Índice
1.
Introducción
2.
Causas de resistencia al cambio
3.
Analizando las principales causas
4.
Cómo evitar la resistencia al cambio
5.
El modelo de los ocho factores
6.
La pirámide de resistencia
7.
Conclusiones
8.
Bibliografía
1.
Introducción
Para un sabio
chino, la rigidez denotaba la muerte y la flexibilidad implicaba vida. Así pues
si las personas y las organizaciones pretenden sobrevivir a estos nuevos tiempos
y circunstancias, tendrán que ser cada vez más flexibles.
Las
organizaciones deben estar en condiciones de adaptarse al entorno cambiante si
pretenden sobrevivir. Los cambios en la tecnología, los gustos de los
consumidores, los reglamentos del gobierno, el incremento en el coste de
diversos recursos, y los valores y capacidades de los futuros empleados, no son
sino algunas de las amenazas para la existencia organizacional.
De acuerdo con
Alvin Tofler, si los últimos 50.000 años de existencia humana se dividieran en
lapsos de vida de aproximadamente 62 años cada uno, habría habido unos 800 períodos
de vida. De éstos, 650 se habrían pasado en las cavernas; la electricidad se
habría usado durando dos vidas; el petróleo se habría usado sólo en la
presente vida; y la computadora, por supuesto, se habría usado en menos de la
mitad del lapso de vida más reciente.
Los efectos de
tal ritmo de cambio es que la mayor parte de las empresas se encuentran con que
tienen que emprender cambios organizacionales moderados por lo menos una vez al
año y cambios mayores cada cuatro o cinco años. A pesar de esa imperiosa
necesidad, la reorganización es temida normalmente porque significa una
alteración del status quo, dando lugar a un diferimiento en su aplicación, con
la consecuente pérdida de efectividad e incremento en los costes.
El proceso de
adaptación a los acontecimientos externos genera tensión con respecto al
reajuste interno. Con bastante regularidad, los integrantes de una organización
pondrán objeciones a los cambios emprendidos o propuestos: ellos o muchos de
ellos, pueden rehusarse por completo a cooperar; pueden desentenderse de los
cambios pretendidos; pueden seguir la letra pero no el espíritu de la nuevas
reglas, “haciendo las cosas como es debido” mientras que deliberadamente
permiten que se cometan errores; o pueden acceder pero con profundo estado de
resentimiento. Este tipo de reacciones son propias de lo que se da en llamar
“la resistencia al cambio”. Al combinarse las variables que configuran el
comportamiento psicológico y político de los miembros de las organizaciones
con el cambio organizativo surge inmediatamente el fenómeno de la resistencia
al cambio. La resistencia al cambio se define como la reacción negativa que
ejercen los individuos o los grupos que pertenecen a una organización ante la
modificación de algunos parámetros del sistema organizativo.
El tipo de
reacciones variarán entre las distintas personas: algunas pueden manifestarse
neutrales o indiferentes, en tanto que otras serán entusiastas. Lo cual nos
permite afirmar que el cambio genera consternación en algunas personas,
indignación en otras, un shock en otras más, y esperanza en unas cuantas.
Nicolás
Maquiavelo en el Siglo XVI escribió: “Se debe tener en cuenta que no hay
nada más difícil de llevar a cabo, ni de éxito más dudoso, ni más peligroso
de manejar, que iniciar un nuevo orden de las cosas”.
2.
Causas de resistencia al cambio
No comprender la
resistencia al cambio es posiblemente la más importante de todas las trampas
existentes en un proceso de cambio. La resistencia al cambio se encuentra en
todos los niveles de una organización. La falta de entendimiento de esto en el
mejor de los casos lleva a la frustración y en el peor de los casos a
comportamientos disfuncionales, esto es, a acciones en contra del cambio, de los
iniciadores del cambio y de la propia organización. La comprensión de la
resistencia al cambio y el trabajo con ésta y no contra ésta, ayuda en gran
medida a limar las asperezas del proceso de cambio. El entendimiento de la
resistencia también ayuda en el desarrollo de un buen plan de comunicación.
Los factores
motivantes de la resistencia al cambio no responden a una simple relación de
causa-efecto, siendo en la mayoría de los casos generados por una compleja
interrelación de diversos factores, entre los cuales podemos enumerar los
siguientes:
1.
