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Enviado por Miriam Quintans
Código ISPN de la Publicación: EpZElyZAVEcPGKXHvj
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| Resumen: Nocion general. Razones de la privatizacion. Objetivos de la privatizacion. Modalidades de la privatizacion. Efectos de la privatizacion. Las privatizaciones en el contexto mundial. El proceso de privatizaciones en America latina. El proceso de privatizaciones en Inglaterra. El porque de las privatizaciones. Privatizaciones en el gobierno de Alfonsin. Proceso de privatizaciones en la decada menemista. Caracteristicas de las privatizaciones en Argentina. Consecuencias de las privatizaciones. Comparacion de ingresos y egresos. Casos practicos.(V) |
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Índice
- Introducción
- Noción general
- Razones de la privatización
- Objetivos de la privatización
- Modalidades de la privatización
- Efectos de la privatización
- Las privatizaciones en el contexto
mundial
- El proceso de privatizaciones en América
Latina
- El proceso de privatizaciones en
Inglaterra
- El porque de las privatizaciones
- Privatizaciones en el gobierno de
Alfonsin
- Proceso de privatizaciones en la década
menemista
- Características de las privatizaciones
en Argentina
- Consecuencias de las privatizaciones
- Comparación de ingresos y egresos
- Casos prácticos
- Anexo
- Resumen
- Conclusión
- Propuesta
- Bibliografía
I. INTRODUCCION
Ningún problema de la política económica contemporánea,
es tan crucial y complejo como el considerar la privatización y la reforma del
sector público de una economía. Estos aspectos de la política pública, se
encuentran íntimamente relacionados con los grados de intervención económica
del estado y con la regulación de los mercados. También se hallan orgánicamente
vinculados a otros aspectos, tales como la asignación óptima de los recursos públicos,
la provisión de los bienes públicos, y la distribución de la riqueza de la
sociedad.
Uno de los rasgos de la ideología neoliberal es el dogma de
las privatizaciones. Las privatizaciones como imperativo absoluto, sin discusión,
sin reflexión, sin discriminaciones, sin discernimiento acerca de qué bienes
colectivos conviene –por su peculiar índole, por su peculiar funcionamiento,
por el peculiar ámbito de la economía en que se encuentra- transferir a la
actividad privada.
Privatizaciones, sin más, a cualquier precio, de cualquier
modo, cualesquiera sean las consecuencias, cualesquiera sean los efectos y
costos sociales, y su impacto sobre el bien común.
A continuación definimos que es la privatización, siendo éste
un término que se utiliza para expresar y abarcar una gran variedad de ideas;
es extraordinariamente ambiguo. Expresa una gran multitud de conceptos de
diversa amplitud y profundidad.
Mas adelante nos adentramos en el contexto mundial y en América
Latina en el cual se hicieron las privatizaciones en nuestro país.
También veremos el proceso de privatización en Inglaterra y
porque tuvo una gran influencia en las privatizaciones que se realizaron en
nuestro país anterior a la década de los noventa y porque muchas de las
privatizaciones fueron realizadas por presiones con el F.M.I.
Analizaremos el por qué de las privatizaciones, cuales
fueron las causas o los motivos que las impulsaron.
Veremos las privatizaciones realizadas en los gobiernos del
Dr. Raúl R. Alfonsin y del Dr. Carlos S. Menem.
Y por último, haremos una comparación entre dos años de
privatizaciones y para concluir tomaremos "Segba y Entel" como dos
casos prácticos para analizar.
II. NOCION GENERAL
La palabra "privatización" es un término que se
utiliza para expresar y abarcar una gran variedad de ideas. En general, puede
decirse que la palabra privatización es un término extraordinariamente ambigüo.
Expresa una gran multitud de conceptos de diversa amplitud y profundidad.
El término "privatización" constituye,
pues, de hecho, una aceptación muy amplia en la que se engloban desde el
sentido estructural de a quién pertenece una empresa, hasta el punto de vista
sustantivo, de como se llevan a cabo las actividades de una empresa dentro de la
disciplina de las fuerzas de mercado.
La privatización abarca y comprende una amplia gama de
posibilidades que van desde la total desnacionalización en un extremo hasta la
completa sujección a la disciplina del mercado en el otro. Se ha descrito
frecuentemente como un término paraguas, que incluye una gran diversidad de políticas
ligadas únicamente por el hecho de implicar un reforzamiento del mercado en
detrimento del Estado o del sector público. Comprende, por lo tanto, desde el
cambio de propiedad de la empresa del sector público al privado, pasando por la
liberalización o desregulación de las actividades previamente restringidas al
sector público, hasta la provisión de bienes y servicios en determinadas
condiciones, por empresas del sector privado antes adscritos en exclusiva al
sector público.
III. RAZONES DE LA
PRIVATIZACION
No resulta tarea fácil exponer los motivos determinantes de
la privatización. Efectivamente, no existe, en general, una exposición sistemática
de los mismos, sino que hay que extraerlos de los discursos ministeriales, de
los debates parlamentarios y de un país a otro, y aún dentro del mismo país,
varían de una época a otra. Además, los argumentos que se suelen esgrimir
para justificar la privatización son muy diversos cuando no diametralmente
opuestos. Por todo ello, es bastante complejo proporcionar un cuadro general y
sistemático de los mismos.
Sin embargo, una primera serie de motivos podrían
agruparse bajo la denominación de razones de tipo ideológico. Razones de esta
naturaleza, son particularmente intensas y explícitas en Gran Bretaña y
Francia. Se trata, fundamentalmente, de un sentimiento anti-Estado o anti-sector
público, que pretende hacer retroceder la participación estatal en la vida
económica, puesto que su intervención erosiona la responsabilidad personal y
minimiza la iniciativa individual. En Francia, consiste en una tendencia en
contra del dirigismo o Colbertismo, y en Gran Bretaña, se trata de una reacción,
en contra del semi-colectivismo de la era de la posguerra. Esta corriente
anti-estatal es común también, aunque con mucha menor intensidad, a otros países
europeos, aunque no tiene mayor importancia en Italia, España, Bélgica o
Alemania.
Otra razón de tipo ideológico, podría ser también
la creencia de que las empresas públicas y los servicios proporcionados por el
Estado, limitan la elección de los consumidores, al disfrutar de posiciones de
monopolio dentro del mercado. Y finalmente, podría también considerarse como
razón ideológica, el deseo y la intención expresada por muchos gobiernos de
fomentar un "capitalismo popular", haciendo partícipes de la
propiedad de las empresas privatizadas a sus empleados. Esta intención ha dado
muy buenos frutos en determinados casos, y ha constituido un rotundo fracaso en
otros.
Otro segundo grupo de razones podrían aglutinarse bajo
la denominación de motivos de tipo económico. Estos motivos son de diferente
alcance y pretensión, según los distintos países. Así, en Inglaterra se
pretende lograr, por medio de la privatización, un cambio definitivo en las
estructuras de la economía. En Francia entre 1986 y 1988, en cambio, se
pretende conseguir un cambio en las reglas del juego de la economía. En ambos
casos, las finalidades son muy ambiciosas y de alcance muy general. Se trata de
proceder a una liberalización de prácticamente todos los mercados y conseguir
así competitividad en todas las empresas, evitar los monopolios, y alcanzar una
mayor eficacia.
Otra razón de carácter económico, la constituye
precisamente, el objetivo de lograr una mayor eficacia sometiendo las empresas
estatales a la disciplina del mercado. Se trata, en definitiva, de enfrentarlas
con las sanciones que la economía de mercado implica, tales como la amenaza de
quiebra y el peligro de la absorción. Pero esto supone, naturalmente, partir
del principio de que las empresas públicas son mucho menos eficientes que las
empresas pertenecientes al sector privado, lo cual, es tan solo, probablemente,
una verdad a medias, o válida solamente en determinados casos.
Una razón más, también, de tipo económico, esta
constituida por el objetivo de conseguir, por medio de la privatización, una
racionalización de la cartera de activos de la empresa privatizada y una
reorganización de las estrategias de inversión. Este motivo, precisamente, ha
sido el que ha impulsado diversos procesos de privatización del Instituto
Nacional de Industria en España.
Otra razón, ésta de tipo socioeconómico, estriba en
que las presiones fiscales son mucho más fuertes sobre las empresas del sector
público que sobre las del sector privado, y con sus excesivas exigencias sobre
el nivel de salarios, alto nivel de empleo y trabajo ineficaz, hacen casi
imposible su saneamiento financiero.
Y un motivo más para privatizar, muy ligado a los de
tipo económico, lo constituye la reorganización de la "dirección"
de las empresas públicas. Efectivamente, la privatización puede facilitar la
superación de las incoherencias directivas de estas empresas, y poder proceder
a una racionalización de sus estructuras directivas, viciadas frecuentemente
por factores políticos. Sin embargo, experiencias muy recientes en Francia,
España e Italia han demostrado que no es preciso poner en marcha, para ello, un
proceso de privatización, puesto que estos objetivos pueden alcanzarse
perfectamente dentro del mismo sector público, sin necesidad de transferencia
de propiedad alguna.
Otro tipo de razones para privatizar, está constituida
por los factores de carácter financiero. Es evidente, que la venta de los
activos pertenecientes a empresas estatales constituye una fuente de ingresos
muy importante, que pueden ingresarse en las áreas del Tesoro. De todos modos,
constituye un tema muy delicado, que exige una administración rigurosa.
Otro motivo de este tipo, lo constituye también el
hecho de que la privatización facilita enormemente el acceso a los mercados de
capitales internacionales de una forma mucho más rápida y directa.
Otra razón, también de carácter financiero, la
constituye el hecho de que al procederse a la privatización de una empresa
estatal, se cortan de raíz los subsidios y subvenciones que se les estaban
concediendo a empresas casi constantemente deficitarias.
Y una razón más de tipo financiero, consiste en que
el proceso de privatización es capaz de ampliar el mercado de valores,
introduciendo en él a muchos y nuevos inversores, y profundizarlo, a la vez,
mediante al acceso al mismo de importantes empresas con fuertes posiciones en el
mercado.
Otros argumentos de diversa índole, que aconsejan
proceder a la privatización, son los siguientes: En primer lugar, cuando una
empresa pública ha sido creada o nacionalizada en su día, para conseguir el
logro de determinados objetivos, y estos han sido ya alcanzados, o no interesa
ya su realización, esta empresa puede ser perfectamente privatizada. En segundo
lugar, una empresa puede privatizarse con el fin de aligerar una carga
administrativa que resulte demasiado pesada para el Estado, ya bien sea por la
falta de medios de la Administración, o por la falta de personal capacitado.
Ambos motivos de privatización son muy frecuentes en países en vías de
desarrollo.
IV. OBJETIVOS DE LA PRIVATIZACIÓN
Es evidente que resulta muy difícil deslindar entre
las razones o motivos de la privatización, y los objetivos que se persiguen al
ponerla en práctica. Es casi imposible, en efecto, distinguir con claridad
entre el por qué de la privatización y el para qué de la misma. Ambas
consideraciones se encuentran íntimamente relacionadas y totalmente imbricadas
en su origen y desarrollo. Unas veces, la una es primero, y la otra después, o
a la inversa, o simplemente, las dos son la misma cosa.
No obstante, de forma totalmente ideal, pueden
establecerse ciertos objetivos o fines a alcanzar en todo programa de
privatización, que resulten claramente autoevidentes. Estos serían los
siguientes, muy esquematicamente bosquejados:
1) Que las decisiones de dirección y de gestión de
las empresas privatizadas resulten completamente despolitizadas.
2) Conseguir una mayor eficiencia en el rendimiento de
las empresas privatizadas.
3) Alcanzar un mayor grado de competitividad en las
empresas, liberalizando el mercado, para, precisamente, así obtener una mayor
eficacia.
4) Procurar que los bienes y servicios proporcionados
por las empresas privatizadas expresen los costes reales.
5) Que las inversiones realizadas reflejen el verdadero
coste del capital utilizado.
6) Incrementar los fondos del Tesoro mediante la venta
de los activos públicos.
7) Evitar el despilfarro que supone el mantenimiento de
subvenciones continuas a empresas con pérdidas permanentes, y cortar así el déficit
del presupuesto.
8) Ampliar el mercado de capitales permitiendo el
acceso al mismo de nuevos inversores.
