La Auditoría Interna de una
empresa tiene la obligación de controlar y verificar la existencia y
cumplimiento tanto de los principios de control interno, como así también de
las normativas internas y externas, a los efectos de salvaguardar el patrimonio
de dicho ente, como así también el logro de los objetivos establecidos.
La
falta de visión y capacitación de muchos auditores le impide analizar de una
forma sistémica la organización y
su funcionamiento, de modo tal de que concentran su atención en cuestiones
financieras, contables y las normativas de control interno básicas con un claro
enfoque financiero, dejando totalmente de lado aspectos tales como los controles
de calidad en los productos y servicios, la atención y satisfacción de los
clientes y consumidores, y el nivel de satisfacción y rotación de personal,
con lo que ello significa tanto para la protección de la marca y competitividad
de la empresa, la protección de su principal patrimonio que está constituido
por su base de clientes, la protección del capital humano con todo el cúmulo
de capacidades y experiencias que éste posee.
Cabría
preguntarle a un auditor interno tradicional si sólo cuenta el buen resguardo e
integración de la documentación, la separación de funciones, el control por
oposición, la correcta contabilización de las partidas, y la numeración
correlativa de los comprobantes entre otros aspectos. Por supuesto que éstas
cuestiones deben ser tenidas en cuenta, y que son vitales para la buena marcha
de la empresa, pero no menos importante es que cumpliéndose con todos los
atributos antes mencionados se esté perdiendo día tras día clientes por la
mala calidad de los productos y servicios, y aún la posibilidad de tener que
responder judicialmente ante un daño causado a terceros con nuestros productos
o servicios. Como así también que la falta de una política y controles en
cuestiones de satisfacción al cliente hagan perder ventas en manos de la
competencia, y por lo tanto participación de mercado y con ello rentabilidad, y
consecuentemente valor de mercado.
Como
podemos ver de lo expresado en el párrafo anterior los criterios de la auditoría
tradicional ya no bastan en un mercado altamente competitivo, donde los clientes
exigen cada día más y mejores servicios, para salvaguardar el patrimonio de
una empresa.
Así
dentro de esta tónica tanto auditores internos, como externos cometen el
absurdo y grave error de verificar sólo la existencia de seguros contratados
para salvaguardar el patrimonio de la empresa, no atendiendo a una de las
principales salvaguardas con que toda empresa debe contar que son los Planes
de Contingencia.
Así
independientemente de que las estrategias se formulen, implanten y evalúen con
gran cuidado, hay circunstancias imprevistas como huelgas, boicots, desastres
naturales, presencia de competidores extranjeros y acciones gubernamentales que
pueden hacer que la estrategia quede obsoleta. Para reducir al mínimo el
impacto de las amenazas en potencia, las organizaciones deben desarrollar planes
de contingencia como parte de su proceso para evaluar estrategias. Los planes
de contingencia se pueden definir como planes alternativos que se pueden
poner en práctica cuando ciertos hechos clave no ocurren como se esperaba. Sólo
las áreas que tienen verdadera prioridad requieren la seguridad de planes de
contingencia. Los estrategas no pueden ni deben tratar de cubrir todas las
bases, haciendo planes para todas las contingencias posibles.
Cuando
las actividades para evaluar estrategias revelan rápidamente la necesidad de un
cambio mayor, el plan de contingencia adecuado se puede ejecutar en forma
oportuna. Los planes de contingencia pueden mejorar la capacidad del estratega
para responder velozmente a los cambios clave operados en las bases internas y
externas de la estrategia presente de la organización. Por ejemplo, si los
supuestos básicos acerca de la economía resultan equivocados y existen planes
de contingencia ya preparados, en tal caso los gerentes pueden hacer los cambios
adecuados con oportunidad. Demasiadas organizaciones preparan planes de
contingencia sólo para circunstancia adversas, lo cual es un grave error,
porque tanto reducir las amenazas como capitalizar las oportunidades puede
mejorar la posición competitiva de las empresas.
Así
dentro de este marco es tarea fundamental o obligatoria de la auditoría interna
verificar la existencia de planes de contingencia, participar activamente en su
elaboración, y monitorear la puesta en ejecución de las mismas cuando se den
señales de aviso.
La
planificación eficaz de las contingencias consta de un proceso de siete pasos,
los cuales son:
1.
Identificar los hechos positivos y los negativos que podrían descarrilar
la o las estrategias (o poner en peligro la continuidad de la empresa).
2.
Especificar los puntos activadores. Debe calcularse más o menos cuando
se podrían presentar contingencias.
3.
Evaluar el impacto de cada contingencia. Debe estimarse el posible
beneficio o daño de cada contingencia.
4.
Elaborar planes de contingencia. Asegurándose de que los planes de
contingencia son compatibles con la estrategia presente y que son económicamente
factibles.
5.
Evaluar el contraimpacto de cada plan de contingencia. Lo cual significa,
estimar en qué medida capitalizará o cancelará cada plan de contingencia su
correspondiente contingencia. De tal forma al hacerlo se cuantificará el valor
potencial de cada plan de contingencia.
6.
Determinar las primeras señales de aviso de contingencia clave.
7.
En el caso de contingencias que manden señales de aviso tempranas y
seguras, debe elaborarse planes de acción para aprovechar la ventaja del tiempo
de maniobra que le ofrecen.
Así
pues deberán desarrollarse según corresponda al tipo de actividades, planes de
contingencias para cambios en las condiciones económicas, climáticas,
desastres informáticos, fallecimiento o salida de funcionarios claves,
atentados, rotura de maquinarias, huelgas, cambios políticos entre muchos
otros.
Un
ejemplo claro lo muestra el distinto efecto que tuvo el Efecto Tequila en la
Argentina entre los bancos extranjeros o grandes bancos privados nacionales que
contaban con planes de contingencia, y por lo tanto reaccionaron inmediatamente
con reducciones de costos, publicidad y cortes de líneas crediticias, de las
pequeñas y medianas instituciones financieras nacionales que careciendo de
planes de contingencia continuaron operando de acuerdo a su planes ordinarios o
trataron de reaccionar, fuera de tiempo, con planes carentes del suficiente análisis.
La
existencia de planes de contingencia muestra tanto a nivel privado como estatal
los niveles alcanzados en materia tanto de competitividad, como de eficiencia
administrativa. La auditoría interna de cualquier tipo de organizaciones para
resguardar el patrimonio y continuidad del ente auditado, debe exigir,
participar y monitorear la existencia y puesta en ejecución de los planes de
contingencia.
Por
Dr. Mauricio Lefcovich *
*
Consultor en Administración de Empresas
E-mail:
mlefcovich@hotmail.com