Miedo a lo desconocido.
2.
Falta de información - Desinformación
3.
Factores históricos.
4.
Amenazas al estatus.
5.
Amenazas a los expertos o al poder.
6.
Amenazas al pago y otros beneficios.
7.
Clima de baja confianza organizativa.
8.
Reducción en la interacción social.
9.
Miedo al fracaso.
10.
Resistencia a experimentar.
11.
Poca flexibilidad organizativa.
12.
Aumento de las responsabilidades laborales.
13.
Disminución en las responsabilidades laborales.
14.
Temor a no poder aprender las nuevas destrezas requeridas.
De la misma
forma que la física demuestra que el movimiento de un cuerpo genera un
movimiento de sentido inverso en los cuerpos asentados sobre el que está en
movimiento, muchos especialistas en comportamiento organizacional consideran que
cualquier cambio genera una reacción contraria como si fuera una parte
inherente al proceso de evolución organizativa. Pero cabe apuntar que las
organizaciones y las personas no se comportan de forma tan previsible como lo
hacen los cuerpos físicos.
Así, el grado
de resistencia al cambio depende del tipo de cambio y de la información de que
se disponga. Las personas no presentan resistencia ante el cambio, sino ante la
pérdida o la posibilidad de pérdida.
3.
Analizando las principales causas
§
Falta o escasez de información. La
carencia de información necesaria es uno de los elementos más importantes que
provocan la resistencia al cambio. La resistencia se presenta esencialmente de
dos formas: sistémica y de comportamiento. La resistencia sistémica proviene
de la falta de conocimientos adecuados, información, habilidad y capacidad
directiva. La información resulta imprescindible a los efectos de suavizar el
proceso paralelo a cualquier cambio que es la sustitución de lo conocido por la
ambigüedad o la incertidumbre. Cabe al respecto preguntarse acerca de la razón
o motivo por el cual la información no circula correctamente, siendo la
respuesta: el estilo de dirección. Distribuir información trascendental para
el desarrollo organizacional es un elemento que motiva y satisface al personal.
Hacer lo contrario genera una gran tensión en los empleados. Si resulta
fundamental la correcta gestión de la información en momentos de calma, mucho
más importante y trascendente resulta ello en momento de cambios y
turbulencias.
§
Factores históricos.
Con ello estamos haciendo referencia a la experiencia pasada por parte de los
empleados, las cuales inciden en las respuestas presentes y futuras que ellos
dan ante cambios propuestos y planificación por la dirección.
§
La amenaza al estatus y al status quo. Ambas
sensaciones se deben a la resistencia a modificar los esquemas aceptados de
interacciones, valores, costumbres y normas. Cualquier cambio capaz de alterar
las actividades desarrolladas o la forma en que se desarrollen provoca, además,
un cambio en el esquema de las interacciones. Un nuevo método de trabajo o una
nueva máquina, una modificación en la disposición de la oficina, una
distribución diferente de las funciones, influyen por fuerza sobre las
relaciones surgidas y establecidas entre las distintas personas. Otro elemento
es el tiempo de antigüedad del modelo que se quiere cambiar, así como el
tiempo que llevan las personas objeto de cambio en sus respectivos puestos de
trabajo. El cambio representa una amenaza para el status quo conquistado. Cuanto
más haya invertido una persona en el sistema actual, mayor resistencia mostrará
hacia un cambio.
§
Amenaza al poder. De
igual forma que en el caso de la amenaza al estatus, también existe una amenaza
al sistema de relaciones de poder. En las organizaciones hay un tejido informal
muy complejo diseñado a partir del grado de poder que poseen los distintos
actores o componentes de la organización. Un cambio organizativo rompe este
tejido y abre un mundo de posibilidades que para muchos actores son temibles, ya
que les puede significar una pérdida de poder. En términos de poder, con un
cambio organizativo, unos ganan y otros pierden; de esta forma, la resistencia
partiría del grupo que ve amenazada sus posiciones. Si el cambio viene
impulsado unilateralmente por la dirección, los actores más poderosos de la
organización informal se enfrentarán al mismo. Si el impulso proviene de los
actores que dominan la organización informal, la resistencia será la bandera
de los actores con poder formal que no desean la consolidación de la organización
de facto.