V.
MODALIDADES DE LA PRIVATIZACION
Las diferentes
modalidades de la privatización pueden agruparse fundamentalmente en tres tipos
o categorías muy amplias. Estas son: 1) Transferencia de la propiedad de los
activos públicos al sector privado. 2) Concesiones, contratos, y subastas públicas
para la provisión de bienes y servicios por parte de las empresas del sector
privado y 3) Liberalización o desregulación de los mercados de monopolio
legales, haciendo especial referencia a la libertad de entrada y de acceso a
nuevas empresas en el mismo.
La elección de una u otra modalidad dependerá de los objetivos que se
persigan y del tipo de actividad económica que se considere. Sin embargo,
pueden originarse situaciones conflictivas entre los objetivos a alcanzar en el
proceso de privatización, especialmente entre los objetivos financieros y las
posibles mejoras de la eficiencia. En efecto, el valor de los activos públicos
en venta, es mayor cuanto mayor sean los privilegios monopolísticos que la
empresa privatizada, o en proceso de privatización, retenga en su poder. Pero,
entonces, en este supuesto, el objetivo de la eficiencia no se logrará, puesto
que, de esta forma, el monopolio privado podrá fijar los precios a unos niveles
superiores al coste marginal. La ausencia de competencia, en este caso, impedirá
el mejoramiento de la eficiencia productiva.
1. TRANSFERENCIA DE LA PROPIEDAD DE LA EMPRESA PUBLICA
Existen básicamente cinco métodos para proceder a la
transferencia de la propiedad de una empresa pública. Estos son:
a) La venta directa
Esta forma de privatización, generalmente bastante
extendida, consiste simplemente en la venta global de la empresa pública a una
compañía perteneciente al sector privado. Esta forma de venta es muy usual y
se practica para la mayoría de los países. Este tipo de ventas directas se
suelen producir a iniciativa del gobierno, aunque, en ocasiones, son las compañias
privadas las que realizan sus propuestas de compra en cuanto se pone en marcha
un programa de privatización.
b) La oferta de venta pública
Este procedimiento de privatización, especialmente
puesto en práctica por los países industrializados, constituye la fórmula mas
ampliamente extendida de transferencia de la propiedad de la empresa pública.
Sin embargo, la complejidad técnica de sus fases de preparación y posterior
desarrollo, restringen su utilización a las empresas estatales de mayor
magnitud. Entre los objetivos que suelen perseguir los Gobiernos al poner en práctica
una oferta de venta pública, figura el alcanzar una "democratización"
del accionariado de las principales industrias del país. Este deseo de promover
un "capitalismo popular" tiene por finalidad, fundamentalmente, el
crear grupos de interes favorables a la privatización, evitar la excesiva
concentración de capital y demostrar que el proceso de privatización no
pretende favorecer únicamente a determinados grupos económicos fuertes,
estableciendo una oligarquía. Por otra parte, la participación popular en el
capital social de la empresa pública privatizada, puede constituir también un
poderoso instrumento de protección contra una posible renacionalización en el
futuro.
Esta forma de privatización es también la más
compleja desde el punto de vista técnico. Los riesgos que se derivan de una
oferta pública de venta, tanto para el Gobierno como para los pequeños
ahorradores que pretenden atraer, exigen que se seleccione cuidadosamente a la
empresa que se pretende privatizar a través de este procedimiento. En efecto,
promocionar una oferta pública de una empresa que se encuentra en dificultades
financieras, puede resultar muy difícil y arriesgado. Incluso puede también
resultar preciso el proceder a la restructuracióin financiera de la misma, con
la consabida consecuencia de despidos, reformas estructurales, etc. Todo ello se
evitaría si la empresa disfrutara de una situación financiera saneada.
Por otra parte, la posición de la empresa en el
mercado puede originar ciertas dificultades. En efecto, si se privatiza una
empresa que detenta una posición de monopolio en nombre del interés público,
al privatizar una empresa de este tipo los beneficios van a parar,
efectivamente, a los accionistas privados, por lo que podrían ser considerados
como una explotación del consumidor. Todo lo cual, entraña la necesidad de
promulgar una serie de normas que establezcan un control sobre los precios y los
beneficios.
Por otro lado, si la empresa estatal objeto de oferta pública
de venta, no es monopolística, este tipo de problemas no se presentan. Los
beneficios se contemplan como una prueba de la eficacia operativa de la empresa,
y no se hace precisa la existencia de una regulación de la actividad de la
misma.
Este método ha sido aplicado especialmente en
Inglaterra y Estados Unidos.
c) Adquisiciones de empresas por su personal
Las compras de empresas estatales por parte de sus
directivos y empleados constituye otro método de privatización que tiene
cierta importancia en numerosos países, pero de forma especial en Inglaterra.
No obstante, este procedimiento de privatización, que teóricamente parece
sencillo y adecuado, no deja de ofrecer en la práctica ciertos problemas, como
la valoración de los activos, la reestructuración de la empresa, y con toda
probabilidad, una serie de cuestiones de tipo socioeconómico. El ejemplo más
significativo y a la vez de mayor éxito, fue la adquisición por parte de sus
directivos y personal en general, de la National Freight Corporation en 1982,
que sirvió de precedente a otras muchas ventas similares que le siguieron en
este país, como la British Leyland y alguna más. Este método también se ha
utilizado en otros muchos países, entre ellos Canadá, Francia e incluso Turquía.
d) Venta de acciones y activos públicos
La venta de acciones y activos públicos a compradores
del sector privado, sean estos entidades o particulares, constituye la forma de
privatización más generalmente utilizada en los países menos desarrollados,
precisamente por su sencillez y rapidez.
Esta modalidad de transferencia de la propiedad de la
empresa, puede adoptar dos formas: Una, la venta total del patrimonio de la
empresa; otra, la venta de cierto número de activos públicos, normalmente
realizada a través del procedimiento de licitación.
Cabe resaltar el hecho de que la posibilidad de
participación minoritaria en la propiedad de la empresa, constituye un
acontecimiento mucho más frecuente y casi general, en este tipo de
transferencias.
e) Incrementos del capital no suscrito
Un incremento de capital que no se encuentra abierto a
la suscripción para la mayoría del público accionista, permite la posibilidad
de acceso a la propiedad de la empresa, a inversores privados y particulares. Se
trata, pues, de una transferencia parcial del capital de la empresa. Su
existencia se justifica por el hecho de que la mayoría de los posibles
compradores carecen de recursos financieros suficientes para cubrir esta
ampliación. Su práctica es relativamente frecuente en los países en vías de
desarrollo.
2. CONTRATOS DE CONCESION, FRANQUICIAS Y CONCURSOS PUBLICOS
PARA LA PROVISION DE BIENES Y SERVICIOS PUBLICOS
a) Concesión
Una concesión implica el traspaso de poderes del concedente
(la administración) al concesionario (un particular). Existen dos modalidades.
1) La concesión de servicios públicos en la que el Estado encomienda a un
particular la organización y funcionamiento de un servicio público por un
determinado lapso. La retribución del concesionario es el precio pagado por los
usuarios. 2) La concesión de obra pública: la administración contrata a una
empresa para la realización de la obra a la que no le paga un precio por ella
sino que le otorga por un plazo determinado la explotación de la obra que se
construye.
Las concesiones pueden ser onerosas o gratuitas e incluso
subvencionadas en el caso de actividades no rentables. En los casos de modalidad
onerosa, en general los concesionarios pagan al Estado un canon cuyo monto,
forma y regularidad de pago se establecen en los contratos.
El pago del canon no implica en sí mismo una transacción de
balance de pagos, ya que es una operación entre una empresa residente y el
Estado. Sin embargo, cuando en un consorcio participan inversores extranjeros,
el mismo es tomado como una empresa de inversión directa. Por lo tanto, las
utilidades que genera se registran en la cuenta corriente y los flujos de
reinversión, aportes de capital, deuda con matrices y cambios de manos se
incluyen en la cuenta financiera.
En este tipo de contratos, los sectores más dinámicos
fueron los de comunicaciones (Televisión y radio), construcción de rutas y
caminos, y transporte terrestre. La aplicación de esta modalidad se inició en
1990 cuando se privatizaron a través de concesiones, rutas nacionales y dos
canales de televisión estatales.
b) Franquicia
Las franquicias constituyen otro instrumento de
privatización, que consiste fundamentalmente en la concesión, casi siempre con
carácter exclusivo, de la prestación de un servicio público a una entidad
privada. Una franquicia en exclusiva consiste en un adjudicación de privilegios
monopolísticos a una empresa privada para que proporcione un servicio
determinado, con precios regulados por una dependencia del Gobierno.
En este procedimiento de privatización, como en el método
de la contratación pública, el gobierno es el ordenante y una entidad privada
es la productora. Sin embargo, ambos sistemas se diferencian por la forma de
pago al productor. El Gobierno es el que paga al productor en el caso de los
bienes o servicios contratados, y en cambio, en el supuesto de la franquicia, es
el consumidor el que paga al productor por los bienes o servicios prestados.
El sistema de franquicia es particularmente aplicable
en aquellas circunstancias en las que el Gobierno desea controlar las características
del servicio, o aquellas otras en las que la financiación se realiza a través
de subvenciones gubernamentales. En este sentido, sectores, tales como los
transportes, en general, líneas aéreas, etc. son los candidatos ideales para
la aplicación de esta modalidad.
Aunque no sin problemas, la franquicia constituye un
procedimiento muy atractivo para compaginar la eficiencia y la competitividad.
De hecho, se han conseguido logros muy importantes en la provisión de ciertos
servicios, como el de la recogida de basuras, servicios de limpieza, etc. Sin
embargo, en otros sectores que presentan por lo general dificultades de regulación,
y de un peso económico muy importante, tales como el agua, energía, etc., la
fran quicia plantea problemas de cierta consideración.
c) Concursos de contratación pública
Se trata de una concepción de la privatización,
considerada desde un punto de vista mucho más amplio que el expuesto en la
sección anterior. Ahora, se trata ya de contemplar, no la transferencia de la
propiedad de la empresa pública al sector privado, sino de proceder a la
privatización de la actividad de la propia empresa pública. Es, pues, una
perspectiva mucho más amplia.
En este sistema de contratación pública, la empresa
privada es la productora del bien o servicio, y el Gobierno el ordenante. En
este método de contratos públicos, el Gobierno es el que: 1) Expresa las
demandas de bienes y servicios públicos solicitadas democráticamente; 2)
Inspecciona la provisión de los bienes y servicios por parte del sector
privado; 3) Proporciona el pago de tales servicios al contratista.
La decisión de contratar con empresas privadas la
provisión de servicios públicos o cualquier otra realización, no significa,
en modo alguno, un fracaso de la actividad gubernamental, sino simplemente que
se busca la manera de conseguir mejores logros mediante el aprovechamiento de
las capacidades especializadas del sector privado.
Esta experiencia de privatización ha sido practicada,
especialmente, por Estados Unidos, Inglaterra, gran parte de Europa Occidental y
Japón y ha originado un extraordinario éxito de ahorro de los costes, que a
nivel municipal han llegado a alcanzar incluso del orden del 40 al 60 por cien
en USA.
3. LIBERACION O DESREGULACION
Este método de privatización es el más simple de
todos. Por medio de él, el Gobierno se limita a derogar las normas que impedían
a la iniciativa privada competir con el monopolio estatal. Con frecuencia la
desregulación no consiste solamente en suprimir regulaciones preexistentes,
sino también en promulgar una nueva normativa destinada a modificar las
condiciones de la competencia en un mercado determinado.
La desregulación desempeña un papel muy importante en
la liberalización de las restricciones existentes que condicionaban o impedían
la entrada en un determinado mercado. Si el mercado que se liberaliza es
perfectamente competitivo, las ganancias que se obtienen en la eficiencia de la
asignación de recursos, indudablemente, se producirán. Sin embargo, se ha
recomendado la regulación, o incluso la nacionalización, en la circunstancia
de un mercado de monopolio natural, como remedio para conseguir unos precios óptimos
y una asignación de los recursos eficaz. Esta opinión no es siempre
compartida, señalándose el hecho de que retirar las barreras que obstaculizan
la entrada en el mercado constituye un instrumento mucho más eficaz que
proceder a su regulación. (Baumol, 1986, p. 38).
