Índice:
1.
Introducción
2.
Ventaja Competitiva
3.
La filosofía Just-in-Time
4.
Coste / beneficio de la aplicación del Just-in-Time
5.
Estrategia del Just-in-Time
6.
Análisis completo de los costes improductivos
7.
El funcionamiento de las fábricas
8.
Ventajas operativas aportadas por una fuerte reducción de stocks y
plazos
9.
Conclusiones
10.
Bibliografía
1. Introducción
Frente al implacable ataque
de la competencia mundial, la industria no debe decidir si debe cambiar, sino cómo
debe ser ese cambio. Dejar las cosas como están es una opción fatal, pudiendo
sólo elegir entre controlar el propio cambio o permitir que lo controle la
competencia. Naturalmente que el sistema Just-in-Time no es lo único que
necesita una empresa para competir, pero es ya evidente que nadie seguirá
siendo competitivo por mucho tiempo sin las posibilidades de avance que dicho
sistema ofrece. No importa cuán elevado sea el desempeño actual, cualquier
disminución en el esfuerzo dará como resultado pérdida en la posición, por
tal motivo la mejora continua es un imperativo presente en los negocios, y debe
ser buscado con vigor.
Empresas líderes de todo el
mundo han adoptado ésta nueva filosofía de gestión, dando lugar a unos
avances extraordinarios en materia de calidad, agilidad en las entregas y
costes.
Una excelente forma de
comprender las posibilidades del sistema Just-in-Time (conocido también como
Sistema de Producción Toyota) es imaginar un oleoducto que recorra toda la fábrica.
En un de los extremos pagamos a nuestros proveedores el material que entra en el
oleoducto. En el otro extremo, nuestros clientes nos pagan los productos que les
enviamos. Nuestro objetivo es reducir el plazo entre el pago, en un extremo, y
el cobro, en el otro. Por tanto, necesitamos mover el material a lo largo del
oleoducto con mayor rapidez. Un oleoducto grueso nos
permitirá hacer envíos, pero lentamente. Con un oleoducto más delgado
podemos conseguir la misma tasa de envíos si aceleramos la velocidad de flujo
en su interior. Si nuestro plazo de producción es menor, podremos además
responder mejor a los cambios que se originen en el mercado.
La manufactura Just-in-Time
es una extensión del concepto original de la administración del flujo de
materiales para reducir los niveles de inventario. Sin embargo, existen muchas más
cosas involucradas en una empresa de manufactura, además de reducir los
inventarios para obtener el control de los costos. La manufactura tiene que ver
con otros asuntos, como la regulación del proceso, el nivel de automatización,
la manufactura flexible, el establecimiento de tiempos de arranque para
maquinaria, la productividad de la mano de obra directa, los gastos de
administración, la administración de los proveedores, el soporte de ingeniería
y la calidad del producto que debe ser entregado a los clientes.
La empresa moderna de
manufactura debe manejar eficientemente estas cuestiones con el objeto de operar
los departamentos de una manera ligera, productiva y con orientación hacia la
calidad.
La manufactura ya no es una
cuestión de carácter local. Los adelantos en la comunicación y el transporte
han disminuido enormemente las distancias de nuestro mundo, y la manufactura
debe considerarse ahora como un asunto de índole mundial. Así pues, para
mantener su ventaja competitiva, las empresas comprometidas deben hacer frente a
la dificultad de abatir los costos y mejorar sus niveles de calidad. Una manera
de hacer ello factible es reduciendo los desembolsos en cuanto a los materiales
y la mano de obra requeridos para generar el producto. Éstos son los factores
evidentes que , en general, se consideran, pero no reflejan la totalidad de la
situación. Incluidos en la ecuación de los costos deberían estar los de
administración asociados con el proceso de integración de un producto, ya que
inclinan la balanza hacia un lado particular de la implantación.
Es sumamente importante
utilizar en la manufactura la estrategia adecuada. La mayoría de las empresas
cuentan con una estrategia de producto y con varias estrategias de ventas y
mercadotecnia, pero son demasiado pobres en lo que respecta a la estrategia de
manufactura. Fracasan cuando desarrollan un producto, lo introducen al mercado y
enfrentan a la competencia, porque su costo es muy elevado, porque no pueden
producir el volumen requerido o porque sus niveles de calidad no son aceptables.
Los productos elaborados en
una empresa de manufactura llevan implícitas tres variables de costos:
materiales, mano de obra y costos administrativos. La de materiales está
integrada por los costos de la materiales utilizados en la elaboración del
producto. La mano de obra son las horas invertidas en el ensamble y prueba del
producto. La de administración incluye el costo de la elaboración, los pagos a
los bancos por concepto de intereses por los equipos adquiridos para elaborar el
producto, y los costos del dinero invertido en el inventario. Con unas cuantas
excepciones, el contenido de materiales en el producto es la parte más
importante del costo del mismo. El siguiente es el administrativo, y el menor de
los tres, el de la mano de obra. En la manufactura, las tres variables deben ser
administradas con objeto de obtener el costo más bajo sin comprometer la
calidad de los productos entregados a los consumidores. El Just-in-Time da un
enfoque semejante a las tres variables: las entiende y disminuye los costos al
utilizar el sentido común, y procedimientos sencillos; de esta suerte, corta de
tajo todo aquello que no es necesario.
2. Ventaja competitiva
La elaboración de una
estrategia competitiva a nivel de negocio supone definir aquella o aquellas
variables en que se quiere ser superior a la competencia y que hacen que los
clientes compren nuestros productos y no los de aquélla. Podemos enumerar cinco
variables que servirán de base para conseguir esa ventaja competitiva: coste,
calidad, servicio, flexibilidad e innovación.
·
Coste: consiguiendo colocar en el mercado productos de bajo coste
unitario fabricándolos, por ejemplo, con sistemas de producción y distribución
altamente productivos, invirtiendo en equipos especializados que permitan la
producción en masa.
·
Calidad: mediante el diseño de productos fiables y fabricando artículos
sin defectos. Llegando a conseguir el binomio marca-calidad. (Toyota en automóviles,
Minolta en máquinas fotográficas, Seiko en relojes).
·
Servicio: asegurando los compromisos de entrega de los productos
tanto en cantidad como en fecha y precio. Dando unos niveles de asistencia
post-venta adecuados.
·
Flexibilidad: siendo capaces de adaptarse a las variaciones de la
demanda, a los cambios en el mercado, en la tecnología, modificando los
productos o los volúmenes de producción.
·
Innovación: desarrollando nuevos productos, nuevas tecnologías
de producción, nuevos sistemas de gestión.