§
Deficiente clima organizativo. Cuanto
más negativo sea el clima organizacional vigente, más difícil será conducir
una organización de un modelo a otro. En esta situación los empleados harán
todo lo posible para que el cambio fracase, o bien tratarán de modificar
sensiblemente la orientación del mismo.
§
Miedo al fracaso y resistencia a
experimentar. Ciertos empleados por causas tales como su
edad, formación y conocimientos se resisten al cambio porque temen no estar a
la altura de las circunstancias. El miedo al fracaso y/o la resistencia a
experimentar es mayor cuando los que resisten son los directivos, ocupen éstos
posiciones altas o intermedias. Debe tenerse en cuenta que las personas que más
invierten y se juegan ante un cambio organizativo son los jefes de unidad o de
departamento, pues el fracaso del nuevo será su fracaso, razón por la cual
tratan de evitar el riesgo.
§
Escasa flexibilidad organizativa. Existe
una resistencia más abstracta de carácter institucional, pues la dificultad de
conseguir el cambio se agudiza al considerar el hecho de que todas las
organizaciones tienden a mantener cierta estabilidad o inmutabilidad y, para
ello, se dotan de normas, reglas, códigos, pautas de conducta y redes de
relaciones internas entre otras.
4.
Cómo evitar la resistencia al cambio
Durante el
proceso de cambio organizativo la resistencia al cambio puede darse en
diferentes momentos:
§
Durante el proceso de diseño del cambio.
§
Durante el proceso de decisión en el que se
escoge el nuevo sistema organizativo.
§
Durante el proceso de implementación del cambio
organizativo.
El principal
objetivo que persigue el estudio de las causas y los efectos de la resistencia
al cambio consiste en encontrar los mecanismos para eliminar o reducir esta
actitud organizativa.
Las dos medidas
que permiten superar el cambio son: hacer un diagnóstico profundo sobre los
actores que se resisten al cambio y los motivos que les inducen a ello e,
impulsar el cambio de forma transparente, informando e implicando a los
distintos sectores de la organización.
Primero debe
analizarse las reacciones que genera el cambio propuesto, ya que para producir
cambios efectivos es necesario pulsar el clima de la organización, sus
conductas y las causas que las motivan, así como preparar a la misma para la
percepción de los cambios y las finalidades que se persiguen con los mismos. La
resistencia se puede utilizar como indicador de qué la provoca. Será muy útil
como síntoma, si se diagnostica la causa que la provoca cuando está
ocurriendo, y no inhibirla de inmediato. Es decir, no se trata sólo de
identificar el tipo de resistencia y combatirla sino de analizar las causas que
originan esta resistencia. Conocer las causas generadoras no sólo permitirá
diseñar estrategias para superarla, sino también, al mejorar el conocimiento
de la organización será factible llegar tanto a un diagnóstico como a
propuestas más amplias y profundas.
El impulsor del
cambio deberá tener reservadas un conjunto de contraprestaciones o
gratificaciones destinadas a ser utilizadas como moneda de cambio en sus
relaciones con los distintos sectores en trance de modificación. Ello
constituye una cuestión fundamental para los grupos que pierden posiciones con
el cambio. Un cambio organizativo tiene como resultado ganadores y perdedores,
siendo por ello esencial contar con los elementos destinados a negociar
contraprestaciones con los perdedores.
La estrategia es
sencilla: se trata de que a la vez que se impulsa el cambio organizativo,
proponer una serie de mejoras en las condiciones de trabajo de los empleados. El
hecho de que en muchas organizaciones la situación de estas variables sea muy
precaria ayuda mucho en el desarrollo de esta estrategia. Ningún empleado se va
a oponer si se le mejora el contenido del trabajo (básicamente reducir la
rutina), si se le facilita el acceso a cursos de reciclaje y de
perfeccionamiento, si se le abren pequeñas vías de promoción, si se cambia
positivamente el estilo de liderazgo, si mejoran las condiciones ergonómicas o
si se eleva sus estatus con respecto al de los empleados del resto de las
unidades de la organización. Se trata de medidas que son fáciles de asumir por
parte de la empresa, las cuales contribuyen a mejorar los niveles de motivación,
satisfacción y conducta de los empleados y que amortiguan el choque que produce
el cambio organizativo. Así pues, cuanto más pierden los empleados con el
nuevo modelo organizacional, más habrá que acentuar las ofertas de mejora de
sus condiciones de trabajo.