Debe ponerse de relieve, no obstante, que estas
observaciones críticas a la regulación, no se refieren a la regulación en si
misma considerada, sino más bien a la forma en que esta se pone en práctica.
Es necesario, pues, establecer unos modos de regulación que, teniendo en cuenta
sector por sector, y mercado por mercado, se adaptan plenamente a la realidad de
cada caso concreto.
VI. EFECTOS DE LA
PRIVATIZACION
El proceso de privatización debe contemplarse desde la
perspectiva de ver hasta donde es capaz de llevar a cabo la consecución de sus
dos objetivos más importantes, que son: el mejoramiento de la situación
financiera del Estado, y el incremento de la asignación y la eficacia
productiva de la economía. El logro de estos dos efectos macroeconómicos puede
muy bien reflejar la situación financiera y competitiva de cada una de las
empresas en particular.
a) Efectos sobre la eficiencia económica de la
empresa.
En primer lugar, desde el punto de vista teórico,
puede alcanzarse la conclusión de que los mecanismos del mercado de capitales y
la exigencia de obtener unos beneficios para satisfacer a los accionistas,
constituyen un sistema más seguro y rápido para estimular la rentabilidad de
una empresa, y no la concesión de subvenciones e inversiones realizadas por el
gobierno, que a falta de su coherencia, en la mayoría de los casos, suelen ser
dirigidas a satisfacer necesidades políticas a corto plazo, más que a motivos
de rentabilidad a largo plazo. Además, al ponerse en práctica una gestión del
personal más flexible y eficaz, y al enfrentarse también competitivamente con
otras empresas del sector, constituyen factores, que contribuyen a una mejor
eficiencia operativa y económica de la empresa.
Sin embargo, en la práctica, no se puede formular con
carácter general el principio de que el sector público sea más ineficiente
que el sector privado; lo que ocurre es que el primero se encuentra mediatizado
en su actuación por una serie de factores políticos extraeconómicos, incluso
conflictivos entre sí, la mayoría de las veces. Por otra parte, no pueden
aplicarse métodos científicos de comprobación generalizada, puesto que
resulta imposible que la prestación de un mismo servicio sea gestionada a la
vez por el sector público y el sector privado y en las mismas circunstancias,
por lo que la diferencia en el rendimiento puede ser debida a factores exógenos
a la economía.
Lo único que puede decirse, en términos objetivos, es
que los burócratas tienen menos probabilidades de gestionar correctamente una
empresa, que los empresarios del sector privado. Pero, como sucede en las
principales cuestiones políticas, ésta afirmación es más materia de opinión
que principio general riguroso.
b) Efectos sobre la situación financiera del Estado.
Es evidente, que la privatización consiste no solo en
un programa político y económico, sino que también supone una transacción
financiera. Y esta transacción financiera puede revestir diversas características
y ser de una cuantía y magnitud muy diferentes.
En muchas privatizaciones, la cantidad de dinero que
pasa del sector privado al público es muy pequeña, y las ventajas financieras
para el Gobierno son muy a largo plazo y casi intangibles. Pero, sin embargo, en
las ventas importantes de bienes públicos tienen un efecto inmediato y directo
sobre el presupuesto fiscal y la deuda pública. En efecto, en la práctica, las
principales ventas que se han realizado, tales como British gas, en Gran Bretaña,
Paribas, en Francia, etc..., el impacto presupuestario inmediato fue enorme.
Sin embargo, una vez realizada la venta, sus resultados
deben incluirse inmediatamente en el presupuesto, con el fin de evitar serios
problemas financieros para el Gobierno. Caso de no hacerse así, puede
originarse un ritmo en el proceso de privatización artificialmente alto, que
desemboque, en ocasiones, en un cierto despilfarro financiero.
c) Efectos sobre el mercado de capitales.
En primer lugar, todo proceso de privatización genera
una enorme expansión de los mercados financieros, al introducirse en él nuevos
inversores.
En segundo lugar, otro efecto positivo de la
privatización, consiste en que el volumen de capital del mercado de valores ha
experimentado un enorme auge que ha cristalizado en un aumento de las carteras
de inversión de las entidades financieras, y en una capitalización general del
mercado.
Finalmente, otro tercer efecto positivo del proceso de
privatización, estriba en la profundización del mercado, permitiendo el acceso
o introduciendo en el mismo, a compañías privadas, que de otra forma no podrían
acudir a él. La disponibilidad de fondos de financiación, se ha incrementado
enormemente en aquellos países en los que se han llevado a cabo las
privatizaciones.
Por último, simplemente poner de relieve que en todo
proceso político de poner en marcha la privatización, debe de fomentarse y
estimularse que los activos públicos en venta se distribuyan entre el mayor número
posible de nuevos inversores, y esto, no por razones de justicia y expansión
del mercado solamente, sino, sobre todo, por propio interés político y económico
para que el proceso privatizador pueda llevarse a cabo, favoreciendo la creación
de grupos de intereses comprometidos directamente en el proceso de privatización.
d) Efectos sociales de los programas de privatizaión.
Su principal objetivo social consiste en incrementar el
nivel de bienestar social, evitando la existencia de desequilibrios regionales.
Entre estos objetivos redistributivos figuran la consecución de precios bajos,
proporcionar salarios elevados, etc. Sin embargo, como norma general, puede
afirmarse que las empresas estatales han fracasado en llevar a feliz término
esta función social, especialmente, en lo que se refiere a las clases más económicamente
débiles y desprotegidas.
Por otro lado, los efectos sociales de la provisión de
bienes y servicios por empresas privadas puede encontrarse condicionada por las
siguientes razones:
En primer lugar, si las ganancias derivadas de la
reducción de los costes van a revertir a favor del consumidor o de los nuevos
propietarios de la empresa, va a depender, tal como expresa la teoría microeconómica,
del grado de competitividad al que la empresa privatizada se encuentre sometida.
En segundo lugar, la reducción de los costes de la
empresa como consecuencia de la modernización de las técnicas de producción y
de la reducción de los salarios en el reajuste realizado, se traducirá en una
simple transferencia de renta de los empleados de la empresa a los consumidores
del bien producido.
Y finalmente, el Estado utiliza frecuentemente a las
empresas públicas para suministrar ciertos bienes de alcance general, tales
como productos alimenticios básicos, agua, carbón, energía petrolífera, etc.
o determinados servicios tales como el transporte por ferrocarril, transporte
urbano, etc., pero a precios subsidiados, y por lo tanto, artificialmente bajos.
En estas circunstancias, la privatización no conduce a un descenso de los
precios, sino más bien a un ahorro en las cargas del presupuesto nacional. Esto
puede permitir al Gobierno la posibilidad de utilizar estos recursos financieros
en proyectos de tipo social, tales como la educación, la vivienda, y
prestaciones sanitarias. Todo ello, no son más que consecuencias debidas al
proceso de privatización.
Por otra parte, otro aspecto muy importante del impacto
social de la privatización, consiste en que se la ha utilizado como mecanismo
para transformar a los trabajadores en propietarios de las empresas en las que
desempeñan su trabajo. Esta extensión de la propiedad de la empresa entre sus
propios trabajadores ha sido bastante considerable en Gran Bretaña.
VII. LAS PRIVATIZACIONES EN EL CONTEXTO
MUNDIAL
Las privatizaciones son un fenómeno o tendencia que afecta a
todos los países. Esta tendencia está inserta como una política de
racionalización del Estado moderno, dentro del proceso global de transformación
de las economías nacionales.
Los procesos de privatizaciones que se dan en la mayoría de
las regiones, subregiones y países del mundo contemporáneo, obedecen a una
intencionalidad de hacer más racional la acción de los gobiernos y hacer más
eficaz el funcionamiento de los mecanismos de Estado.
En este contexto, en muchas realidades nacionales, están en
desarrollo procesos de venta, de fusión y desincorporación de empresas públicas,
así como la decisión de entregar actividades que tradicionalmente controlaba
el sector público, como son: electricidad, petróleo, ferrocarriles, correos y
telégrafos, agua potable y otras. Esta reducción de la actividad estatal, en
la producción de bienes y servicios, responde como a un consenso de aceptar
como inevitables las privatizaciones para reducir, así, las dimensiones y
frenar las tendencia al crecimiento de la propiedad pública.
Con la crisis que sufren los países socialistas, y el
desprestigio de la economía centralmente planificada, esta situación ha
fortalecido las ideas neoliberales, entre las cuales destaca aquella que
sostiene: "...las empresas públicas en general, no son reconocidas por su
eficacia y buen desempeño económico." Por ello, se ha ido imponiendo la
corriente ortodoxa de pensamiento que sugiere la venta, fusión, desincorporación
y liquidación, en particular de las empresas industriales públicas. La
justificación que se da en estos casos es la de ampliar o mantener el gasto
social y no utilizar una parte importante del presupuesto nacional en el
desarrollo de este tipo de empresas que compiten con las del sector privado.
Por otra parte, se plantea una posición con respecto a la
política pública de redefinir el papel del Estado en materia de intervención
en la economía nacional. Aquí surge toda una línea de acción para enfrentar
la crisis; tal línea se sustenta en una comprensión neoliberal de reducir el
sector de empresas públicas para ampliar la actividad productiva del sector
privado; aunque la visión de este objetivo estratégico de la postura
neoliberal se esconde tras la política de sanear las finanzas públicas para
reducir el déficit fiscal.
Este objetivo estratégico definido en las políticas de
estabilización y desarrollo, responde a una tendencia mundial que tiene
connotaciones particulares, dado que tiene relación con el proceso de
Globalización de los mercados, y de avance de la penetración del capital
extranjero en las economías nacionales. Situación aprovechada por los
empresarios privados que presionan al Estado y a los gobiernos para que la
privatización signifique un proceso ajustado a una política económica y a un
redimensionamiento del sector para estatal de la administración pública a una
escala menor, como una forma de dar fuerza a toda una estrategia continental de
ajuste y de reinserción en la economía mundial, así como de ubicación en una
nueva regionalización de todos los países medianos y pequeños.
Muchos autores sostienen que el
proceso de privatizaciones corresponde a un avance de las ideas neoliberales en
contra de la intervención estatal, y se ubica en una ofensiva a escala mundial,
la cual responde a las exigencias del proceso de Globalización de la economía
y de regionalización que fortalece la penetración de las empresas globales
(transnacionales) en las economías internas de los países de desarrollo medio
y atrasados. Esta ofensiva ha sido dirigida, en todos los países, en contra de
las empresas públicas, alegando deficiencias organizacionales y malos manejos
administrativos de tipo financiero, productivo y de personal de las mismas. Sin
embargo, hay que reconocer que esta ofensiva y crítica a la gestión pública
ha sido justa en algunos casos, en donde el comportamiento burocrático y la
corrupción de los altos ejecutivos de las empresas públicas han marcado un
procedimiento de gestión que ha sido duramente criticado por la opinión pública
de muchos países de las diferentes regiones.
IIX. EL PROCESO DE PRIVATIZACIONES EN
AMÉRICA LATINA
En América Latina, el proceso de privatizaciones se ha dado
en un contexto político complejo.
Se puede decir que inicia con las dictaduras militares,
surgidas en el cono sur durante la década de los años setenta, las cuales
desmantelaron los sistemas de empresas públicas mediante la venta, fusión y
liquidación de las mismas. Este proceso responde a una cierta forma de inducción
proveniente de los países industrializados (del norte) que han puesto en práctica
la política de privatizaciones como uno de los elementos claves para hacer
avanzar sus programas estabilizadores y de reconversión industrial, así como
fortalecer el proceso de Globalización. Además, los organismos financieros
internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y la Banca privada
internacional) han propiciado la privatización en todo el continente.
Las empresas públicas, en América Latina, han jugado un
papel importante en el desarrollo económico y social, así como en la
consolidación de los Estados nacionales e independientes de la región.
Sin embargo, la crisis de la deuda externa, los problemas
actuales de modernización de la administración pública, la apertura comercial
y el nuevo trato al capital extranjero, han creado condiciones en muchos países
latinoamericanos para impulsar las privatizaciones como un proceso de
aprendizaje y modernización productiva que pretende cambiar décadas de
intervención del sector público en la economía de cada realidad nacional del
área; sin embargo ". Se reconoce la necesidad de encarar pragmáticamente
este tema, también se quiere destacar que la discusión, con frecuencia, no
toma debida consideración de la conveniencia y de las dificultades para
privatizar empresas públicas."