Cada empresa debe decidir con
que variable quiere competir en el mercado, en que quiere ser superior a la
competencia. En base a esta decisión se deberán articular las demás
decisiones que se tomen en el área de producción, y que constituirán la
estrategia de producción de la empresa.
Se debe tener en cuenta además,
que las variables elegidas para conseguir la ventaja competitiva van ligadas al
ciclo de vida del producto, es decir, la forma de competir dependerá de cual
sea la fase en que se encuentre el producto en su evolución. Así, mientras que
en la fase de crecimiento son claves para adquirir ventaja competitiva la
calidad y el servicio, en la fase de declive es clave el precio del producto.
Una vez establecidas las
variables con las que una empresa puede competir en el mercado para conseguir
que sus productos sean los preferidos por los consumidores, todas las decisiones
que se tomen en producción tal como ya hemos dicho, deberán estar de acuerdo
con ellas. Este conjunto de decisiones constituye lo que se denomina estrategia
de producción.
3.
La filosofía Just-in-Time (JIT)
En un sistema Just-in-Time,
el despilfarro se define como cualquier actividad que no aporta valor añadido
para el cliente. Es el uso de recursos por encima del mínimo teórico necesario
(mano de obra, equipos, tiempo, espacio, energía). Pueden ser despilfarros el
exceso de existencias, los plazos de preparación, la inspección, el movimiento
de materiales, las transacciones o los rechazos. En esencia, cualquier recurso
que no intervenga activamente en un proceso que añada valor se encuentra en
estado de despilfarros (muda en japonés).
El método JIT no es
simplemente otro proyecto más para eliminar despilfarros o desperdicios. No es
simplemente otro programa más para motivar al personal o para reducir defectos.
No es simplemente otro proyecto más de reducción de existencias. No es
simplemente otro método más para reducir los plazos de producción, el espacio
o los plazos de preparación. No es simplemente un proyecto de producción o de
compras. No es en absoluto un proyecto, sino un proceso. No es una lista de
cosas que hacer, sino un proceso que ayuda a establecer un orden de prioridades
en lo que se hace. La finalidad del método JIT es mejorar la capacidad de una
empresa para responder económicamente al cambio. Así, a medida que se reduzca
el grosos del oleoducto, el método JIT señalará y dará prioridad a los
estrechamientos que impidan el flujo y bloqueen la capacidad de la compañía
para responder al cambio rápida y económicamente. Además, una vez que se
hacen visibles todos y cada uno de los estrechamientos, el método JIT fuerza a
emprender acciones para eliminarlos, estimulando con ello el uso del control de
calidad total.
La descripción convencional
del JIT como un sistema para fabricar y suministrar mercancías que se
necesiten, cuando se necesiten y en las cantidades exactamente necesitadas,
solamente define el JIT intelectualmente. La gente que en las áreas de trabajo,
utilizando sus mentes y ganando experiencia, se esfuerza en las mejoras, no
define el JIT de ese modo. Para ellos el JIT significa podar implacablemente las
pérdidas. Cuando el JIT se interna en las empresas, el despilfarro de las fábricas
se elimina sistemáticamente. Para hacer esto, las ideas tradicionales y fijas
ya no son útiles.
El sistema Just-in-Time tiene
cuatro objetivos esenciales que son:
·
Atacar los problemas fundamentales.
·
Eliminar despilfarros.
·
Buscar la simplicidad.
·
Diseñar sistemas para identificar problemas.
Atacar los problemas
fundamentales. Una manera de ver ello
es a través de la analogía del río de las existencias. El nivel del río
representa las existencias y las operaciones de la empresa se visualizan como un
barco que navega por el mismo. Cuando una empresa intenta bajar el nivel del río
(o sea reducir el nivel de sus existencias) descubre rocas, es decir, problemas.
Hasta hace poco, cuando estos problemas surgían en las empresas tradicionales,
la respuesta era aumentar las existencias para tapar el problema. Un ejemplo típico
de problemas sería el de una planta que tuviera una máquina poco fiable que
suministrara piezas a otra, más fiable, y la respuesta típica de la dirección
tradicional sería mantener un stock de seguridad grande entre las dos máquinas
para asegurar que a la segunda máquina no le faltara trabajo. En cambio, la
filosofía del JIT indica que cuando aparecen problemas debemos enfrentarnos a
ellos y resolverlos (las rocas deben eliminarse del lecho del río). El nivel de
las existencias puede reducirse entonces gradualmente hasta descubrir otro
problema; este problema también se resolvería, y así sucesivamente. En el
caso de la máquina poco fiable, la filosofía del JIT nos indicaría que había
que resolver el problema, y a fuera con un programa de mantenimiento preventivo
que mejorara la fiabilidad de la máquina o, si éste fallara, comprando una máquina
más fiable.
|
PROBLEMAS
(ROCAS)
|
SOLUCION
JIT
|
|
|
|
|
Máquina poco fiable
|
Mejorar la fiabilidad
|
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|
Zonas con cuellos de
botella
|
Aumentar la capacidad
|
|
|
|
|
Tamaños de lote grandes
|
Reducir el tiempo de
preparación
|
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|
|
Plazos de fabricación
largos
|
Reducir colas, etc.,
mediante un sistema de arrastre
|
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|
Calidad deficiente
|
Mejorar los procesos y/o
proveedores
|
|
|
|
En la anterior tabla se
muestran algunos de los problemas (escollos) y las respectivas soluciones
Just-in-Time. Así el enfoque JIT ante una máquina o un proceso que constituye
un cuello de botella consiste en reducir el tiempo de preparación para
conseguir una mayor capacidad, buscar máquinas o procesos alternativos, comprar
capacidad adicional o incluso subcontratar el trabajo en exceso. Un directivo
JIT reconoce que ni un aumento del stock de seguridad ni una programación más
compleja logrará resolver el problema fundamental; lo único que hace es tapar
temporalmente las rocas.
Eliminar despilfarros.
En este contexto significa eliminar todo aquello que no añada valor al
producto. Ejemplos de operaciones que añaden valor son los procesos como cortar
metal, soldar, insertar componentes electrónicos, etc. Ejemplos de operaciones
que no añaden valor son la inspección, el transporte, el almacenaje, la
preparación, entre otros.
Tomemos el caso de la
inspección y el control de calidad como ejemplos. El enfoque tradicional es
tener inspectores estratégicamente situados para examinar las piezas y, si es
necesario, interceptarlas. Esto conlleva ciertas desventajas, incluyendo el
tiempo que se tarda en inspeccionar las piezas y el hecho de que los inspectores
muchas veces descubren los fallos cuando ya se ha fabricado un lote entero, con
lo cual hay que reprocesar todo el lote o desecharlo, dos soluciones sin lugar a
dudas muy caras.