La otra cuestión
crucial para conseguir vencer la resistencia al cambio consiste en generar y
elevar los niveles de transparencia, información y el grado de participación e
implicación de los empleados en el proceso de cambio.
Mediante la
información se consigue que los empleados entiendan los motivos del cambio y,
por lo tanto, se reduzca la resistencia. Esta táctica supone, básicamente, que
la causa de la resistencia radica en una información errónea o en una mala
comunicación: si a los empleados se les suministra información correcta y se
disipan los malos entendidos, la resistencia desaparecerá.
Pero es con la
estrategia de la participación cuando los avances serán más notables, ya que
es difícil que una persona se resista a una decisión de cambio en la cual ha
participado activamente. Así pues, antes de proceder a la realización de un
cambio, conviene que los que se oponen al mismo participen en el proceso
decisorio. Normalmente, sus intervenciones atenuarán la resistencia, logrando
su aceptación, logrando además mejorar la calidad de las decisiones.
5.
El modelo de los ocho factores
Este modelo
comprende ocho factores que debidamente armonizados permiten generar un óptimo
y exitoso cambio organizacional.
§
Necesidad sentida.
La existencia de tensión o malestar internos –o sea, una necesidad sentida-
es una condición previa para el cambio de sistemas humanos a cualquier nivel de
análisis (intrapersonal, interpersonal, organizacional). Cuando no existe
malestar, no hay problema; donde no hay problema, no hay acción. Resulta claro
que el tiempo óptimo para intervenir en un entorno organizacional es cuando
existe tensión suficiente en el sistema para motivar a los miembros a buscar métodos
o soluciones opcionales. Ante la ausencia de una necesidad sentida, los miembros
de la organización deben ser informados acerca de los problemas existentes, y
deben hacerse resaltar los costos de no cambiar. Además, si es posible, se
puede ejercer mayor presión para el cambio partiendo de fuentes externas.
Inicialmente, los cambios deben centrarse en torno de problemas y deficiencias
visibles, las que son evidentes para casi todos los que participan en la
organización. Es importante que la necesidad sentida se extienda a aquellos
directivos que deben autorizar la utilización de los recursos requeridos para
emprender el programa de cambio.
§
Apoyo visible de la alta dirección. Pocas
ideas son aceptadas tan ampliamente como la noción de que el apoyo visible de
la dirección general es fundamental para la consecución exitosa del cambio
planeado. El apoyo de una dirección general respetada y confiable aumenta la
confianza de los miembros de la organización en que un cambio propuesto será
exitoso. El apoyo visible de la dirección general es necesario para vencer la
inercia y el miedo de fracasar que cunde en los mandos medios de muchas
organizaciones. Los mandos medios reciben a menudo los cambios propuestos con
precaución, pasividad y escepticismo. La dirección general debe proporcionar
el apoyo entusiasta y el compromiso necesario para nutrir un esfuerzo incipiente
de cambio. Para que un programa de cambio sea efectivo es muy importante que la
dirección general manifieste un fuerte compromiso por el cambio, tanto con
palabras como con hechos. Un programa de cambio necesita como patrocinadores a
los gerentes de aquellos departamentos que se vean más directamente afectados.
§
Clarificación gradual.
Los cambios organizacionales amenazan la naturaleza, y aun la existencia, de un
intercambio del empleado con la organización. En consecuencia, al oír hablar
de un cambio inminente, es probable que la persona considere en qué forma
afectará dicho cambio a su situación laboral (y no laboral). La cuestión
fundamental para los miembros de la organización es “¿Qué significa esto
para mí? ¿Me irá mejor?”. Por supuesto, es probable que venga a la
mente de la persona un número casi ilimitado de preguntas específicas: si se
necesitarán nuevas capacidades y, de ser así, qué cantidad de tiempo y energía
se precisará para adquirirlas; si afectará el cambio las perspectivas de
ascenso del supervisor; si se verá alterada la influencia o la composición del
grupo de trabajo de la persona; y así sucesivamente. En vista de los numerosos
interrogantes que los empleados desearán que se les resuelvan, los directivos
deben proporcionar información anticipada acerca del cambio que se planea y
deben comunicarse frecuente y plenamente. Aunque la información inicial debe
ser de tipo general, la misma debe ir aclarando gradualmente las características
específicas del cambio.