IX. EL PROCESO DE PRIVATIZACIONES EN
INGLATERRA
Los "altos costos" de la carga social fueron
duramente criticados por la derecha "ultra". La Sociedad Mont Pelerín,
fundada por Hayek en la inmediata postguerra y difundida dogmáticamente desde
Chicago por Friedman. Efectivamente, un nuevo contexto mundial -en especial la
crisis del petróleo - y en concurrencia la pérdida de rentabilidad, más una
despiadada política internacional en materia financiera, marcaron las economías
europeas. EE.UU. con Reagan e Inglaterra con la señora Thatcher, impulsaron la
doble demonización: 1) la del "imperio del mal" representado por la
URSS y sus países satélites, cuyas economías burocratizadas y centralizadas
no funcionaban y eran incapaces de sostener una competencia estratégica a nivel
armamentístico. La implementación del sistema de defensa llamado "guerra
de las galaxias" marcó un hito fundamental en esta batalla que,
finalmente, ganó EE.UU. con la implosión de la URSS; 2) La del Estado
benefactor, comenzando por Inglaterra. Privatizaciones salvajes, desregulaciones
económicas y laborales. Recortes y privatización de la Seguridad Social.
Cuidadosamente programada, lo que se ha dado en llamar "una ideología económica"
del mundo a aplicar "fuesen cuales fuesen las condiciones y las culturas
del lugar", tiene como componentes: estabilidad de precios, equilibrio
presupuestario, desregulación y privatizaciones a ultranza, libertad absoluta
de movimientos de capitales, competitividad descargada de la "ganga"
social, etc.
Universalizada, y aplicada duramente a través de los
organismos internacionales bajo su control en todo el mundo, esta doctrina de
nueva ("neo") no tienen absolutamente nada; ha concentrado hasta límites
no concebibles hace treinta años la riqueza y extendido por todo el planeta la
pobreza, generando una inestabilidad permanente en las economías de los países
dependientes -ahora llamados "economías emergentes" y sembrando
incertidumbres políticas y desastres sociales de los que no están a salvo los
propios países centrales, que abierta o silenciosamente la han impulsado.
X. EL PORQUE DE LAS PRIVATIZACIONES
Puede hablarse de las privatizaciones como una tendencia de
la política económica seguida por los diferentes países, es evidente que el
inicio de tal tendencia como fenómeno significativo hay que situarlo en Gran
Bretaña, donde ha constituido la pieza emblemática del
"thatcherismo" ya desde los primeros años 80. Y tanto en Gran Bretaña
como en otros paciesen que la política de privatización ha tenido una cierta
entidad, está no se ha limitado al venta total o parcial de empresas públicas
al sector privado, sino que, además, los programas se han extendido a dos tipos
de medidas: la desregulación de determinadas actividades (acompañada a veces
de la eliminación de monopolios legales) y a la introducción de criterios
"mercantiles", de mercado o de "empresa privada" no solo en
la gestión de empresas públicas sino también en determinadas áreas de la
Administración Pública.
Respecto de las privatizaciones en sentido estricto (la venta
de empresas públicas, o de una parte se sus acciones, al sector privado). El
argumento principal de los gobiernos que la han impulsado ha sido el de la
mejora de la eficiencia económica ha sido probablemente uno de los más
utilizados; basado por supuesto en la idea de que la titularidad pública de las
empresas iba en muchos casos acompañada de una gestión ineficiente.
No obstante, la evidencia empírica ha ido mostrando que los
gobiernos parecen haber perseguido una cierta mezcla de objetivos con las
privatizaciones. Y así, junto a la idea de que la gestión privada (o el sector
privado, o la iniciativa privada) es más eficiente que la gestión estatal y
que por lo tanto conviene reducir el peso económico del Estado, se observan
también objetivos como el de aliviar el déficit fiscal mediante la venta de
empresas públicas o el de "disciplinar" a los trabajadores y usuarios
de determinadas empresas públicas fuertemente deficitarias, pasándolas a las
reglas de juego habituales en las relaciones de mercado; (esto tiene que ver
directamente con la idea que reúne un relativo consenso de que las
reivindicaciones sindicales tienden a ser más radicales y exitosas frente a las
empresas públicas que frente a las privadas).
Por otra parte, no todos los programas de privatizaciones han
sido llevados a cabo por gobiernos conservadores como el de Thatcher en
Inglaterra o el de Chirac en Francia. Ha habido, por ejemplo, importantes en
Italia, con un gobierno de coalición; en México, con el gobierno del Partido
Revolucionario Institucional; y en España, con el Partido Socialista en el
gobierno.
Sobre las formas de privatización
La conclusión general que puede extraerse de las
experiencias de diferentes países es que bajo la etiqueta privatizaciones se
engloban medidas o acciones bien distintas, aunque con el objetivo común de
disminuir al implicación de los poderes públicos en la actividad económica
Transferencia de la propiedad de empresas públicas al sector
privado
Esta es la forma estricta de privatización y representa
efectivamente el grueso de las operaciones realizadas en países como Gran Bretaña,
Francia, España o Argentina. En unas ocasiones la transferencia de propiedad es
total mediante la venta en bloque de la empresa a un grupo privado, como en loa
casos de las españolas SEAT, Maquinista o ENASA y el de la Argentina Aerolíneas
Argentinas. La otra modalidad ha consistido en la venta de acciones en bolsa
respecto a determinadas empresas públicas, reservándose generalmente el Estado
un porcentaje de capital minoritario. Esta ha sido la vía de privatización típica
de Gran Bretaña y Francia (donde no hay que olvidas que los respectivos
gobiernos conservadores tenían el propósito programático de fomentar un
cierto accionario popular mediante las privatizaciones), en la que destacan
casos como los de British Gas, Bitish Telecom., Saint-Gobain y la Societé Genérale;
y es una opción que también se ha seguido en España con respecto a empresas públicas
que venían siendo claramente rentables , como son los casos de REPSOL, EMDESA o
ENCE.
De igual forma han sido importantes las privatizaciones
parciales en las que el Estado mantiene la mayoría del capital. De este tipo
son todas las llevada a cabo en Austria y en Italia, así como las programadas
en Francia durante la etapa de gobiernos socialistas y los casos españoles en
que se han sacado a bolsa paquetes de acciones, como el de REPSOL, EMDESA y
ENCE, entre otras.
Desregulación / privatización.
Este segundo tipo de operaciones de privatización ha
consistido en la desregulación o desmonopolización de actividad de la empresa
pública, posteriormente acompañada o no de transferencia de propiedad al
sector privado. Lo que más destaca en estos casos de grandes empresas públicas
es la política de liberalización de servicios públicos, siguiendo un proceso
que responde al siguiente esquema-tipo: Eliminación del monopolio legal a favor
de la empresa pública, si ese era el caso; pasar a organizar la empresa como
sociedad anónima, o como varias sociedades anónimas –una para cada actividad
diferenciada- agrupando estas en un holding; y, sobre esta nueva base jurídica,
establecer criterios de gestión de empresa privada. Simultánea o
posteriormente, este proceso es o no completado en el sentido jurídico de la
propiedad, sacando el Estado a Bolsa acciones de la nueva empresa. Casos
importantes de desregulación / privatización han sido la antigua compañía de
autobuses británica, al British Telecom. Y la mayor parte de las operaciones de
privatización llevadas a cabo en Venezuela.
Algunos expertos ponen en duda, no obstante, que pueda
hablarse en realidad de desregulación en estos casos. Simultáneamente a la
privatización / desmonopolización se han creado oficinas estatales específicas
encargadas de la regulación del respectivo sector, ante la evidencia de que ,
desde una perspectiva social, las actividades no podían dejarse al resultado
del juego del libre mercado.
Privatización organizativa.
Como parte de la amplia corriente privatizadora, hay que
destacar una variante de lo anterior, consistente en la simple adopción de
formas y / o de gestión privados (mercantiles) para determinadas empresas públicas
que generalmente se mantiene como tales. A operación significa, en primer
lugar, que dejan de ser entidades de derecho público y pasan a regirse por el
derecho privado, mediante su transformación / constitución en sociedades anónimas;
y , en segundo lugar significa que se les pasa a fijar un determinado objetivo
financiero que generalmente toma como punto de referencia la meta de la
autofinanciación. Casos significativos en esta línea son los antiguos entes
estatales en Italia y en Irlanda. La RTV y el Servicio de Correos de Holanda, así
como el London Transport Authority y el Servicio de Correos de Gran Bretaña.
Las principales consecuencias son que el personal deja de ser
funcionario público para pasar al estatus típico definido pro el contrato
laboral, y que la empresa pasa a estar sujeta a una disciplina financiera más
estricta (lo que a su vez puede conllevar o no una cierta subida relativa de las
tarifas para los usuarios / consumidores).
Hay que destacar que, en algunos casos, esta privatización
organizativa – que se inicia por cambiar la forma jurídica de la propiedad pública-
es como un primer paso para una posterior privatización pura, es decir,
transferencia de propiedad al sector privado.
Privatización de actividades de al Administración Pública.
Esta adopción de formas de gestión privadas se ha ido
extendiendo de las empresas estatales a la Administración Publica,
especialmente en países europeos. Cada vez son más numerosos los ejemplos de
segregación de actividades de la Administración Pública para constituir
agencias con autonomía de gestión. Es decir, un proceso, de hecho, de creación
de nuevas empresas públicas. Un paso más allá en este proceso y nos
encontramos con la actual tendencia a que la actividad segregada se transfiera
al sector privado; por ejemplo, los servicios de inspección del Ministerio de
Finanzas de Holanda.
Privatización de la gestión (contracting out)
Finalmente, otro tipo de operaciones surgido como parte de
los procesos de privatización ha sido la privatización de la actividad de
empresas públicas, en el sentido de cesión al sector privado de la gestión de
la actividad de la empresa, pero sin transferencia alguna de propiedad sobre el
patrimonio (contracting out). Esta ha sido la vía seguida en Gran Bretaña, pro
ejemplo, con los astilleros públicos. Como empresa pública su patrimonio era
tan importante (terrenos e instalaciones especialmente ) que su privatización
pura fue considerad financieramente inviable por el gobierno; como alternativa,
ya tras un largo proceso legislativo, fue sacada a concurso al gestión de su
actividad como empresa, lo que implicaba la transferencia de la plantilla del
personal. El contracting out supone por tanto un cambio efectivo de titularidad,
si bien no respecto al patrimonio, que pertenece publico.
Una modalidad de menor alcance es la subcontratación de la
gestión de entidades públicas a empresas privadas (en un sentido parecido a
cuando se subcontrata al exterior el servicio de limpieza de la empresa); en
estos casos la plantilla y la titularidad de la gestión sigue siendo pública
actuando la empresa privada concesionaria por delegación- o responde a alguna fórmula
mixta. Un ejemplo de este tipo de subcontratación de la gestión lo tenemos en
el programa de reforma de la gestión de los centros hospitalarios que está
llevando a cabo el Institut Catatá de la Salut de la Generalitat de Catalunya.
Es de destacar la diferencia de procedimiento seguido en las
privatizaciones. Unos países han seguido un modelo similar al de Gran Bretaña
y Francia, sometiendo el proceso de privatizaciones a un programa gubernamental
explícito, posteriormente concretado en una legislación regulador ,
generalmente de larga y difícil gestación y respecto a la cual ha sido notable
la oposición sindical. Este es el caso de Turquía, Filipinas y Brasil (además
de los dos citados) . Otros han seguido, sin embargo, lo que podríamos
denominar el modelo italo-español, consistente en la simple venta de acciones
de empresas publicas, sin apoyarse en ninguna ley específica ni decisión política
explícita al respecto. Ese ha sido el procedimiento seguido –además de en
España e Italia- en Alemania Federal, México, Argentina y Venezuela, entre
otros.
Sobre las motivaciones u objetivos perseguido
En general, las privatizaciones en los diferentes países
parecen obedecer a dos grupos de motivaciones u objetivos: lo de carácter
financiero-fiscal y los de carácter político consistentes en una reducción
del peso del sector público en la economía.
