republicanos los que apoyaban al TLC, el cuál era un número
reducido para que el TLC lograra su trascendencia, el día 4 de noviembre, el
presidente presentó al Congreso el paquete legislativo del TLC para su votación.
Durante la asamblea se fueron cristalizando sugerencias como la creación del
Banco de Desarrollo para proyectos fronterizos señalado por Raúl Hinojosa,
profesor de San Diego, teniendo también impulsores como el congresista Esteban
Torres, logrando los dos gobiernos una decisión con 11 votos. Que el voto de
este último era un logro por haberse manifestado en un principio en contra del
TLC.
En el Congreso surgieron peticiones que de forma abierta o
solapada expresaban quejas que debían ser satisfechas par que apoyaran el TLC,
esta situación se suscitaba cuando no eran asunto de importancia para el
legislador, los congresistas pueden dar su voto a cambio de alguna solicitud legítima
desde el punto de vista particular de alguno de sus electores, era como un
soborno democrático. Eran demasiados los asuntos que proliferaron dentro de el
asamblea que no tenían conexión alguna con el tema que se discutía; habiendo
muchos temas que desde 1992 no habían sido discutidos como la reducción
arancelaria de línea blanca, productores de azúcar, que podían haber ejercido
influencia en ciertos territorios y por consiguiente podría significar apoyo
para el TLC, y aspectos como estos tendrían, obviamente, repercusión de votos
de los congresistas a favor del TLC.
El 17 de noviembre fue el día final del voto dentro de la Cámara
de Representantes existe el Comité de Reglas, que es el que establece y define
con precisión el proceso que debe seguirse en los debates en pleno; fácilmente
se aprobó el procedimiento específico mediante el cuál se iba a discutir a
pesar de que los principales miembros del comité que lo aprobaron eras
opositores. Cada uno de las facciones tuvo una intervención de cinco minutos
por representantes. Una vez finalizado el debate se da inició a la votación,
en donde la un número significativo daba su voto y otros esperaban para
observar por que cauce se iba dirigiendo esa asamblea, hasta que finalmente se
dio el voto decisivo 218 y fue un triunfo, esto por parte de la Cámara de
Representantes, ahora era el turno del Senado.
El Senado no refleja un organismo que defina el encauzamiento
del proceso, debido a que dentro de este órgano todos los Estados, mayoritaria
y minoritarios se encuentran representados, cada quien puede mantenerse en la
tribuna todo el tiempo que desee y de esta manera impide que el Senado pueda
emitir un voto contrario a sus intereses con la finalidad de defender los
derechos soberanos del Estado. Es una especie de Derecho de Veto en operación
que sólo puede ser terminado si dos terceras partes de los senadores votan por
una clausura de debate; en el Senado no hay una programación definida previa
sino todo es conforme vaya surgiendo.
El debate del Senado respecto al tratado se inicio el 19 de
noviembre, en sesiones que podían tener recesos, el debate inició pero se vio
interrumpido por diversos factores como la presentación de una informe sobre la
extensión del seguro del desempleo; el TLC parecía ser una especie de carnada
para los senadores que se encontraban ese día presentes participando de este
suceso para trascender en la historia, por ello se tocaban temas no relativos al
tratado, para aprovechar ese momento. Finalmente el sábado 20 de noviembre el
Senado aprueba con una mayoría considerable.
Cronología del TLC.
Junio 10 de 1990.
Los presidentes Bush y Salinas emiten un comunicado conjunto
apoyando la idea de llevar a cabo un tratado de libre comercio.
Agosto 21 de 1990.
El presidente Salinas envía una carta al presidente Bush
proponiendo la negociación de un tratado de libre comercio, acción necesaria
prevista dentro de la legislación estadounidense.
Septiembre 25 de 1990.
El presidente Bush, de acuerdo a la legislación de EU,
comunica al Congreso la decisión de negociar un acuerdo de libre comercio con México.
En la misma carta señala que, Canadá ha expresado deseos de participar en el
mismo.
Marzo 1 de 1991.
El presidente Bush solicita del Congreso una extensión por
dos años más para usar los procedimientos del fast track para el TLC y para
continuar las negociaciones de la Ronda de Uruguay del GATT.
Mayo 23-24 de 1991.
Al aprobar la solicitud del presidente Bush, la Cámara de
Representantes y el Senado votan por extender la autoridad del fast track por
dos años más para negociar el TLC y continuar el GATT.
Junio 12 de 1991.
Se inician formalmente las negociaciones del TLC, en Toronto,
Canadá.
Agosto 12 de 1992.
Los dos presidentes y el primer ministro canadiense anuncian
el exitoso fin de las negociaciones y se dan a conocer varios documentos,
incluyendo una síntesis del documento final del tratado.
Diciembre 17, 1992
Los dos presidentes y el primer ministro firman el acuerdo en
sus respectivas capitales. El presidente electo Clinton, reafirma la necesidad
de negociar tres acuerdos suplementarios que abarquen aspectos, ecológicos y
laborales, así como salvaguardias para incrementos inesperados en las
importaciones.
Enero, 1993.
El presidente Salinas y el presidente electo Clinton se reúnen
en Austin, Texas para confirmar su apoyo hacia el TLC.
Febrero, 1993
Se inician las primeras conversaciones informales sobre los
acuerdos suplementarios.
Agosto, 1993
Los ministros responsables de las negociaciones anuncian un
acuerdo sobre la cooperación en cuestiones ecológicas y laborales.
Noviembre, 1993
El presidente Clinton, envía al Congreso dos cartas que
presentan la documentación requerida para la votación sobre el TLC: el texto
oficial del acuerdo, la legislación para ponerlo en práctica, la declaración
de acción administrativa y los acuerdos paralelos. Los acuerdos últimos no
requieren aprobación específica pero deben ser considerados como parte
integrante del paquete que deberá el Congreso considerar para decidir su
aprobación de la legislación pertinente.
Noviembre 17, 1993
Votación en el pleno de la Cámara de Representantes
aprobando el TLC.
Noviembre 20, 1993
Votación en el pleno del Senado aprobando el TLC.
Enero 1°, 1994
El Tratado de Libre Comercio entra en vigor.
Conclusión.-
El proceso de negociación del Tratado del Libre Comercio
representó un paso importante para México en el ámbito de la globalización
comercial, aún y cuando durante todo ese tiempo se enfrentara con fuertes
grupos opositores.
Pese a estos obstáculos existieron elementos favorables como
la opinión pública, los medio de comunicación, agrupaciones de ciudadanos, la
población hispana quienes fueron un factor importante en la decisión del
Congreso y del Senado para llevar a cabo un tratado entre naciones que siendo
distintas histórica, cultural, política y económicamente que se unieron para
lograr alcanzar un objetivo común.
Por medio de este trabajo de investigación se logra percibir
la complejidad que encierran los procesos de negociación para la elaboración
de un tratado comercial entre países que presentan un panorama distinto entre
unos y otros.
Como se señalo al principio de esta investigación el
objetivo no era formar una opinión respecto a los buenos o malos resultados que
arroja el TLC, sino el propósito era el estudio de cada una de las etapas que
encerró el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio.
Maria Perez