En el enfoque Just-in-Time se
orienta a eliminar la necesidad de una fase de inspección independiente,
poniendo el énfasis en dos imperativos:
1.
Haciéndolo bien a la primera. Dado que conseguir productos de alta
calidad normalmente no resulta más caro que fabricar productos de baja calidad,
¿por qué no fabricarlos de alta calidad? Todo lo que se necesita es un
esfuerzo concentrado para depurar las tendencias que propician la aparición de
defectos.
2.
Conseguir que el operario asuma la responsabilidad de controlar el
proceso y llevar a cabo las medidas correctoras que sean necesarias, proporcionándole
unas pautas que debe intentar alcanzar.
Si comparamos el enfoque
tradicional de la inspección y control de calidad con el método JIT, podemos
ver que el enfoque tradicional ha sido determinar unos límites superiores e
inferiores (tolerancias) y si las medidas caen fuera de estos dos límites, el
producto se desecha o se reproceso. En cambio, el enfoque Just-in-Time es
reducir la desviación de lo nominal ideal, no tolerando ninguna desviación de
lo nominal. Además, el JIT traspasa la responsabilidad de detectar y corregir
las desviaciones a los operarios que llevan a cabo los procesos. Se espera de
ellos que lo hagan bien a la primera y que impidan que los productos se desvíen
demasiado de lo nominal.
Eliminar despilfarros implica
mucho más que un solo esfuerzo de una vez por todas. Requiere una lucha
continua para aumentar gradualmente la eficiencia de la organización y exige la
colaboración de una gran parte de la plantilla de la empresa. Si se quiere
eliminar las pérdidas con eficacia, el programa debe implicar una participación
total de la mayor parte de los empleados. Ello significa que hay que cambiar el
enfoque tradicional de decirle a cada empleado exactamente lo que debe hacer, y
pasar a la filosofía JIT en la cual se pone un especial énfasis en la
necesidad de respetar a los trabajadores e incluir sus aportaciones cuando se
formulen planes y se hagan funcionar las instalaciones. Sólo de esta forma
podremos utilizar plenamente las experiencias y pericias de los empleados.
En busca de la
simplicidad. Los enfoques de la gestión
productiva de moda durante la década de los setenta y principio de los ochenta
se basaban en la premisa de que la complejidad era inevitable. El JIT pone énfasis
en la búsqueda de la simplicidad, basándose en el principio de que enfoques
simples conducirán hacia una gestión más eficaz. El primer tramo del camino
hacia la simplicidad cubre dos zonas:
1.
Flujo de material.
2.
Control.
Un enfoque simple respecto al
flujo de material es eliminar las rutas complejas y buscar líneas de flujo más
directas, si es posible unidireccionales. La mayoría de las plantas que
fabrican a base de lotes están organizadas según lo que podríamos denominar
una disposición por procesos. Por tal motivo la mayor parte de los artículos
elaborados en esta fábrica seguirán una ruta tortuosa pasando, por ejemplo,
del corte de materias primas a los tornos, luego al mandrilado, a la soldadura,
al laminado, al tratamiento térmico, al rectificado y al taller de pintura.
Normalmente cada proceso implica una considerable cantidad de tiempo de espera
que se añade al tiempo que se invierte en el transporte de los artículos
(entre la confusión general de la actividad de la fábrica) de un proceso a
otro. Las consecuencias son bien conocidas: una gran cantidad de productos en
curso y plazos de fabricación largos. Los problemas que conlleva intentar
planificar y controlar una fábrica de este tipo son enormes, y los síntomas típicos
son que los artículos retrasados pasan a toda prisa por la fábrica mientras
otros, que ya no se necesitan inmediatamente a causa de la cancelación de un
pedido o un cambio en las previsiones, se paran y quedan estancados en la fábrica.
Estos síntomas tienen muy poco que ver con la eficacia de la gestión. No
importa lo bueno que un directos sea, tendrá problemas para controlar un
sistema de este tipo. También podemos intentar enfrentarnos con el problema,
por ejemplo, instalando un sistema de control por ordenador en la fábrica; si
la fábrica sigue siendo tremendamente compleja, los beneficios obtenidos serán
probablemente marginales.
La filosofía de la
simplicidad del Just-in-Time examina la fábrica compleja y empieza partiendo de
la base de que se puede conseguir muy poco colocando un control complejo encima
de una fábrica compleja. En vez de ello, el JIT pone énfasis en la necesidad
de simplificar la complejidad de la fábrica y adoptar un sistema simple de
controles.
¿Cómo se consigue un flujo
simple de material en la fábrica? Hay varias formas, la mayoría se puede
llevar a cabo simultáneamente. El método principal consiste en agrupar los
productos en familias, utilizando las ideas que hay detrás de la tecnología de
grupos y reorganizando los procesos de modo que cada familia de productos se
fabrique en una línea de flujo. De esta forma, los elementos de cada familia de
productos pueden pasar de un proceso a otro más fácilmente, ya que los
procesos están situados de forma adyacente, logrando así reducirse la cantidad
de productos en curso y el plazo de fabricación.
La filosofía de simplicidad
del JIT, además de aplicarse al flujo de artículos, también se aplica al
control de estas líneas de flujo. En vez de utilizar un control complejo como
en las líneas del MRP, el JIT pone más énfasis en un control simple. Los
sistemas MRP y OPT son sistemas que empujan en el sentido de que planifican lo
que hay que fabricar, que luego se empuja a través de la fábrica. Se supone
que los cuellos de botella y otros problemas se detectan de antemano y se
instalan unos complejos sistemas de control para informar de los cambios para
que puedan tomarse las medidas correctoras. En cambio, el enfoque Just-in-Time
que hace uso del sistema de arrastre Kanban, elimina el conjunto complejo de
flujos de datos, ya que es esencialmente, en su forma original, un sistema
manual. Cuando finalice el trabajo de la última operación, se envía una señal
a la operación anterior para comunicarle que debe fabricar más artículos;
cuando este proceso se queda sin trabajo, a su vez, envía la señal a su
predecesor, etc. De tal forma este proceso sigue retrocediendo toda la línea de
flujo, arrastrando el trabajo a través de la fábrica. Si no se saca trabajo de
la operación final no se envían señales a las operaciones precedentes y por
tanto no trabajan. Esta es la principal diferencia con respecto a los enfoques
anteriores de control de materiales. Si disminuye la demanda, el personal y la
maquinaria no producen artículos. Los defensores del JIT sugieren que realicen
otras tareas como limpiar la maquinaria, hacer ajustes y comprobar si requieren
mantenimiento, entre otras tareas. Con los enfoques tradicionales, la mayor
parte de los directivos son menos propensos a dejar que el personal y la
maquinaria permanezcan inactivos, programándose trabajo incluso aunque no se
necesite en un futuro próximo. Demasiadas veces no se necesita nunca porque el
producto se ha convertido en obsoleto y los productos acabados deben desecharse.