Hay casos , como los de España o Argentina, en los que las
privatizaciones han consistido en general en la pura venta de acciones de
empresas estatales, sin apoyar el gobierno tales medidas en una ley específica;
en consecuencia, no existen exposiciones de motivos explícitas que podamos
analizar, ni se ha producido un debate público en el que estas pudiesen quedar
expresadas. Tenemos que hablar por tanto en estos caos de objetivos implícitos;
y es un hacho que éstos aparecen como predominantemente financieros;
especialmente en las operaciones en las que se ha sacado a Bolsa una parte no
mayoritaria del capital de empresas publicas tradicionalmente sin problemas, es
decir, que venían siendo rentables.
Se observa que las motivaciones financiero-fiscales son a su
vez de tres tipos - pesando en cada caso un mas que los otros:
Por una parte la idea de eliminar al carga que sobre los
presupuestos estatales representan los subsidios (la financiación de los déficit
de las empresas públicas, en un periodo de necesidad generalizada de reducir el
déficit publico.
Por otra parte dejar de financiar con cargo al presupuesto público
las nuevas inversiones (ampliaciones de capital) de las empresas públicas
–incluidas las que ya eran rentables.
Y en tercer lugar, al oportunidad de tener un importante
ingreso en el presupuesto con el producto de la venta al sector privado.
Estas motivaciones aparecen claramente en los países
europeos, no solo en los casos de Austria, España e Italia, sino también Gran
Bretaña y Francia; y aparecen asimismo como dominantes en países
suramericanos, especialmente Argentina, Brasil, Venezuela, Chile y México. Así,
en el caso concreto de Argentina, el producto de las privatizaciones se ha
orientado en gran parte a financiar la cancelación de deuda externa; a
diferencia del caso de México que con una deuda externa similar, ha dedicado
los recursos a inversiones internad en infraestructuras sociales.
Por lo que respecta a las motivaciones u objetivos básicamente
de carácter político, éstos resultan ser mezclas variables –según los países-
de los siguientes ingredientes:
- Mejorar la eficiencia de las empresas públicas.
- Introducir la mentalidad o "culturas" de empresa privada en la
gestión de las empresas públicas.
- Eliminar la mayor "vulnerabilidad" frente a las reivindicaciones
sindicales, al pasar la EP a tener una parte de accionariado privado (aunque
éste sea minoritario).
- Reducir el peso del sector público en la economía, como un fin en si
mismo.
La mejora de la eficiencia aparece explícitamente como uno
de los motivos argumentados en los s programas de gobiernos conservadores, como
los casos de Gran Bretaña y Francia, pero de una forma implícita puede
detectarse en general en las manifestaciones o declaraciones políticas de los
gobiernos de todos los países mencionados. No obstante, es un hecho que en gran
parte se han privatizado – o se han privatizado preferentemente- empresas que
ya venían siendo rentables o que en condiciones de serlo al haber estado
previamente sometidas a operaciones de saneamiento financiero.
No obstante, es un hecho que este tipo de operaciones
llevadas a cabo por gobiernos no conservadores, responden a algo más que a una
cierta idea más o menos implícita de que la propiedad privada es sinónimo de
mayor eficiencia. Este algo más consiste en el planteamiento de que en el
actual contexto de competencia internacional ciertas empresas públicas no son
viables como empresas independices, si no, en todo caso, como parte de un grupo
económico internacional poderoso dentro del sector (por ejemplo el caso SEAT-
Volkswagen) El mismo juicio y estrategia es observable en muchas de las
privatizaciones de los países suramericanos (las compañías aéreas de
Argentina y de Chile, por ejemplo)
El cambio de signo en los países en vías de desarrollo.
En el caso de países en vías de desarrollo, la motivación
política presenta una notable homogeneidad: reducir la estatalización
dominante en la economía con el objetivo de pasar efectivamente a una
"verdadera economía de mercado" (Turquía, Argentina, Venezuela,
Filipinas, Pakistán, Brasil) en lo que supone un cambio de orientación
considerable, pues se deja de confiar en un sector público empresarial como vía
de industrialización y / o desarrollo.
En estos países se observa una pauta muy similar. En ellos
se habían ido creando, especialmente desde los años 60, empresas públicas con
el objetivo típico de la industrialización del país. Y sus economías estaban
caracterizadas por un predominio del sector público en la industria y unas
estructuras de mercado muy débiles. Como consecuencia de los anterior, las
empresas públicas eran gestionadas y sostenidas más con criterios político-administrativos
que económicos o de mercado.
Este proceso se ha dado tanto en países bajo regímenes
dictatoriales, como fue el caso de Brasil, Argentina, Chile y Filipinas, como en
países con regímenes formalmente democráticos pero de sistema político
peculiar , como México, India y Pakistán; así como en casos intermedios como
el de Turquía.
Pero a partir de los años 80-85, todos estos países parecen
iniciar un cambio de rumbo curiosamente acompañando – pero no necesariamente-
por transformaciones hacia un sistema político democrático-liberal. Así, por
ejemplo los casos del tránsito de la dictadura la parlamentarismo en Chile,
Argentina, Brasil, Filipinas, Pakistán y Turquía. No obstante, casi sin
excepción, el cambio de rumbo respecto al sistema económico en general y en
concreto el lanzamiento de los primeros programas de privatizaciones se inicia
ya en al etapa previa a la democratización; ello aparece especialmente claro en
los casos de Turquía y Brasil.
Es de destacar que en varios de estos países los programas
de privatización han tropezado con grandes dificultades en su puesta en práctica.
Por una parte por tratarse de países con un poco desarrollado mercado de
capitales y por resultar economías poco atractivas para los posibles
inversores; y por otra, por las resistencias internas de la propia burocracia
estatal que debería llevar a cabo el proceso. Resistencias que parecen
explicarse más por el uso que hasta ahora se ha hecho de las empresas públicas
como núcleos de poder político-económico que por motivos de oposición política.
Estas dificultades para llevar adelante las privatizaciones se hacen patentes
especialmente en los casos de Brasil, Turquía y Filipinas.
Resultados de las privatizaciones.
Los resultados en términos financieros son los que aparecen
más claros y evidentes; especialmente los ingresos estatales por venta de
empresas, que viene a aligerar el déficit del presupuesto público de cada país.
No son tan espectaculares los resultados en cuanto al ahorro presupuestario
derivado de no tener que financiar déficit de empresas públicas; en unos casos
por lo importantes que han sido los costes de los saneamientos previos a las
privatizaciones; y en el caso de servicios públicos (transporte, por ejemplo)
porque las subvenciones públicas al servicio en cuestión se han mantenido bajo
el nuevo régimen de explotación privada.
Respecto al tema de si las privatizaciones mejoran la
eficiencia económica de las empresas, las evidencias acumuladas hasta ahora
apuntan a que las mejoras en eficiencia no dependen en gran manera del tipo de
propiedad sino más bien de otros factores que provisionalmente podríamos
enunciar así: el hecho de que exista o se permita una competencia de mercado
para la empresa (o un mecanismo equivalente), y adoptar una forma organizativa y
unos criterios de gestión de empresa privada en el sentido, no tanto de
maximizar resultados, si no de que la gestión de la empresa pueda desenvolverse
en un marco jurídico , laboral y financiero idéntico al de las empresas
privadas, y sin las típicas intervenciones-peticiones aleatorias de aquellos
cargos políticos que estiman tiene una cierta autoridad sobre la empresa. Como
ingredientes importantes de este segundo aspecto organizativo, parecen estar la
profesionalidad de la dirección de la empresa y los incentivos que se le
establecen, ligados a la consecución de unos determinados objetivos de gestión
(no necesariamente la maximización de los Resultaos); todo ello adecuadamente
explicitado en el correspondiente contrato de empleo.
Parece evidente que los países occidentales que quedan en
una situación más propiamente de "economía mixta" son Canadá, España
e Italia, ya que –además de partir de un sector pública empresarial muy
importante- la pérdida de peso especifico durante la ola mundial de
privatizaciones ha sido mínima por ahora, y no parecen probables, a medio
plazo, cambios notables en este sentido.
Cambios radicales, como el de Gran Bretaña o aun de mayor
alcance, se hubiesen ciertamente dado también en los países en vías de
desarrollo que hemos examinado y que partían de unas economías fuertemente
estatalizadas y que han optado por pasar plenamente a economías de mercado
(ayudados en este sentido por las fuertes presiones del Fondo Monetario
Internacional y del Banco Mundial )
A pesar de que los gobiernos respectivos están sujetos a
fuertes presiones en ese sentido, estas presiones obedecen a la lógica del
funcionamiento de estos organismos internacionales: al igual que ha venido
ocurriendo el países como Turquía, Brasil, Argentina o Filipinas, las
subvenciones para cubrir los déficit de las empresas pública forman una parte
dominante del desequilibrio presupuestario del país y constituyes a su vez una
causa importante del endeudamiento externo que deben renegociar con los
organismos internacionales; la respuesta afirmativa de estos a la refinanciación
de la deuda está siempre condicionado a que le país adopte un programa a
mediano plazo de estabilización presupuestaria y de desestabilización de la
economiza dentro del cual el programa de privatizaciones tato el FMI como el BM,
lo consideran como una pieza clave.
XI. PRIVATIZACIONES EN EL GOBIERNO DE
ALFONSIN
Alfonsín asumió el 10 de diciembre de 1983, luego de un
largo período de gobierno de facto, por lo que fue el primer gobierno democrático
luego del golpe militar de 1976. La gente estaba contenta con la vuelta a la
democracia, pero la situación que heredaba no era fácil y, si bien contaba con
la mayoría en la cámara de diputados, el justicialismo controlaba el senado.
Durante el primer año, el gobierno de Raúl Alfonsín no
acertó con la política económica adecuada ni pareció advertir la magnitud de
los problemas, que estallaron finalmente bajo la forma de una inflación
descontrolada. El primer ministro de economía, Grinspun, intentó mejorar los
salarios y , mediante los créditos, reactivar el mercado interno y poner en
movimiento el aparato productivo. En septiembre de 1984, esta política llegó a
su fin al implementar la devaluación de la moneda.
En junio de 1985, luego de Sourrouille reemplazó a Grinspun
en la cartera de economía, la economía estaba al borde de la hiperinflación,
Sourrouille lanzó el Plan Austral, que inicialmente alcanzó un gran éxito: la
economía se estabilizó sin hacer grandes ajustes.
El Plan Austral era un plan de Reorganización Económica: el
Banco Central cesó de emitir para financiar el déficit del Estado y se creó
un nuevo signo monetario, el "Austral", equivalente a 1000 pesos
argentinos y a 0.80 dólares. Luego de conocer un aumento del 22%, se congelaron
los precios y salarios y se eliminaron todas las cláusulas de indexación. La
clavel del llamado Plan Austral estaba en derrotar la inflación y generar
confianza en una economía estable. El éxito fue notable: la opinión pública
lo acompañó solidariamente y hasta los sindicatos lo respaldaron. La inflación
bajó del 30% mensual a sólo el 2% y hubo una reactivación del consumo. El
gobierno no aprovechó la tregua para encarar soluciones de fondo y, al cabo de
un año, reaparecieron las presiones inflacionarias.
Alfonsín reconoció que el principal objetivo de la política
económica era obtener la "megaestabilidad", y que ésta se obtenía
actuando sobre las causas múltiples: monetarias, fiscales y de expectativas.
Una vez producida esta sólo se podía seguir avanzando produciendo cambios
estructurales, la reforma del estado, la apertura económica y
logrando el equilibrio en los sectores fiscal y externo .El Plan
Austral falló en la segunda etapa de cambios estructurales. El principal
error fue el no haber avanzado con las reformas estructurales necesarias en la
reducción de la dimensión del Estado y una reforma fiscal de importancia.
En 1986 Sourrouille propuso un Plan de Privatizaciones, pero
no consiguieron avanzar demasiado por la oposición de los legisladores
justicialistas en el Congreso. En junio de 1987, el equipo económico expuso el
primer programa de reformas estructurales, sobre las que se trabajo en 1988 con
el apoyo del Banco Mundial. Con Terragno como Ministro de Obras y Servicios Públicos,
sólo se logró la privatización de la línea aérea Austral. La venta del 40%
de Aerolíneas Argentinas, así como la privatización de ENTEL no lograron la
aprobación del Congreso, en el que la discusión política superó las razones
económicas.