§
Instrumentación y apoyo.
Un paso que minimiza la resistencia al cambio es ayudar a los empleados a
adquirir las nuevas habilidades requeridas. Para ello es esencial proporcionar
instrucción o capacitación formal, conjuntamente con tiempo y energía
equivalente; así se le suministrará más tiempo e indulgencia al tiempo que
aprende y se amolda a los nuevos requerimientos. Los directivos también pueden
proporcionar apoyo emocional escuchando con empatía, reconociendo los
sentimientos de un empleado, y siendo paciente. Tales acciones permiten que
algunos problemas aparentemente grandes se disipen con el paso del tiempo. La
introducción gradual de los cambios contribuye a facilitar la aceptación. “Cambio
masivo, ansiedad masiva, resistencia masiva”. Por lo tanto, los directivos
deben intentar introducir los cambios por etapas, maximizando la estabilidad en
torno a cada fase temporal del proceso de cambio.
§
Modificación de los subsistemas
componentes. Las organizaciones son sistemas que tienden al
equilibrio. Los mecanismos de adaptación y conservación tienden a producir que
se “borren” los pequeños cambios, produciendo un estado constante. Más aún,
la inercia suele persistir aun si las prácticas del pasado no han demostrado
ser particularmente exitosas. Algunas veces las organizaciones se ven atrapadas
en sistemas de creencias y prácticas que ya no son soluciones adecuadas a los
problemas; irónicamente, las soluciones inefectivas son las seguidas más
estrechamente en tiempo de adversidad. En otras palabras, las organizaciones se
comportan con frecuencia en forma neurótica. Se deduce conceptualmente, que es
más probable que los cambios que se intentan en las organizaciones prosperen si
comprenden varios subsistemas relevantes en lugar de uno sólo. De
tal modo, en la medida en que ocurran los cambios apropiados en cuanto a las
características organizacionales, laborales e individuales, es más probable
que los cambios demuestren ser efectivos. En un sentido más amplio, los
programas de cambio que modifican sólo características estructurales
(organizacionales) o sólo características tecnológicas (laborales) son
generalmente menos efectivos que los que modifican tanto la estructura como la
tecnología.
§
Aumento de la autoestima. Las
reacciones ante el cambio, y la efectividad de los esfuerzos de cambio, tienden
a ser favorables en la medida que los cambios eleven el sentido de autoestima de
los empleados. Puede afectarse la autoestima de los empleados por la forma en
que se introduce el cambio.
§
Participación.
La participación de los empleados en el proceso de cambio mejora las reacciones
ante el mismo y la efectividad de los esfuerzos de cambio planeado. La
participación en las decisiones aumenta de manera pronunciada la aceptación de
las decisiones. El proceso de participación afecta las actitudes solamente de
aquellos que son consultados activamente; los que quedan fuera del proceso
aparentemente no son influenciados.
§
Presentación de los beneficios del
intercambio. Los miembros de las organizaciones son muy
sensibles a las posibles consecuencias adversas que provienen de los cambios. A
veces, es por tal motivo necesario que los gerentes proporcionen prestaciones
adicionales a los empleados para facilitar la aceptación de los cambios
pretendidos. Resulta claro que la presentación de los beneficios del
intercambio es particularmente apropiada cuando vaya a haber una pérdida
significativa (de cualquier clase) para los empleados como producto de un cambio
y cuando los empleados tienen el poder para impedir o evitar que el cambio tenga
éxito. Sin embargo, aunque el uso de “endulzadores” es una forma fácil de
reducir la resistencia, puede ser sumamente costoso: “Una vez que un gerente
deja ver que él negociará para evitar una resistencia mayor, él mismo se abre
a la probabilidad de un chantaje”.
6.
La pirámide de resistencia
El diseño de la
pirámide de la resistencia esta basado en la jerarquía de resistencias
desarrollada por Nieder y Zimmerman en la Universidad de Bremen, Alemania. Al
igual que la pirámide de necesidades de Maslow, la pirámide de la resistencia
es una sucesión de niveles, en este caso, niveles de resistencia. La satisfacción
de un nivel reduce la resistencia del siguiente. Por ejemplo, cuando respondemos
a la necesidad de saber de las personas, éstas se vuelven más abiertas al
aprendizaje de nuevas habilidades y destrezas relacionadas con el cambio. Y una
vez han adquirido las nuevas habilidades, tendrán la confianza necesaria para
superar la falta de voluntad de cambio.