De hecho, el enfoque tradicional consideraba que la principal prioridad era
mantener a las máquinas y al personal en activo, incluso a costa de fabricar
artículos que sólo contribuirían a aumentar unas existencias ya infladas e
incrementar el porcentaje de desecho.
El enfoque JIT, basándose en
el uso de los sistema tipo arrastre, asegura que la producción no exceda de las
necesidades inmediatas, reduciendo así el producto en curso y los niveles de
existencias, al mismo tiempo que disminuye los plazos de fabricación. Y el
tiempo que de otra forma sería improductivo se invierte en eliminar las fuentes
de futuros problemas mediante un programa de mantenimiento preventivo.
Las principales ventajas que
se pueden obtener del uso de los sistemas Just-in-Time tipo arrastre/Kanban son
las siguientes:
·
Reducción de la cantidad de productos en curso.
·
Reducción de los niveles de existencias.
·
Reducción de los plazos de fabricación.
·
Reducción gradual de la cantidad de productos en curso.
·
Identificación de las zonas que crean cuellos de botella.
·
Identificación de los problemas de calidad.
·
Gestión más simple.
El hecho de que los sistemas
de arrastre Kanban identifiquen los cuellos de botella y otros problemas, en
Occidente se consideró al principio como una desventaja. ¿Para qué queremos
identificar problemas? ¿Por qué no olvidarlos? Bien, el objetivo del JIT es
justamente resolver los problemas fundamentales y esto sólo se puede conseguir
si se identifican los problemas.
Establecer sistemas
para identificar problemas. El
sistema de arrastre Kanban saca los problemas a la luz, en tanto que el control
estadístico de procesos (SPC) ayuda a identificar la fuente del problema. Con
el JIT, cualquier sistema que identifique los problemas se considera beneficioso
y cualquier sistema que los enmascare, perjudicial. Los sistemas de arrastre
Kanban identifican los problemas y por tanto son beneficiosos. Los enfoques
tradicionales tendían a ocultar los problemas fundamentales y de esta forma
retrasar o impedir la solución. Los sistemas diseñados con la aplicación del
JIT deben pensarse de manera que accionen algún tipo de aviso cuando surja un
problema. Si realmente queremos aplicar el JIT en serio tenemos que hacer dos
cosas:
1.
Establecer mecanismos para identificar los problemas.
2.
Estar dispuesto a aceptar una reducción de la eficiencia a corto plazo
con el fin de obtener una ventaja a largo plazo.
Es posible que muchos
directivos consideren en un principio que el cuarto y último aspecto de la
filosofía JIT es una desventaja potencial. Sin embargo, la experiencia muestra
que si se crean estos sistemas y si se resuelven los problemas se puede mejorar
considerablemente el funcionamiento de la empresa.
Los objetivos del
Just-in-Time suelen resumirse en la denominada “Teoría de los Cinco Ceros”,
siendo estos:
·
Cero tiempo al mercado.
·
Cero defectos en los productos.
·
Cero pérdidas de tiempo.
·
Cero papel de trabajo.
·
Cero stock.
A los que suele agregarse un
sexto “Cero”:
·
Cero accidentes.
4. Coste / beneficio de la
aplicación del Just-in-Time
Los enfoques
convencionales del control de la fabricación como el MRP o el OPT exigen
grandes inversiones de capital, la mayor parte del mismo consistente en hardware
y software informático. Normalmente una aplicación de los sistemas MRP u OPT
implica una secuencia de implantación de 18 meses para resolver los flujos de
datos; luego se prueba el sistema en paralelo con el sistema existente, se
solucionan los problemas iniciales y finalmente la empresa pasa a utilizar
definitivamente el nuevo sistema. En cambio, el JIT exige muy poca inversión de
capital. Lo que se requiere es una reorientación de las personas respecto a sus
tareas. Con la aplicación del JIT, todos los gastos implicados son
principalmente gastos de formación. El personal de una empresa debe ser
consciente de la filosofía que subyace el JIT y como influye esta filosofía en
su propia función.
Pero aunque el coste de una
aplicación JIT sea más bajo que el de las aplicaciones típicas del MRP II, la
reducción de las existencias es mucho mayor con el sistema JIT, muchas
aplicaciones consiguen una reducción del 60 al 85 por 100 de las existencias.
También debemos considerar que el JIT no se debe considerar a corto plazo; es
decir, no deberíamos utilizar el JIT durante seis meses y luego parar. El JIT
es una campaña progresiva que busca el perfeccionamiento continuo. Además
debemos tener en cuenta que el JIT no sólo reduce las existencias, sino que
aumenta la calidad, el servicio al cliente y la moral general de la empresa.
5.
Estrategia del Just-in-Time
El JIT es mucho más que un
programa destinado a la reducción de inventarios o cero inventarios El JIT es
un sistema para hacer que las empresas de manufacturas operen eficientemente y
con un mínimo de recursos humanos y mecánicos. El just-in-time también
permite mejorar la calidad, y proporcionar un máximo de motivación para la
solución de los problemas tan pronto como éstos surgen. El Just-in-Time es sinónimo
de simplicidad, eficiencia y un mínimo de desperdicios.
Como antes dijimos, el JIT
introduce una nueva definición de desperdicios en la manufactura. En general se
considera que el desperdicio es chatarra de material, reprocesable o bien
producto de línea rechazado. El JIT considera desecho a cualquier cosa que no
sea necesaria para la manufactura del producto o que es un exceso del mismo, por
ejemplo, el caso de un inventario de seguridad para cubrir las partes
defectuosas en las líneas de producción o las tasas de elaboración de carácter
no lineal, las horas de mano de obra empleadas en elaborar productos
innecesarios o en reprocesar productos debido a su mala calidad o a causa de
cuestiones de ingeniería, así como el tiempo invertido en el ajuste de máquinas
y herramientas antes de que se empiecen a procesar partes con ellas. Todo este
tiempo y material desperdiciado incrementa el costo del producto y disminuye su
calidad. El Just-in-Time es una cruzada para eliminar cualquier forma de
desperdicio o despilfarro. Es también un impulso para simplificar el proceso de
manufactura de manera que sea factible detectar problemas y llegar a soluciones
de carácter inmediato.