En la década de los 80 las privatizaciones efectuadas
afectaron tan sólo a cuatro empresas públicas procedentes de antiguas empresas
privadas en crisis, mientras el total de empresas públicas superaba las 300, si
bien la mayoría de ellas de pequeña entidad.
XII. Proceso de privatizaciones en la década
menemista
Crisis de Estado
La década de 1970 es en el ámbito internacional el momento
de la ruptura con la forma de desarrollo social y económico que supone al
Estado como factor principal de ese crecimiento. La crisis del Estado acompañada
con la del petróleo produce un decrecimiento económico y un aumento del
desempleo y la inflación. Esto da pié a que las teorías económicas clásicas
que se habían visto ocultadas por el éxito del Welfare State resurjan
en toda su gloria al salvataje (así como lo hacen las religiones que ocultas
por un Estado represor, despiertan con toda la furia de los extremismos).
Así, la década del 80 (la década perdida) ya ve hacer
efectiva en esta política económica llamada neoliberal (Reagan en los Estados
Unidos, Tacher en Inglaterra) de coordinación de la economía a través del
mercado. La crisis en Latinoamérica – y particularmente en la Argentina –
encuentra hacia finales de la década una síntesis de la crisis manifestada en
procesos hiperinflacionarios. Un gasto que desborda al ingreso; un
proteccionismo que distorsiona la competitividad de las nuevas industrias; un
gasto social que subvenciona a los sectores medios en desmedro de los más
pobres; una burocratización ineficaz que inhibe cualquier esfuerzo innovador,
es la crisis final del último intento de ser de un Estado que bajo esa
perspectiva juega en contra del desarrollo económico y se interpone al avance
de la lógica de mercado.
En respuesta a la ortodoxia neoclásica que tampoco brinda
respuestas satisfactorias durante la década del 80, surgen distintos enfoques
que buscan determinar las causas de la crisis y plantear una solución para las
mismas. Con mirada hacia Latinoamérica, tenemos referencia de dos enfoques: el
"consenso de Washington" y el de Crisis fiscal.
Consenso de Washington
Este puede ser tratado como el enfoque que más se aferra a
la cultura liberal. Apunta a conciliar la lógica del orden económico de
acuerdo a las especificidádes de cada economía Latinoamericana. Encuentra
entre las causas de la crisis un excesivo crecimiento del Estado, traducido en
proteccionismo, exceso de regulación y empresas estatales ineficientes y
numerosas; así como un "populismo económico", definido por la
incapacidad de controlar el déficit público y de mantener bajo control las
demandas salariales en el sector privado y público.
Su propuesta como solución a la crisis supone dos aspectos.
En primer lugar establecer la estabilidad macroeconómica. Esta se logra
a través del a) control de la inflación: la producción se ve entorpecida si
el sistema de precios se encuentra fuera de control; b) control del déficit
fiscal: es una de las causas del punto a. El Estado gasta más de lo que gana,
es "benefactor"; c) equilibrio de la balanza de pagos: consiste en la
reducción de la inflación y del gasto público; y d) estabilidad del tipo de
cambio: variable clave para una economía que se disponga a apuntar al sector
externo y a generar confianza.
Como aspecto de la reforma estructural piensa en a)
privatizaciones: apunta a la lógica fiscal del ahorro estatal; b)
desregulaciones: tasa de interés desregulada, libre al mercado, a la "ley
de oferta y demanda"; y c) apertura de la economía: a ella se asocia la
libre competencia que apareja el aumento de la competitividad y su consecuente
mejora de calidad y precios.
Pueden señalarse como principales críticas a este enfoque
su ahistoricidad, ya. que evitan establecer contacto con el desarrollo de los
hechos.. Por otro lado en ningún momento hace mención a la deuda de los
Estados, tanto interna como externa.
Crisis fiscal
El enfoque de la crisis fiscal enfrenta el problema dando
mayor presencia al Estado del que le da la opción anterior. Si bien ve también
una crisis en el Estado a partir de un crecimiento exagerado y distorsionado de
éste, aboga por la reconstrucción de éste a partir de que al tiempo que
reduce su tamaño se reconstruye como un Estado fuerte.
La principal problemática de los Estados Latinoamericanos en
crisis es que se vieron impedidos de su capacidad de ahorro, por lo tanto de
inversión social, de infraestructura, de subsidios para el desarrollo
industrial. Los cinco puntos que definen la problemática estructural son a) el
déficit público; b) un ahorro reducido o bien negativo; c) una deuda pública
interna y externa, acarreada de la crisis que comienza en el 70 de los Estados
que sostuvieron la situación a través del crédito mientras poseyeron la
confianza de los acreedores, muy grande; d) falta de crédito e incapaz de
seguir generando deuda pública interna y e) la falta de credibilidad de los
gobiernos. Se podría resumir la causa de la crisis en el grave endeudamiento
adquirido por los Estados a los efectos de financiar una estrategia "hacia
adentro" en lugar de orientarla a las exportaciones.
La solución de esta postura apunta sustancialmente a la
reducción de la deuda pública a través de un ajuste fiscal (sobre todo hacia
aquellos que pueden pagar) y una reducción de gastos a los efectos de recuperar
el ahorro del Estado. Esta recuperación se supone con una cierta prolongación
en el tiempo, sin "soluciones mágicas". Por otro lado no adjudica el
papel cuasi totalizante del mercado propuesto por la economía liberal, sino una
economía de coordinación mixta entre Estado y mercado con una creciente
orientación que vaya del mercado interno al externo. Es decir un Estado pequeño
pero fuerte, con capacidad de arbitrar el avance ciego del mercado.
Crisis y reforma en el gobierno de Menem
Cuando Menem asume el poder anuncia – y más tarde hace
efectivas – una serie de reformas que marcan un vuelco absoluto respecto de la
política anunciada en el discurso previo a la ascensión. Podemos pensar que
dichas reformas responden en gran medida al enfoque y propuesta del
"consenso de Washington" pero en cierta forma alterada. La reforma
habría sido aplicada casi con un mínimo de ortodoxia, presentando algunas
alteraciones – que en el plano de lo teórico – que no se ajustan
estrictamente a dicha propuesta, lo que daría como resultado una forma alterada
de la misma. Dichas alteraciones cabría tipificarlas más allá del ajuste
necesario – supuestamente – a las condiciones y contexto de cada país; podríamos
pensar que responderían a una adecuación de características particulares para
los actores de decisión económica que participaron en la reforma, donde desde
este plano (el económico), dichos actores se verían beneficiados.
Las condiciones que presenta el Estado en el momento que
Menem asume no cubren al menos parte del mínimo de características que debería
cubrir el más mínimo de los Estados neoliberales: garantizar la propiedad y el
orden interno y la estabilidad de la moneda. La hiperinflación del 89 provocó
el colapso de las finanzas públicas, provocando no solo huidas hacia el dólar
que potenciaron la situación, sino también "hacia los
supermercados".
Podemos presentar los principales puntos de la propuesta del
"consenso de Washington" resumiéndolas en dos grupos de medidas: la
primera apunta a promover la estabilización de la economía a través del
ajuste fiscal y la adopción de políticas liberales de mercado, y la segunda a
reducir el Estado.
En términos generales los cambios efectuados por el gobierno
de Menem con la prioridad de reducir el déficit fiscal y contener la inflación
antes que aumentar la competitividad y productividad de la industria a largo
plazo, con lo que se puede pensar que las políticas aplicadas se vieron
conducidas por un "apresuramiento".
Entre las primeras acciones se encuentra la de perfilar la
ley de Emergencia Económica, produciendo el primer gran corte con la metodología
de asistencia estatal al suspender los regímenes de promoción industrial,
regional y de exportaciones, así como autorizar el licenciamiento y el fin de
esquemas salariales de privilegio en la administración pública. Esta política
de eliminación de subsidios viene aparejada en la política propuesta por el
modelo norteamericano por un aumento de la inversión pública en los ámbitos
de salud, educación e infraestructura.
En este aspecto obtenemos una primera alteración del modelo
de Washington con respecto a la aplicación del mismo por el cambio del gobierno
de Menem. Este aspecto se adecua a la reducción de los subsidios pero no a
aquel aumento de la inversión pública que se supone lo acompaña. Si bien
aumenta la Inversión en términos generales a partir del año 91 (16,3 % del
P.B.I.) llegando al 22 % del P.B.I. en el año 96, la inversión pública sigue
el sentido inverso, pasando del 2,3 % del P.B.I. en el año 90 al 0,9 % del
mismo en el 93.
Reforma tributaria
Siguiendo el mismo orden de cosas, es menester hacer
referencia a la política fiscal como uno de los ejes donde gira la reforma
estructural del Estado en el primer período menemista. En este sentido el
enfoque del "consenso de Washington" propone la aplicación de una
fuerte disciplina (tendiente a eliminar el déficit público) y por otro lado
una reforma tributaria tendiente a ampliar la base de la misma. La reforma
llevada a cabo en este sentido supone tres aspectos. El primero consiste en la
concentración de la estructura impositiva en pocos impuestos, básicamente
I.V.A. y ganancias, expandiendo la base del imponible, aumentando las alícuotas
y ampliando los mecanismos de agentes de retención (este último manifiesto en
campañas publicitarias). Resulta interesante apreciar como esta reforma tiñe
al aspecto impositivo de una particular "equidad". Primeramente el
I.V.A. lo pagan todos. Para el impuesto a las ganancias, al reducir el
imponible, aquel que no tenga cargas de familia ni demás declaraciones puede
llegar a pagar el impuesto a partir de los $ 1.500 de ingreso.
El segundo cambio estaría vinculado al aspecto anteriormente
descripto (suspención de subsidios) y se aplica al eliminar parcial o
totalmente las exenciones impositivas especiales de promoción industrial y
regional. El tercer aspecto del cambio se adecua a la aplicación de una mayor
rigurosidad sancionando una nueva ley penal tributaria que aumentaba los riesgos
de evasión, intentando invertir una cultura del pago tributario corroída.
Liberalización comercial
Un segundo eje de reformas es el de la liberalización
comercial o así también llamada apertura económica. Esta se instrumenta por
medio de la baja y anulación de aranceles y cupos en la importación. Se pueden
señalar como objetivos de la apertura la caída de precios, fomentar las
importaciones con lo que aumenta el consumo interno. También permitiría el
ingreso de capital industrial nuevo, lo que daría una mejora en la
competitividad a largo plazo. Sobre este último aspecto es importante señalar
que la mayoría de las pequeñas y medianas empresas quedan fuera de esta
renovación al no tener acceso a créditos en el exterior más baratos de los
que ofrecía la Argentina. Solo alrededor de las 400 empresas más grandes del
país lograron ponerse a tono a este respecto. Se puede señalar entre otras
consecuencias que a corto plazo esto trae un desequilibrio en la balanza
comercial así como una distorsión en los precios relativos dada la protección
tanto natural como preferencial de algunos productos (industria automotriz).
Relacionado con esto se podría pensar en un aporte realizado por el profesor
Diego Raus. Sostiene que la paridad del peso con el dólar 1=1 no es real sino
forzada tanto por la ley como por los fondos que la respaldan dado que desde
establecida ésta ha habido igual inflación, con lo que la paridad real no es
la nominal, sino de alrededor de 1,4=1. Esto distorsiona el precio real de los
productos exportables, lo cual no solo apareja desequilibrio en la balanza de
pagos, sino que se traduce en una reducción de costos, o sea, en aumento de
desempleo.
Uno de los principales problemas con los que se enfrentó
esta política de apertura fue, respondiendo a la constante del resto de las
reformas en función de reducir el déficit fiscal y contener la inflación, el
no haber sido aplicado con un carácter gradual. El peligro de no
efectuar las reformas en forma gradual en nuestro país trae como consecuencia
un elevado cierre de empresas, sumando un factor más a las causas del aumento
del desempleo en ese periodo.