Basándonos en
el concepto de la pirámide de la resistencia, lo que la gente necesita en
primer lugar es conocimiento. Puede proporcionarse conocimiento con información
sobre el proceso de cambio. La información debería basarse en lo que los
directivos y los empleados quieren saber. La gente normalmente quiere las
respuestas a las preguntas más simples: ¿Qué está ocurriendo?, ¿Por qué
estamos haciendo esto?, ¿Cómo se va a hacer?, ¿Cuándo va a hacerse? y ¿A
quién le va a afectar? Contestando estas preguntas a las personas en cada fase
del proceso de cambio les ayudará a pasar al siguiente nivel de la pirámide.
El segundo nivel
de la pirámide –la capacidad- es tratado con formación y entrenamiento. Para
cambiar, las personas suelen necesitar nuevas capacidades. Estas nuevas
capacidades incluyen desde operar con nuevos equipos o sistemas, hasta pasar de
trabajar solo a hacerlo en equipo, o seguir procedimientos revisados. La dirección
a menudo necesita nuevas habilidades para crear equipos y fomentar el trabajo en
equipo, para “entrenar” a los empleados y proveerles así de nuevas
habilidades y para aplicar nuevos procedimientos. Al tener la capacidad de las
personas un profundo impacto sobre la disposición de éstas para realizar
nuevas actividades y para cambiar, la formación se convierte en parte
fundamental del proceso de cambio.
El deseo de
cambio se sitúa en el nivel más alto de la pirámide. La adquisición de
conocimientos en los niveles más bajos y la capacitación en los niveles
intermedios ayudará a las personas a tener un mayor deseo de cambio. En
cualquier caso, hay otros factores que también deberían ser tratados. Como ya
se dijo, la implicación de la alta dirección en el proceso de comunicación
envía señales a toda la organización sobre la prioridad del cambio. Además,
cuanto más se comuniquen los beneficios personales del cambio más se consigue
afectar los egos de las personas y en mayor medida animamos su deseo de cambio.
Finalmente, el
deseo de cambio puede aumentarse por diversas acciones específicas: 1) El
establecimiento de objetivos de desempeño individuales y de equipo que estén
en línea con los cambios que se quieren conseguir, 2) la medida de las personas
respecto a éstos objetivos, 3) el establecimiento de mecanismos eficaces de
coaching y de feedback en dos sentidos y 4) el reconocimiento y la recompensa de
las personas por conseguir los objetivos e implantar los cambios.
7.
Conclusiones
Los rápidos
cambios que se están dando en todos los órdenes llevan a la imperiosa
necesidad por parte de las empresas de movilizarse en la dirección de los
cambios apropiados destinados a superar la brecha existente entre su posición y
aquella que urgentemente demanda el mercado y las circunstancias.
Toda empresa
basa su potencial fundamentalmente en su cultura, y como a la cultura la hacen
las personas que integran la organización, resulta clave generar los cambios de
conducta relevantes que permitan provocar la evolución. Para ello es de crítica
importancia vencer la resistencia al cambio. Lograr vencerla depende de manera
de comprender y gestionar el cambio de paradigmas en los integrantes de la
organización, sean estos directivos, supervisores y personal.
Pretender
realizar los cambios a nivel tecnológico, sin antes comprender la naturaleza
humana y su fuerte resistencia a conservar el status quo, no sólo traerá como
consecuencia el fracaso, sino además poner en peligro la competitividad y la
continuidad misma de la organización como tal.
Volcarse por la
reingeniería de procesos o negocios, tratar de implantar nuevos sistemas de
gestión como el “just in time” o producción magra, sin antes considerar la
cara humana del cambio es ir directo al fracaso.
8.
Bibliografía
La cara humana
del cambio – Timothy Galpin – Editado por Díaz de Santos y Watson Wyatt –
1998
Estrategias de
Capital Humano – Gratton – Prentice Hall – 2001
La mente en las
relaciones humanas – Custer – Editorial CECSA – 1996
Comportamiento
humano en el trabajo – Davis y Newstrom – McGraw Hill – 2003
Autor
Mauricio
Lefcovich
Consultor en
Administración de Operaciones
E-mail
mlefcovich@hotmail.com