Así el JIT puede entenderse
como un sistema de producción diseñado para eliminar todo desperdicio en el
medio de la manufactura (por desperdicio debe entenderse cualquier cosa que no
contribuya de manera directa al valor del producto). Ampliar dicha definición
implicaría decir que el sistema just in time hace que los materiales necesarios
sean traídos al lugar necesario para elaborar los productos necesarios en el
momento exacto en que éstos son requeridos. Como complemento de éstas
definiciones es menester subrayar dos reglas fundamentales que deber ser
observadas: la primera es que sólo deben ser empleadas partes y procesos de
alta calidad. El JIT requiere de existencia mínimas de seguridad en materiales
y productos en proceso, por ello cuando llega el instante de elaborar el
producto, las partes en el proceso de producción, deben ser las mejores que se
puedan obtener. Esta regla asegura altos rendimientos y previsión en la línea
de producción. La segunda regla tiene se refiere al tamaño del lote de
producción. Siempre se deberá elaborar el tamaño de lote más pequeño para
cualquier producto, independientemente del volumen de producción del mismo.
Estas dos reglas constituyen los pilares de los principios de operación del
JIT. Una violación de cualquiera de ellos ocasionaría serios problemas en la
implantación del sistema.
No hay pérdida más terrible
que la del exceso de producción. Las modernas empresas industriales como así
también las de servicios deben desarrollar el sentido común, para proveerse sólo
de lo que necesita cuando lo necesita y en la cantidad que necesita. Esto
implica una revolución de la conciencia, un cambio profundo de actitud y
criterio por parte de los empresarios.
6. Análisis completo de los costes
improductivos
Cuando
pensemos en la eliminación absoluta de los costes improductivos, deberemos
tener en cuanta los siguientes puntos:
- La mejora del
rendimiento tendrá sentido sólo cuando vaya ligado a la reducción de
costes. Para conseguirlo, debemos empezar produciendo únicamente lo
necesario con la mano de obra mínima.
- Observemos el
rendimiento de cada operario y de cada línea. Después analicemos a los
operarios como un grupo, y el rendimiento de la planta en su totalidad
(todas las líneas). Este rendimiento deberá ser mejorado en cada paso y,
al mismo tiempo, para la totalidad de la planta como una unidad.
De
tal forma, si una línea de producción que tiene 10 trabajadores y fabrica 100
productos al día, ello significa que el rendimiento por persona es de 10 piezas
al día. Pero si procedemos a analizar sistemáticamente las actividades y
procesos, logra percibirse que se genera un exceso de producción, acompañado
de trabajadores parados y que se realizan actividades innecesarias dependiendo
de la hora de la jornada. Ahora bien, supongamos que mejoramos los procesos y
reducimos la cantidad de mano de obra en dos trabajadores. El hecho de que 8
trabajadores puedan generar 100 piezas diariamente implica que podemos elevar a
125 la cantidad de unidades producidas diariamente sin reducir la cantidad de
trabajadores. En realidad esa capacidad de producir 125 piezas al día ya existía
anteriormente, pero se perdía debido al trabajo innecesario y al exceso de
producción.
Esto
significa que si consideramos sólo el trabajo necesario como trabajo real y
definimos el resto como “pérdida”, la siguiente ecuación será cierta,
tanto se consideramos a los trabajadores individualmente como a la línea en su
totalidad:
capacidad actual = trabajo + pérdida
La
mejora real del rendimiento se consigue cuando el nivel de costes improductivos
es igual a cero y se alcanza un porcentaje de trabajo del 100%. Por tanto, en el
sistema de producción just in time, debemos fabricar sólo la cantidad
necesaria, la mano de obra debe reducirse para equilibrar el exceso de capacidad
productiva y ajustarlo a la cantidad requerida.
El
paso preliminar para la aplicación del sistema de producción just-in-time es
el de identificar completamente los costes improductivos tales como:
·
Costes improductivos por exceso de producción.
·
Costes improductivos en el tiempo de los trabajadores (parados).
·
Costes improductivos por el transporte.
·
Costes improductivos del procesamiento en sí mismo.
·
Costes improductivos de stock disponibles (inventarios).
·
Costes improductivos por otras actividades.
·
Costes improductivos en la fabricación de productos defectuosos.
Eliminando
estos costes improductivos completamente podremos mejorar el rendimiento
operativo con un amplio margen. Para ello, sólo debemos fabricar la cantidad
necesaria, eliminando como consecuencia el excedente de mano de obra. El sistema
de producción just-in-time revela claramente un exceso de mano de obra. Es
responsabilidad de la dirección el detectar el exceso de mano de obra y el
utilizarla de forma rentable. La contratación de más personal cuando el
negocio va bien y la producción es alta para después, cuando se producen
recesiones, despedirlos o generar jubilaciones anticipadas, no son buenas
medidas.
La
definición de despilfarro que han asumido las empresas occidentales es sobre
“cualquier otra cosa que no sean los recursos mínimos absolutos de material,
máquinas y fuerza de trabajo requeridos para añadir valor al producto”.
Considerándose como recursos mínimos absolutos:
·
Un único proveedor, si éste tiene suficiente capacidad.
·
Nada de gente, equipos o espacio dedicados a repetir un trabajo ya hacho.
·
Ningún stock de seguridad.
·
Ningún plazo de ejecución excesivo.
·
Que nadie efectúe una tarea que no añada valor.
“Solamente
aquellas actividades que cambian los productos físicamente, añaden valor”.
Es decir, que contar, mover o incluso inspeccionar son tareas que no añaden
valor, pero sí coste; por lo tanto son despilfarros.
Existe
otro principio que debe añadirse a la filosofía Just-in-Time. Se trata el
mismo de establecer dentro del proceso la denominada mejora continua, con
aplicaciones sencillas, reduciendo y eliminando: transportes, esperas,
inventarios, cambios y preparaciones; no dando nunca un resultado como
definitivo. La productividad, calidad, servicio al cliente, flexibilidad en el
diseño del producto y los cambios de programación deben mejorar continuamente;
estableciéndose un proceso cíclico en el que siempre podrán efectuarse nuevas
mejoras. A tales efectos, la planta de producción es la mayor fuente de
información sobre el proceso de fabricación, ofreciendo la información más
directa, actual y estimulante sobre su funcionamiento.