Privatizaciones
Pasando al eje de las privatizaciones, la manera vertiginosa
("al cabo de un año, hacia octubre de 1990, casi todas las empresas públicas
seleccionadas habían sido transferidas al sector privado") con que se
realizaron, demuestra el mismo carácter apresurado en su aplicación. Su
instrumentación se llevó a cabo mediante un llamado a licitación y venta de
acciones mediante la sanción de la ley y los respectivos decretos
presidenciales que las posibilitaron. También se instrumentó un plan de
capitalización de la deuda, que permitía aceptar hasta un cierto porcentaje
del valor de la venta a los desvalorizados títulos de deuda al precio que habían
sido emitidos, es decir, se igualaba el valor nominal al real revalorizándolos
a su valor inicial. Esto permitiría cancelar en parte la deuda, pero las
privatizaciones en general tuvieron como objeto disminuir el déficit de la
apretada situación financiera del sector público.
Una característica fundamental de las privatizaciones, que
encuentra conexión con lo que será luego una de las críticas, es el consenso
que estas tenían. La defectuosa, y deficitaria en algunos casos, situación de
las empresas legitimó el explícito objetivo del gobierno de mejorar el
servicio. Esto aparejó a que la rapidez con que se llevaron a cabo las mismas
no permitiera el necesario saneamiento de ellas a los efectos de mejorar su
precio.
La venta permitió acumular recursos del tesoro que serían
fundamentales para hacer efectivo el plan de convertibilidad, pero se hacen
manifiestas consecuencias que en gran medida se traducen a una desprotección de
los consumidores. Tal vez sea la crítica más trillada, pero presenta una
contradicción que debe ser marcada; se trata de las condiciones en que fueron
presentadas las ofertas de los eventuales compradores. Las privatizaciones
fueron realizadas bajo un carácter monopólico que daría grandes beneficios a
los compradores al sacarse de encima el "estorbo" de la competencia,
permitiendo en la instancia más manifiesta disponer del aumento de las tarifas.
A la luz de la teoría que sustenta la perspectiva del
"consenso de Washington" la instrumentación de privatizaciones
llevada a cabo por Menem se presentaría como contradictoria. Si bien "las
empresas públicas deberían ser privatizadas", la forma en que fueron
realizadas estas se presentarían más bien como objeto de crítica al
fundamento teórico del consenso. Las privatizaciones consistieron en trasladar
el por ellos mismos criticado monopolio estatal a un monopolio privado. El
beneficio que supone la aplicación de una política de libre mercado se ve
trunco desde su raíz. Su razón de ser, la libre competencia a los efectos de
mejorar la calidad del servicio mediante la competencia, no es puesta sobre el
tapete de juego bajo las reglas que le dan su característica esencial; característica
que le aporta el único beneficio que tiene. Sin ella simplemente no es. Por lo
tanto podemos pensar que aquí se hace manifiesta otra alteración de las
reformas aplicadas en referencia a la propuesta norteamericana. Principalmente
por los aspectos de la aplicación del método de capitalización de la deuda
como por el traslado de un mercado monopólico estatal a uno privado, podemos
comenzar a pensar que la aplicación de la reforma del estado se presenta con
una alteración sustancial respecto de la propuesta ortodoxa. Dichas
alteraciones pueden ser pensadas en un principio como instrumentación de una
política que otorgaría beneficios en el plano económico no solo a empresas
internacionales, sino también a grandes capitales nacionales que participaron
de la privatización y que veían afectados sus intereses por la política de
desregulación efectuada por el gobierno.
Con la aplicación de la convertibilidad – a la cual las
reformas anteriores fueron en alguna medida funcionales – se logra frenar la
inflación, reaparece el crédito y se reactiva el consumo. La estabilidad atrae
por otro lado a capitales financieros.
XIII. CARACTERÍSTICAS DE LAS
PRIVATIZACIONES EN ARGENTINA
Tanto los gobiernos de los presidentes Alfonsin como Menem
han manifestado una voluntad política de efectuar privatizaciones, pero sin que
hayan existido unos planes específicos al respecto plasmados en normas legales,
a diferencia de países como México o Chile. En la década de los 80’ las
privatizaciones efectuadas afectaron tan solo a cuatro empresas publicas
procedentes de antiguas empresas privadas en crisis, mientras que el numero
total de empresas publicas superaba las 300, si bien la mayoría de ellas de
pequeña entidad.
El objetivo preferente perseguido por el gobierno, a juzgar
por las actuaciones realizadas a lo largo de los últimos años, no parece haber
sido tanto recaudatorio como de intento de mejora de la gestión de determinadas
empresas de servicios públicos, mezclados, eso si, con el de la reducción de
la deuda externa.
Las operaciones más importantes en este sentido las ha
llevado a cabo el gobierno de Menem, que se inicio en las privatizaciones
vendiendo el 60 % del capital de la compañía telefónica, ENTEL, que ha pasado
a estar controlada por dos sociedades, una (Telefónica de Argentina) liderada
por la Telefónica española, y otra (Telecom Argentina) liderada por France
Telecom. Y la italiana STET. La operación se realizo ligada a una reducción de
la deuda externa argentina.
Igualmente a finales de 1990 la compañía española Iberia
adquirió íntegramente Aerolíneas Argentinas y una parte importante del pago
consistió en que Iberia se hiciese cargo de 20.000 millones de dólares
nominales (un importe una cinco veces inferior en precio efectivo) de deuda
publica argentina.
A esto ha seguido la venta en 1992 de la compañía eléctrica
estatal Edenor a un consorcio liderado por la francesa EDF y la española Endesa
(curiosamente ambas publicas), por un importe de 428 millones de dólares, de
los cuales el 70 % en forma de absorber también deuda publica exterior, y la
venta de la otra compañía eléctrica Edesur a un grupo argentino. Las otras
privatizaciones importantes en el bienio 1991-92 han sido: una empresa de
astilleros (adquirida por la francesa Brisard), una cadena de televisión,
varias empresas petroquímicas, diversos pozos de petróleo y la compañía
estatal de distribución de aguas, Obras Sanitarias de la Nación.
Los planes privatizadores del gobierno son, no obstante, más
amplios aun. Se han privatizado a partir de 1993,entre otras, a las siguientes
empresas públicas: Gas del Estado, que ostenta al monopolio de suministro para
el area de la capital y a cuya compra opta la francesa Gas de France; tres
gaseoductos; concesiones petrolíferas; líneas de metro; ferrocarriles de
cercanías; la empresa siderurgia Somisa y hasta el propio servicio de correos,
Encotel.
Como puede verse, junto a la política del gobierno de Menem
de llegar a la privatización de las empresas publicas más clásicas
(ferrocarril, metro, correos), destacan dos aspectos en el caso de Argentina:
por una parte que las grandes operaciones de privatización se han efectuado
vendiendo las empresas a compañías extranjeras publicas (las españolas Telefónica,
Iberia y Endesa y las francesas EDF y pago acodado ha consistido en que la
compradora extranjera asuma el pago de títulos de la deuda externa argentina.
Una suma pues de dos objetivos: el de racionalizacion/potenciacion de las
empresas, al dar entrada a grupos industriales extranjeros del mismo sector, que
asumen la gestión de las empresas privatizadas; y el objetivo recaudatorio de
reducir la deuda publica externa.
XIV. CONSECUENCIAS DE LAS
PRIVATIZACIONES
Bajo la presidencia de Carlos Menem se vendieron empresas del
estado a empresas privadas extranjeras a bajo costo, haciendo que fluya mucho
dinero pero a largo plazo esto produjo desempleo (ya que al venderlas sin poner
una restricción les daba libre control de la empresa).
La privatización abarcó empresas productivas y de
servicios, activos públicos como las reservas petroleras, actividades de
regulación y hasta de control social como la emisión de documentos de
identidad.
Una de las particularidades de este proceso fue el rápido
ritmo con que se llevo a cabo.
Existía un gran interés por parte de los acreedores
externos para los cuales las empresas públicas eran la mejor opción para hacer
efectivo una parte del capital adeudado a través de la capitalización de la
deuda, abrir nuevas áreas de inversión ocupando mercados hasta ese momento
abastecidos por el Estado, y consecuentemente multiplicar sus ganancias.
Cabe destacar que todo el proceso de privatización se llevó
a cabo bajo la dirección técnica y financiera de los organismos financieros
internacionales (FMI, BID, Banco Mundial).
Se esgrimieron cuatro tipos de argumentos en favor de las
privatizaciones.
El primero tenía que ver con la necesidad de reducir el déficit
fiscal. Las privatizaciones servirían para bajar ese déficit en la medida que
las empresas serían entregadas como parte del pago de la deuda externa.
Asimismo, el hecho de pagar parte de la deuda, daría señales favorables de
cambio de rumbo a los agentes económicos y a los gobiernos de los países
desarrollados, obteniendo así el apoyo de los acreedores externos y un
incentivo para los grupos interesados a nivel local.
El segundo argumento, ligado íntimamente al anterior, giraba
en torno de la necesidad de estabilidad. La hiperinflación sufrida durante el
período que precedió a las privatizaciones fue la herramienta fundamental del
gobierno para actuar de manera acelerada en este proceso. El gobierno
identificaba a las empresas públicas como una de las causas fundamentales de la
crisis y por eso, cuanto mas rápido se privatizara, se reduciría el déficit público
y volvería la estabilidad.
En tercer lugar se argumentaba que el Estado no tenía
capacidad para financiar las inversiones necesarias en tecnología para encarar
las obras de modernización, con lo que el aporte del capital privado aseguraría
el mejoramiento del sistema.
Por ultimo se afirmaba que el estado era incapaz para
administrar con eficiencia, fomentaba la burocracia y la corrupción y en
consecuencia no podía brindar buenos servicios.
Dos leyes aprobadas en el Congreso, fueron las que abrieron
camino e hicieron posible el rápido programa de privatizaciones. La primera, de
Reforma del Estado, autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a intervenir las
empresas públicas, suprimir los directorios existentes, eliminar los órganos
de control, dividir las empresas y privatizarlas. Así se concentró el poder de
decisión en el Poder Ejecutivo y se suprimieron los Organos de Control. La
segunda ley, llamada de Emergencia Económica, derogó las normas que
diferenciaban al capital extranjero del nacional. El camino que llevo a la
entrega del patrimonio nacional quedo allanado.
Para reducir el precio de las empresas públicas y facilitar
su venta las mismas fueron desmanteladas. Los nuevos marcos regulatorios fueron
casi inexistentes y los requisitos impuestos a los oferentes fueron de tales que
sólo quedaban espacio para que se presentaran los grandes grupos económicos
nacionales y extranjeros.
Se consideraron prioritarios tres sectores: Energía,
Comunicaciones y Transportes.
Podemos analizar las consecuencias según cuatro grandes áreas:
Sobre la propiedad:
Esta es la consecuencia mas evidente del proceso de
privatización que tiene que ver con el pasaje de la propiedad del estado de
sectores estratégicos de la economía a manos privadas. Este pasaje produjo
grandes cambios estructurales en la propiedad, concentrando y consolidando la
presencia de los grandes grupos económicos. Asimismo acentuó la tendencia a la
asociación entre esos grandes grupos económicos locales con los grandes
capitales extranjeras.
La reconversión de la empresa:
Tiene implicancias directas sobre los trabajadores.
Se perdieron los derechos que tenían como trabajadores públicos
como la estabilidad en el cargo.
Se produjo una fuerte reducción de los planteles por la vía
de los llamados retiros "voluntarios" para los cuales las empresas
destinaron enormes sumas de dinero. Esto da cuenta de la importancia estratégica
que las empresas le otorgaron a la reducción de personal. Esto fue acompañado
por un proceso de sustitución del personal con mas antigüedad en la empresa
cuya experiencia sindical y política no era deseada.
Cuando el retiro voluntario no era aceptado por los
trabajadores convocados se iniciaba una campaña persecutoria o discriminatoria
contra ellos, se los trasladaba a zonas alejadas de sus hogares o a otros
sectores de trabajo con tareas desconocidas o disgustantes (para usar un termino
utilizado por algunas empresas), o bien colocados en estado disponibilidad sin
tarea asignada, con lo que se inducía un gran desgaste psicológico destinado a
hacerlos aceptar el retiro "voluntario".
De esta manera se conseguían renuncias evitando los despidos
y el costo político que ellos implicaban. El porcentaje promedio de reducción
de puestos de trabajo en las principales empresas privatizadas hasta 1997
alcanza el 57%. (Ver cuadro 1 al final del documento).
En tercer lugar, el aumento del horario de trabajo y de los
ritmos habituales por medio de introducción de nuevas tecnologías o
simplemente imponiendo otras pautas de producción.