7. El funcionamiento de las
fábricas
Las
fábricas tradicionales de occidente presentan graves deficiencias en su
organización y funcionamiento. Jamás se habla de ello y su importancia y sus
consecuencias raramente se evalúan por los dirigentes. En cuanto al personal de
fabricación, que tropieza diariamente con los problemas, no ha logrado hacerlos
desaparecer. Su función prioritaria es desde siempre conseguir producir las
cantidades necesarias en las fechas deseadas. Se trata de un desafío cotidiano.
En
una fábrica, la mala organización y el funcionamiento mal dirigido se
manifiesta por un nivel de stocks elevado y por plazos de fabricación amplios.
Estos últimos se ven además respetados con dificultad, lo que deja
descontentos a los clientes.
Puede
parecer chocante que un fábrica no respete los plazos. Podría pensarse que la
industria tiene suficiente experiencia para conocer de modo realista los plazos
de producción, y planificar las operaciones con suficiente antelación. He aquí
lo que sucede: los plazos se conocen y se utilizan para la gestión de la
producción, siendo incluso muy amplios con relación al tiempo de trabajo
estrictamente necesario para la elaboración de un producto. Así, un producto
que requiere una hora de tiempo de trabajo total se planifica seguramente con un
plazo de varias semanas. Con tal margen de seguridad parece inconcebible que los
plazos no puedan respetarse. Para descubrir las razones de tal paradoja hay que
ir a una fábrica y examinar sus diferentes talleres de fabricación de piezas y
montaje. Se advierte entonces que las causas de los plazos demasiados largos son
numerosas: falta de piezas, producción defectuosa por lotes, “cuellos de
botella”, trayectos de las piezas desmesuradamente largos, averías de la
maquinaria, problemas planteados por la calidad. Todas estas dificultades hacen
que la planificación de la producción llegue a ser muy compleja.
Con
mucha frecuencia la fabricación de un pedido se retrasa por la falta, en el
montaje, de una pieza a integrar en el producto final. La pieza puede faltar por
retraso de un proveedor o por no haber sido producida a tiempo por un taller de
fabricación. En ambos casos hay que interrumpir la fabricación del producto y
esperar la pieza.
En
algunas fábricas el fenómeno se autoalimenta: un pedido que se encuentra en
espera de piezas se hace muy urgente y para satisfacerlo se completa con piezas
fabricadas para otros clientes, cuyos pedidos se verán a su vez faltos de
piezas.
Un
taller de fabricación puede ser responsable del retraso o de la falta de una
pieza. Dicho taller tiene necesariamente plazos amplios debido a que la producción
de cada máquina se efectúa por lotes importantes de piezas idénticas, lo que
responde en particular a la duración elevada de los cambios de herramienta.
La
producción por lote impide, en efecto, encadenar las operaciones que deben
realizar las diferentes máquinas sobre una pieza dada, lo que amplia
notablemente los plazos. Impide igualmente fabricar de modo urgente una pieza
que se eche en falta. Es necesario terminar el lote en curso en la máquina,
cambiar la herramienta, producir un lote completo de piezas idénticas a la
deseada, siendo las restantes piezas del lote almacenadas hasta que el próximo
pedido las requiera.
No
siempre se encuentran armonizadas las respectivas cadencias o el número de máquinas
utilizadas en las diferentes etapas de fabricación. De ello resultan “cuellos
de botella” que acrecientan por su parte los plazos y los almacenes.
Resulta
difícil imaginar el número de kilómetros efectuado por los materiales y las
piezas entre su entrada y su salida de fábrica. Sin embargo, en muchos casos,
los planos de conjunto muestran a los directivos una disposición lógica, que
parece optimizar los recorridos, pero basta con seguir una pieza y dibujar su
recorrido sobre un plano detallado de la fábrica para descubrir la realidad. La
longitud excesiva de los recorridos es un problema general, que perjudica a los
plazos y a la productividad: los efectivos de personal empleados en las tareas
de mantenimiento son proporcionales a la longitud de los recorridos. Hacen por otra parte, aumentar los almacenes dado que para
cada pieza transportada de un punto A a un punto B de la fábrica existen un
almacén en A y otro en B.
Las
averías de las máquinas son frecuentes. Aumentan los plazos y pueden, en
ciertos casos, plantear graves problemas a la producción. Para limitar los
riesgos, una práctica corriente es la de fabricar un número de piezas mayor
del necesario durante los períodos de buen funcionamiento, con lo que basta
luego almacenar talles piezas.
Cuando
el control final detecta una anomalía, hay que desmontar parcialmente el
producto y luego rehacer o volver a pedir la pieza defectuosa. Esto puede
alargar mucho los plazos, así como aumentar los respectivos costes. También en
este caso, para atenuar el problema, es frecuente fabricar o adquirir sistemáticamente
más piezas de las necesarias.
Los
almacenes elevados se traducen en amontonamiento en los talleres, desorden,
falta de sitio, desorganización y dificultad de gestionar y de localizar las
miles de piezas presentes al mismo tiempo en una fábrica. Los riesgos
aleatorios –como falta de piezas, los retrasos, los cuellos de botella, las
averías, los defectos- no pueden tenerse en cuenta en la planificación de la
producción. De ello proceden los errores, los olvidos, los retrasos y la falta
de nuevas piezas.
Los
fenómenos antes descritos constituyen un conjunto esclarecedor: falta de
piezas, fabricación por lotes, “cuellos de botella”, mala disposición de
las actividades y recorridos excesivos, insuficiente fiabilidad de los
suministradores respecto a la calidad y los plazos de entrega, averías,
desperdicios, amontonamiento, desorden, errores, derroches, falta de
productividad y, seguramente, plazos muy amplios y almacenes demasiado
cuantiosos, que representan semanas o meses de consumo, contra algunas horas o
algunos días en las fábricas japonesas.
Si
estas deficiencias se encuentran en la mayoría de las empresas tradicionales de
occidente, no provienen en modo alguno de un retraso tecnológico, aunque no por
ello dejan de constituir una desventaja esencial de competitividad, de capacidad
para reaccionar rápidamente ente las nuevas restricciones, los nuevos clientes
y las exigencias nuevas.
Por
último debemos subrayar que si todas estas anomalías suponen un importante
impacto económico, ninguna de ellas se muestra en la contabilidad analítica,
para la cual es principal parámetro a optimizar para reducir el precio de coste
de los productos es el tiempo de trabajo directo utilizado en ellos.
Debe
recalcarse que la modernización no hace desaparecer las causas profundas de la
falta de productividad de las fábricas e incluso puede contribuir a agravarlas.
Las
empresas deben saber responder a las expectativas del mercado, para lo cual
deben fabricar los productos que los clientes desean, en los plazos y con el
nivel de calidad que requieren, por un precio mínimo. Pero la industria
tradicional no tiene suficiente capacidad para ello. Sus fábricas están faltas
de agilidad y de rapidez de acción; son podo eficaces, derrochan hombres,
tiempo, materiales, equipos productivos y locales; no consiguen una producción
de calidad. Para recuperar su competitividad en un universo industrial cada vez
más agresivo, las empresas deben luchar contra tales desventajas. De hecho, la
industria occidental no tiene la sana costumbre de luchar contra las causas de
los problemas, sino que ante cada dificultad encuentra siempre un medio que hace
soportable el efecto. Dicho medio contribuye sistemáticamente a aumentar los
costos. Veamos algunos ejemplos:
La
duración de los cambios de herramienta.
Sabemos que, al cambiar el tipo de pieza tratado por una máquina, es necesario
el cambio de herramientas. Esta operación improductiva es larga y no puede
efectuarse con demasiada frecuencia, porque se resentiría la producción. A
comienzos de siglo se formuló una teoría resumida ésta en una fórmula
llamada “fórmula de Wilson”, con la cual se permite determinar la cantidad
mínima de piezas a tratar por un máquina entre dos cambios de herramientas
consecutivos. Esta cantidad económica se expresa en función del tiempo de
cambio de útiles. Durante decenios, la fórmula de Wilson ha constituido el
principio esencial de la planificación de la producción de las empresas
occidentales. Todavía hoy tiene una amplia utilización. Se trata de una forma
de acomodarse al efecto de un problema, al precio de constituir stocks elevados
y de alargar los plazos. No se ha tenido la idea de atacar su causa, es
decir, de intentar reducir los tiempos de cambio de herramientas.
Las averías de las máquinas.
Una avería de una máquina puede tener graves consecuencias: puede parar la
producción de todos los puestos de trabajo situados más allá de ella en el
proceso de producción. En lugar de intentar hacer más fiable las máquinas,
es corriente constituir stocks de seguridad para prevenir contra el efecto de
las averías eventuales.
Los problemas de
calidad. Basta a menudo que una sola
pieza de un lote fabricado para un pedido sea deficiente, para que resulte
imposible servir al cliente en los plazos previstos. Más que intentar evitar
la aparición de defectos, durante muy largo tiempo, y todavía sucede así en
numerosos lugares, se han fabricado cantidades de piezas superiores a las
necesarias, De ahí, una vez más, el aumento de stocks y de costes.
Hemos mencionado ya otras
situaciones en que se tratan los efectos y no las causas: la automatización de
los almacenes en vez de la reducción de stocks; la informatización de una
producción no modificada, en vez de una reorganización que permite disminuir
los errores y la falta de piezas; la adquisición de sistemas de mantenimiento
automatizados en vez de una reducción de los recorridos de las piezas, y así
muchos otros casos. Para conseguir el nivel de eficacia y de competitividad hoy
requerido, conviene dejar de tratar los efectos de los problemas y atacar sus
causas. Es por ello necesario identificar tales causas. Surge pues ¿cómo
identificar las mismas?
Las causas claves son
aquellas que no son consecuencia de otros y que, por lo mismo, deberían figurar
lógicamente entre las causas reales de la ineficacia; siendo tales:
·
la distribución inadecuada de las máquinas y los recorridos demasiados
largos.
·
la duración de los cambios de herramientas,
·
las averías,
·
los problemas de calidad,
·
las dificultades con los suministradores.
Otros elementos, en cambio,
parecen ser más bien consecuencias. Así, el desorden, los errores, la falta de
piezas, los derroches, los retrasos, deberían poderse atenuar considerablemente
mediante la disminución de stocks y de plazos, así como por la revisión de la
situación de las máquinas y la reducción de la longitud de los trayectos.
Debemos prestar especial consideración a los stocks elevados y los plazos
excesivos.
Stocks y plazos excesivos se
ven a menudo presentados como el
mal absoluto del que importa librarse. Es cierto que son el origen de aumentos
de coste, de derroches, de improductividad, de falta de flexibilidad. Se tiene
por ello la tendencia a ver en ellos las causas principales de las desventajas
de competitividad. Tanto los excesos de stocks, como de plazos no son males en sí
mismo, sino consecuencia de otros males. Constituyen por tal motivo excelentes síntomas
de la ineficacia industrial.
Para que los stocks puedan
disminuir es necesario que su papel sea menos indispensable. Tienen
esencialmente una función de seguridad: existen porque los plazos necesarios
para fabricar una nueva pieza o un nuevo producto son demasiados largos para
hacer frente a un pedido urgente o a un defecto de fabricación o a una avería
de las máquinas. Los almacenes no pueden por tanto reducirse sin una fuerte
disminución de los plazos. Recíprocamente, para que los plazos puedan
disminuirse será necesario encadenar con mayor rapidez las operaciones de
producción y, por tanto, dejar de constituir stocks intermedios.
8. Ventajas operativas
aportadas por una fuerte reducción de stock y plazos
Incremento de agilidad,
y mejor seguimiento del mercado.
·
Capacidad para atender pedidos urgentes.
·
Rapidez de reacción gracias a la reducción de plazos.
·
Mejor respuesta a las expectativas del mercado.
·
Posibilidad de planificar la producción a corto plazo teniendo en cuanta
únicamente los pedidos en firme (en lugar de planificar sobre la base de
previsiones).
Mejora de la
productividad y reducción de los costes de producción.
·
Reducción de los almacenes de productos terminados, costosos y rígidos.
·
Suspensión de las tareas relativas a la gestión, manipulación,
transporte, vigilancia y protección de los almacenes (riesgos de incendio,
robo, corrosión, etc.).
Ganancia de espacio.
·
Baja de alquileres o posibilidad de utilizar para otras actividades la
superficie ganada.
·
Posibilidad de optimizar la implantación de las actividades.
·
Supresión de la necesidad de ocupar más adelante otros edificios por
extensión de la actividad.
Mejora de la eficacia.
·
Mayor visibilidad.
·
Disminución del número de informaciones a tener en cuenta.
·
Mejor circulación de la información.
·
Reducción del número de piezas que faltan.
·
Reducción de los despilfarros.
Disminución de las
necesidades de inversión y de cargas de mantenimiento relativas:
·
A la extensión de los locales.
·
A los equipos de manipulación de almacenes: carretillas elevadoras,
contenedores, paletas, grúas-puente, entre otros.
·
A los equipos de almacenaje (tradicionales o automáticos).
·
Al sistema informático de gestión de almacenes.