En cuarto lugar, se aplican nuevos y diversos contratos
flexibles, por tiempo determinado, pasantías, con salarios flexibles que
incluyen pagos por productividad, entre otros.
Por otra parte se da un fuerte proceso de tercerización de
ciertos sectores de la producción que antes estaban integrados a la empresa, lo
cual se constituye en una fuente de fragmentación y precarización del
colectivo de trabajo.
Por último, las empresas privatizadas se apuraron la firma
de nuevos convenios colectivos que destruyeron viejas conquistas e introdujeron
nuevas formas de explotación y control del trabajo como la polivalencia.
Estas son algunas de las cuestiones que hacen a la reconversión
de las empresas que afectan directamente las condiciones de trabajo, la salud y
la unidad de los trabajadores.
La desnacionalización.
La extranjerización de las áreas privatizadas es muy fuerte
y evidente. Las telecomunicaciones quedaron en manos de capitales públicos españoles,
franceses e italianos ; la distribución de gas de la Capital en manos británicas ;
la generación y distribución de electricidad, capitales provenientes a su vez
de la privatización de la seguridad social chilena ; la red cloacal y de
agua, franceses. El escritor Eduardo Galano ironizó este proceso de
desnacionalización al definir las privatizaciones como "la transacción
mediante la cual el estado argentino pasa a ser propiedad del estado español".
Por un lado, las empresas públicas en nuestros países se
extranjerizan, y por otro las empresas públicas de los países centrales se
amplían y expanden. Según la Corporación Financiera Internacional, las 2/3
partes de las privatizaciones a nivel mundial se realizaron en América
Latina.(Ver Cuadro 2 al final del documento)
La desregulación:

En este punto lo central fue introducir el concepto de
competencia en el sector. Para eso se busco eliminar la prestación monopólica
del servicio creándose un mercado mayorista y otros minorista para la
compra-venta del fluido. La desregulación habilita la competencia entre las
empresas y lleva a una búsqueda espectacular de reducción de costos. La
desesperación por reducir costos sumada a la falta de control efectivo amenaza
la calidad y seguridad en la prestación del servicio eléctrico, como
lamentablemente hemos podido comprobar en nuestro país. La estrategia de las
empresas consistió en obtener ganancias rápidamente sin reinversión.
XV. COMPARACION DE INGRESOS Y EGRESOS
Las privatizaciones
en el período 1990-1999
Ingresos totales por privatizaciones nacionales y provinciales
(en millones de dólares)

Privatizaciones por modalidad de pago
(en millones de dólares)

XVI. CASOS PRACTICOS
La Privatización del Sector Eléctrico (SEGBA)
Las características generales del proceso de privatización
en el sector eléctrico no escapan de las descriptas a nivel global, pero
interesa señalar algunas particularidades.
Hasta 1992, el sector eléctrico estaba conformado por cuatro
empresas nacionales y dos binacionales destinadas al aprovechamiento de los
recursos hidroeléctricos. Las empresas nacionales garantizaban el 84% de la
generación y eran propietarias del 100% del transporte.
En cuanto a la distribución, esta estaba a cargo de dos
empresas nacionales que abastecían el 55% del consumo eléctrico nacional,
veintiún empresas provinciales que abastecían el 34% y cuyo límite era el
territorio provincial, y cerca de 600 cooperativas privadas que prestaban el 11%
restante del servicio en áreas municipales.
Al inicio de la reforma del sistema eléctrico, las empresas
se enfrentaban graves dificultades económicas y financieras por causa del
endeudamiento al que habían sido empujadas por el desvío de fondos propios
para cubrir gastos del presupuesto nacional y por el atraso en las tarifas. Esto
derivó en una fuerte reducción de la capacidad de inversión y de
mantenimiento y consecuentemente en el deterioro del desempeño técnico.
Esta situación influyó sobre el precio de venta. Como el
interés del gobierno era asegurarse la presencia de inversores privados, se
dejo en libertad a los oferentes para la fijación de precios. En el caso de las
centrales térmicas, se tuvo en cuenta para la cotización la vida útil
restante, por lo que fueron cotizadas entre un 10 y un 30% del valor de reposición.
En muchos casos el valor base de la licitación no llegaba a cubrir el valor de
los edificios y terrenos de la empresa.
En el caso particular de la empresa SEGBA, el gobierno
absorbió la suma de 1.480 millones de dólares de deuda, transfirió 330
millones a las empresas adjudicatarias y cobró 1.294 millones por la
privatización, con lo que no llegó a cubrir con ese precio ni siquiera el
valor de las deudas.
A fin de asegurar rentabilidad y la competencia, la reforma
del sistema se encaró en dos sentidos,
- separando completamente los distintos procesos de la industria:
Generación (producción de energía), Transporte (vinculación de la
producción con el consumo), y Distribución (abastecimiento a los
usuarios),
- se procedió a la atomización de empresas definiendo unidades de
negocio mínimas.
Así se vendieron las centrales térmicas , las hidroeléctricas,
y las líneas de alta tensión se vendieron como unidades independientes ;
las líneas de menor tensión fueron agrupadas y vendidas en unidades regionales ;
y las dos empresas de distribución, pasaron, una a control provincial, y la
otra (SEGBA- que abarcaba el área metropolitana de Buenos Aires), se dividió
en tres unidades comerciales privadas (EDESUR, EDENOR y EDELAP).
Las tres empresas distribuidoras y las cuatro centrales térmicas
del área metropolitana de Buenos Aires, quedaron en manos de capitales
extranjeros en su mayor parte.
Por otra parte, si se analiza la composición de los grupos
que ganaron las licitaciones, resulta evidente que la desintegración a la que
apuntó la reforma, se vio deformada con la reintegración provocada por la
coincidencia de los propietarios en mas de uno de los procesos de la industria
eléctrica. Por ejemplo, las empresas que reúnen el 90% de las acciones
privadas de la Central Térmica Costanera, reúnen a la vez el 92% del acciones
de EDESUR, a pesar de la expresa prohibición de los Decretos Reglamentarios.
Esto mismo se extiende al sector de transporte de alta tensión.
Esto se logró gracias a que ninguno de los grupos domina en
forma total los consorcios de los que forman parte. Esto manifiesta la
estrategia integral de estos grupos económicos tendiente a no quedar fuera de
ninguno de los negocios altamente ventajosos. De este modo participan de todas
las fases del proceso de la industria : generación térmica e hidroeléctrica,
transporte y distribución. A ello se suma que varios socios participan
activamente del negocio de la industria del gas y del petróleo. Esto significa
que la electricidad distribuida en Buenos Aires, por ejemplo, fue generada con
algún derivado de petróleo o con gas y luego transportado por las empresas de
las cuales participan los mismos grupos económicos. Lo que en apariencia no es
un monopolio, el predominio de los mismo grupos en todos los sectores, evidencia
que sí lo es dado el grado de integración real que consiguieron.
Efecto de las Privatizaciones Sobre los Usuarios:
Hay tres aspectos centrales para analizar dentro de las
consecuencias de las privatizaciones sobre los usuarios:
1) Acceso al servicio
2) Tarifas
3) Calidad
Cada una de ellas, tiene íntima relación con el modo en que
se realizó la reforma y los objetivos centrales a los que se apuntaba con el
proceso de privatización. Hemos descripto en la parte anterior que dichos
objetivos estaban centrados en privilegiar la participación de capitales
extranjeros y grandes grupos económicos, así como también dar un marco de
garantía a los inversores de las utilidades que generaría su participación en
el sector.
Hemos visto además que la intención de promover la
competencia dividiendo el proceso de la industria y creando unidades de negocio
mínimas, quedó truncada en los hechos desde el momento en que la mayoría de
los grupos intervinientes participan de todo el proceso.
Por otra parte, al desaparecer el sistema integrado y
considerarse a la electricidad, como un producto mas del mercado sin
diferenciarla con otros bienes, se descarta tanto la necesidad de satisfacción
de la demanda continua como las ventajas de la producción conjunta, negando con
esto el carácter estratégico de la electricidad en las sociedades modernas en
que la mayor parte de las actividades de la vida cotidiana necesitan de la energía
eléctrica para llevarse a cabo.
De este modo se altera el concepto de servicio público
existente hasta la privatización, considerando sólo la distribución y el
transporte como servicio público, quedando excluida de este concepto la
generación que se considera de interés general. Esto significa que si al
generador le resulta antieconómica su empresa puede cerrarla sin que el Estado
tenga la obligación de intervenir aunque las consecuencias para los usuarios
pueda llegar a ser la falta de suministro.
Asimismo cabe destacar que no se exigieron inversiones
forzosas a los grupos adquirentes, solo se les exigía la prestación de un
servicio de calidad.
Por otra parte, del análisis del marco regulatorio del
sector, surge claramente que los únicos actores reconocidos dentro del mercado
eléctrico son los transportadores, generadores, distribuidores y grandes
usuarios, con lo cual los pequeños usuarios industriales, familiares o
comerciales quedan excluidos.
Tomando en cuenta estos aspectos, podemos decir que la
privatización tuvo efectos negativos para los usuario en los tres aspectos señalados.
Respecto al acceso al sistema, la primera medida que tomaron
las empresas fue el corte del suministro en forma indiscriminada a las villas de
emergencia y barrios pobres que estaban "enganchados" a la red., para
reducir las pérdidas en las redes de distribución. El acceso al sistema queda
restringido a la posibilidad de pagarlo. El precio de la energía en el mercado
mayorista gira alrededor de los 0,03 centavos de dólar el Kw., mientras que los
pequeños consumidores abonan entre 0,10 y 0.15 centavos.
En relación a las tarifas se produjo un aumento en el precio
del bajo consumo y una baja en el precio del alto consumo. Los consumidores
residenciales pagan tarifas mas altas que los grandes usuarios ya que estos últimos
tienen acceso directo a comprar en el mercado mayorista.
Por último, respecto de la calidad del servicio, no se
registraron mejoras en la atención al cliente y el apagón en la Ciudad de
Buenos Aires nos muestra que no se presta un servicio de calidad.
El Efecto de las Privatizaciones Sobre los Trabajadores del
Sector Eléctrico:
Reducción de Personal: Se produjo una fuerte reducción
de personal. En las empresas de distribución la reducción alcanzó al 30% del
personal, en las centrales térmicas superó el 45% y en el área del transporte
fue cercana al 25%.
En algunas centrales hidroeléctricas, como la del Chocón,
el impacto fue aún mayor, porque a la pérdida del empleo hay que agregarle que
los trabajadores debieron entregar las viviendas que ocupaban.
La reducción del personal se basó en el sistema de Retiros
Voluntarios a los cuales muchas veces se inducía a los trabajadores a tomarlo
con acciones persecutorias o discriminatorias.
Tercerización: El proceso de tercerización de varios
sectores de la producción permitió a las empresas reducir los costos laborales
y debilitar la unidad de los trabajadores. Los trabajadores contratados en estas
empresas son generalmente trabajadores precarios, con condiciones de trabajo
mucho mas desfavorables y salarios menores.
Programas de Propiedad Participada: Otro aspecto que
fue importante en el sector fue el tema de la aplicación de los Programas de
Propiedad Participada. El gobierno reservó el 10 % de todas las unidades de
negocio privatizadas para ser adquiridas por los trabajadores de las empresas.
En el caso de las Centrales Térmicas e Hidroeléctricas reservó el 2%. Dichos
programas intentaron por un lado contener las resistencias de los trabajadores y
sus organizaciones a las privatizaciones y por otra parte formaba parte de una
estrategia de cooptación de los trabajadores, (ahora "adquirentes"),
para obtener de ellos mayor colaboración en los procesos productivos con el
propósito de asegurarse el aumento de la productividad.
La Federación sindical-patronal: la federación que
nuclea a los sindicatos de la electricidad licitó y ganó tres centrales térmicas
(Litoral, Noroeste y Patagónica) y el transporte del Noreste y Noroeste. En
algunos casos para la adjudicación capitalizó las deudas sindicales que las
unidades de negocio mantenían con ella.
Convenios Colectivos de Trabajo por Empresa: Los
nuevos convenios de empresa avanzan en condiciones flexibles de trabajo. La
jornada de trabajo quedó estableci |