Conclusiones
Sólo basta ver la diferencia
existente entre las empresas que han adoptado el Sistema de Producción
Just-in-Time y aquellas otras que aun creen poder seguir existiendo mediante métodos
de trabajo totalmente fuera de contexto. Empresas americanas de primer nivel lo
han adoptado, logrando con ello no sólo salvar su existencia, sino además
pasar a disputar palmo a palmo la supremacía en sus correspondientes segmentos
de mercado, tales son los casos de Harley Davidson, Xerox, Hewlett Pachard, Ford
Motors, John Deere, General Motors, General Electric, y
Eastman Kodak entre muchas otras.
El sistema Just-in-Time
conforma un sistema más amplio denominado Kaizen, sistema que persiguiendo la
mejora continua permite reducir de manera sistemática y sostenible los niveles
tanto de costos como de fallas, incrementando al mismo tiempo los niveles de
productividad y satisfacción al cliente.
Mediante el Just-in-Time
puede uno llegar a asustarse ante la magnitud de su propia “empresa
fantasma”; aunque también puede alegrarse de ello al descubrir un auténtico
yacimiento de recursos sin emplear, todo un potencial movilizable, una
maravillosa reserva de competencias de la empresa. Orientemos de nuevo el
destino de todos esos recursos, actualmente estériles, hacia la producción de
valor añadido vendible logrando de tal forma un rápido mejoramiento en los
rendimientos de la empresa.
El Just-in-Time permite una
asignación óptima de los recursos mediante una metodología de trabajo que
hace factible los “Seis Ceros” anteriormente citados (Punto 3):
·
El cero avería se asienta en la afirmación de que más vale no tener
averías a disponer de excelentes reparadores. La avería bloquea el proceso de
producción, interrumpe su continuidad, suscita la formación “río arriba y río
abajo” de atascos, exagera los almacenamientos intermedios, incrementa los
trabajos en proceso, y alimenta rápidamente de esta forma lo que hemos dado en
llamar la “empresa fantasma”. De ahí, por ejemplo, la idea de la reparación
anticipada; se concibe captadores susceptibles de detectar el instante en el que
un aparato va a salirse de su campo de tolerancia para entrar en otro en el que
la avería es posible; se lleva a cabo una reparación preventiva escogiendo el
momento de la interrupción del servicio en vez de tener que sufrirla.
·
El cero demora. Trátese tanto del tiempo necesario para el cambio de una
herramienta, de una máquina, como de una demora de aprovisionamiento o de pago,
del retraso en el correo o en la aplicación de las decisiones, todas esas
demoras, al igual que las averías, son generadoras de “trabajos en curso”
de todo tipo e inmovilizan y esterilizan recursos que pasan a engrosar la
“empresa fantasma”. El análisis crítico de dichas demoras puede permitir
mejorar sustancialmente la eficacia de la empresa.
·
Cero defectos. Se fundamenta ello en una sencilla idea: más vale montar
una organización que permita fabricar directamente productos de calidad a
disponer de una organización que prevea como, eslabón final del proceso de
fabricación, un control riguroso de la calidad, cuya misión consistirá en
comprobar la existencia de la no calidad. En la organización que permite
fabricar directamente productos de calidad, cada actor está adiestrado en el autocontrol de la calidad
de lo que hace; de entrada, se reduce sobremanera el número de defectos y la
cuantía de los desperdicios y desechos; y se tiene la posibilidad de corregir
el defecto en cuanto se presenta el mismo en el proceso de fabricación.
·
Cero existencias. Poniendo en práctica los tres ceros precedentes, se
pueden reducir considerablemente las existencias, pero resulta factible
disminuirlas aún más recurriendo a la utilización del Kanban, esforzándose
por limitar las existencias “río arriba” (merced a acuerdos de “seguro de
calidad” y “entrega” negociados con los proveedores) y las existencias
“río abajo” (merced a acuerdos de recogida concertados con sus clientes) y
procediendo a la fabricación de los productos en series limitadas.
·
Cero papel. Disminuir la papelería no sólo implica reducir el uso de
escritos, sino disminuir significativamente la burocracia innecesaria, disminuir
plazos de tomas de decisiones, reducir notablemente las actividades y procesos
administrativos, y contar con información más rápida y precisa.
·
Cero accidentes. La disminución de accidentes reduce también
notablemente la necesidad de los “trabajos en curso” o los stocks de
amortiguación. Los accidentes no sólo generan daños a máquinas y equipos,
sino también al personal e inclusive a terceros, con lo que ello implica tanto
en la caída de la productividad, como en la pérdida tanto financieras, como de
imagen de la empresa. Una reducción notable en los accidentes, como en la
probabilidad de que ellas tengan lugar reducirá notablemente el coste de las
primas de seguro para la empresa.
Acertado es pues recordar que
el Just-in-Time es una filosofía empresarial que se concentra en eliminar el
despilfarro en todas las actividades internas de la organización y en todas las
actividades de intercambio externas. Esta definición establece la idea clave de
sistema justo a tiempo, la cual exige eliminar todos los insumos de recursos que
no añaden valor al producto o servicio.
La meta es proporcionarle
satisfacción al cliente a la vez que se minimiza el costo total. Esta es la
esencia del proceso “justo a tiempo” . Así mediante un programa de
mejoramiento continuo (kaizen) la empresa Just-in-Time proporciona
“productos de calidad perfecta, en las cantidades exactas necesarias, en el
momento preciso en que se necesitan, al costo total de entrega más bajo”.
La práctica del Just-in-Time
no constituye ya una ventaja competitiva, sino una necesidad imperiosa para
poder participar en el juego del mercado. En un mundo donde cada día hay menos
espacio para el error, el just-in-time tiene la capacidad de mostrarnos los
mismos, como así también capacitarnos y dotándonos de las herramientas e
instrumentos necesarios para prevenirlos y superarlos.
10. Bibliografía:
Administración
con el Método Japonés – Agustín
Cárdenas – CECSA –1993
El
Sistema de Producción Toyota – Yasuhiro
Monden – Ediciones Macchi – 1993
Como
implantar en Occidente los métodos japoneses de Gerencia
– Kazuo Murata y Alan Harrison – Legis
– 1991
Alianzas
empresariales para la Mejora Continua
– Charles Poirier y William Houser – Panorama
– 1994
Kaizen
– Detección, prevención y eliminación de desperdicios
– Mauricio Lefcovich – www.gestiopolis.com
- 2004
Administración,
Productividad y Cambio – Robert
Bell y John Burnham – CECSA – 1995
Autor:
Mauricio Lefcovich
Consultor
en Administración de Operaciones
E-mail:
mlefcovich@hotmail.com